Diez años sin Muriel Casals, el artífice de la "revolución de las sonrisas"
Òmnium recuerda con un homenaje a la que fue su presidenta entre el 2010 y el 2015, antes de fichar por Junts pel Sí
BarcelonaHace diez años que el soberanismo añora a Muriel Casals, economista y activista independentista que, al frente de Òmnium Cultural, se convirtió en uno de los símbolos del Proceso. Casals no llegó a ver el 1-O porque murió más de un año antes en un accidente al chocar con una bicicleta, pero su liderazgo fue clave en los acontecimientos que fueron la antesala, desde la consulta del 9-N hasta la lista de Junts pel Sí, de la que formó parte. Coincidiendo con los 10 años de su muerte, su figura ha sido reivindicada este martes en un homenaje organizado por la entidad que presidió entre 2010 y 2015, que ha contado con la presencia de familiares del activista y de numerosos políticos como el presidente del Parlament, Josep Rull, los expresidentes Quim Torra y los expresidentes Quim Torra diputado de ERC Juli Fernàndez y el presidente de la ANC, Lluís Llach.
"Fue capaz de ver más lejos", ha defendido el presidente de la entidad soberanista, Xavier Antich, quien ha señalado "la importancia de la esperanza", como transmitió Casals, también ahora "en un momento en el que todo invita al contrario". "Muriel nos enseñó que el único futuro que tenemos como pueblo es el que seamos capaces de construir juntos, a partir de la diversidad que nos une", espetó.
Casals nació en Avinyó en 1945, hija de un soldado republicano exiliado y de una maestra francesa, que pronto se trasladaron a Sabadell. Sus primeros pasos en política los dio de la mano del PSUC y después a ICV, pero después viró hacia el soberanismo. Era profesora del departamento de economía e historia económica de la UAB, una formación que, según sus colaboradores, se notaba en su forma de trabajar, "analítica" y "reflexiva". Así lo recuerda Carme Forcadell, compañera de batalla de Muriel Casals en esa época en la que ambas se convirtieron en las caras visibles de la ANC y de Òmnium Cultural, respectivamente.
Forcadell y Casals se conocieron en Sabadell, pero no fue hasta que la que después sería presidenta del Parlament se puso al frente de la ANC que no empezaron a compartir reuniones y viajes. Forcadell recuerda especialmente a uno, en Bruselas, donde ambas iban a explicar a Europa que el 9 de noviembre del 2014 Catalunya votaría sobre la independencia en un referéndum. Justo antes del acto, recibieron una llamada del presidente Artur Mas, quien les explicaba que, finalmente, el 9-N sería "una consulta". De ese episodio la expresidenta del Parlament recuerda la "decepción" que supuso para ambas, que cancelaron una gira internacional que debían realizar por varios países de Europa para dar a conocer el referéndum frustrado. Sin embargo, Casals no desfalleció.
"La mejor de todos nosotros"
Al morir Casals, Mas la describió con un epíteto que acompaña a su recuerdo desde entonces: "Era la mejor de todos nosotros". "Muriel fue decisiva en momentos decisivos, y muy delicados. Cuando parecía que todo se iba al garete, se alzaba la voz serena y positiva, enérgica cuando era necesario, firme, de Muriel", escribió en un artículo en este diario. En conversación con el ARA, Forcadell resalta "lo fácil que era trabajar con ella", porque "lo tenía muy claro": "Hay muchas veces que he pensado «¿Qué haría Muriel?» He pensado muchas veces", dice, en referencia al 1-O y todo lo que vino después. Su liderazgo fue clave para que Òmnium Cultural accediera a sumarse a la aventura de Junts pel Sí, que se veía con suspicacias desde la junta, pero que tenía el aval de las territoriales. Casals siempre estuvo a favor y, de hecho, hizo todo lo posible para que la CUP subiera al carro. Aquello también fue otra decepción.
Completaba la tríada de las entidades independentistas la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), liderada entonces por Josep Maria Vila de Abadal. Como el resto de personas que trabajaron con Casals, Vila d'Abadal destaca su vocación por encontrar fórmulas de unidad entre los partidos independentistas y la sociedad civil. "Tenía muy claro que si no íbamos juntos no saldríamos adelante", subraya. Pero, por si la cosa no iba bien, Casals quiso defender que las entidades debían convertirse en reservorio de la lucha por la lengua y la cultura catalanas y fortalecerse.
"Con ella, Òmnium dio un salto", subraya el historiador y presidente de la fundación Congrés de Cultura Catalana, Agustí Alcoberro. Ambos se conocieron cuando Alcoberro era director del Museo de Historia de Cataluña y se puso en contacto con Òmnium para rescatar y preservar la pancarta de la manifestación del 2010:"Somos una nación, nosotros decidimos". Ya entonces, cree Alcoberro, Casals era consciente del camino que la sociedad catalana había iniciado, y que sería el preludio de las grandes manifestaciones del Proceso, empezando por la del 2012.
La serenidad de Casals, su predisposición al diálogo o su preparación intelectual son otras características que destacan aquellos. Entre ellos se encuentra el expresidente de la Generalitat Quim Torra, que escribiría en homenaje a ella el libro Muriel Casals y la revolución de las sonrisas,donderecoge uno de los términos más repetidos durante el Proceso, y del que ella fue artífice. "Bajo una apariencia frágil y unas formas exquisitas, se escondía un espíritu tenaz, no era la sonrisa de la revolución, sino la revolucionaria que sonreía", destaca. Los años que trabajó con ella en Òmnium mientras dirigía el Born, dice, fueron "de los mejores de su vida". Torra sucedió a Casals al frente de Òmnium como interino cuando ella fue elegida diputada por Junts pel Sí.