El Frente Amplio de Colau pierde una de sus dos 'sectas'
La coalición había anunciado la inclusión de dos formaciones que los expertos vinculan a dinámicas sectarias
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BarcelonaDesde hace días, el Frente Amplio y Podemos se reprochan mutuamente haber hecho fracasar la unidad de las izquierdas de cara al 29-N. La candidatura que lidera Ada Colau presume de haber reunido quince partidos diferentes dentro de sus siglas, aunque los cuatro partidos principales son los que han llevado la voz cantante: Comunes, Sumar, Más Madrid e Izquierda Unida (IU). Ahora serán catorce, según ha podido confirmar el ARA, porque se desmarca del Frente Amplio una de las dos sectas que se habían adherido. El Partido Humanista, fundado en 1984 bajo el paraguas de IU –y que salió dos años después entre acusaciones de sectarismo–, ha rechazado finalmente el ofrecimiento tras consultar a la militancia.
Recortes Cero es otro de los cinco partidos que el 16 de octubre se anunciaron como incorporaciones a la coalición de izquierdas, con la voluntad de “sumar sensibilidades en defensa de los servicios públicos, el derecho a la vivienda, el ecologismo, el pacifismo y el feminismo”. De nuevo, un partido que los expertos consideran una secta por sus dinámicas de captación y control coercitivo.
“Los casos concretos de la Unificación Comunista de España (ahora Recortes Cero) y del Partido Humanista son los casos de dos sectas que se hacen pasar por partidos políticos en su estrategia de captación, manipulación y adoctrinamiento”, afirma Luis Santamaría, investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), en declaraciones al ARA. Ahora bien, precisa que no se trata de formaciones convencionales que han desarrollado comportamientos sectarios, sino de organizaciones que, según él, adoptan la forma de un partido para ampliar su influencia.
Un líder incuestionable e influencia coercitiva
Para entender qué diferencia a una secta de una organización política con una estructura jerárquica, Miguel Perlado, psicólogo, experto en sectas y presidente de la European Society for Influence & Coercive Control in Groups (EUSIC), propone tres criterios: la existencia de un liderazgo autoproclamado e incuestionable, el uso de una influencia excesiva o coercitiva y la generación de un perjuicio para los miembros, sus familias o la sociedad. “La primera pieza importante es un liderazgo autoproclamado, grandioso, al cual se le debe rendir una devoción absoluta”, explica.
El segundo elemento es una influencia que va más allá de la que es habitual en cualquier grupo humano. No se trata de la adhesión a unas ideas o de la disciplina interna, sino de una dinámica que puede acabar generando dependencia y monopolizando la vida de los miembros. El tercer criterio es el daño que se deriva de ello, sea económico, personal o afectivo, incluyendo la ruptura de vínculos familiares.
Perlado advierte que "la línea es muy fina": no hay una frontera exacta entre una organización política convencional y una que presenta dinámicas sectarias. Una estructura piramidal, un liderazgo fuerte o la ausencia de primarias no constituyen, por sí solos, pruebas de coerción. Hay que examinar cómo funciona el grupo, qué margen tiene la militancia para cuestionar sus decisiones y qué consecuencias tiene la pertenencia a la organización.
De la Unificación Comunista al siloísmo
La Unificación Comunista de España (UCE), de origen maoísta, ha sido señalada como secta en bibliografía especializada desde los años ochenta, explica Santamaría. El investigador sostiene que la organización exige a sus seguidores una adhesión que supera ampliamente el compromiso político ordinario, y que utiliza técnicas de persuasión coercitiva. El segundo caso es el del Partido Humanista, que Santamaría vincula a La Comunidad, actualmente denominada La Comunidad para el Desarrollo Humano, una organización surgida en Argentina alrededor de Mario Rodríguez Cobos, conocido como Silo. Según el investigador, el partido es la entidad pantalla más reconocible de este movimiento. La relación entre ambas organizaciones ya generó controversia en 1986, cuando el Partido Humanista entró en Izquierda Unida y, meses después, salió de ella a petición de sus socios de coalición.
Fuentes del Partido Humanista explican que hubo negociaciones para concurrir conjuntamente en las listas con el Frente Amplio, ya que tienen "buena relación con algunos de sus integrantes". "Les hicimos llegar una carta en la que les animábamos a trabajar por una candidatura única de izquierdas. Recibimos la invitación a sumarnos el 15 de octubre por la noche, hicimos una consulta rápida entre la militancia y salió que no", explican fuentes de la formación. Aunque el Frente Amplio anunció que el Partido Humanista se integraba en la candidatura, no llegó a integrarse nunca.
La política como fuente de legitimidad
Perlado señala que la entrada en una coalición electoral puede aportar diversos beneficios a organizaciones con dinámicas sectarias: reforzar el relato interno, obtener legitimidad externa, establecer contactos y ampliar la capacidad de influencia. “Entrar en el escenario político, además de legitimar la narrativa propia hacia adentro y hacia afuera, posibilita la entrada en contacto con potenciales personas que te abrirán más puertas”, explica.
El psicólogo alerta de un contexto social que considera propicio para la extensión de estas dinámicas: la polarización y los discursos que simplifican la realidad en bandos opuestos. A raíz de la pandemia, observa una confluencia entre narrativas conspiracionistas, alternativas, ecologistas y vinculadas al movimiento Nueva Era con propuestas que buscan legitimidad política. Esto no significa, matiza, que necesariamente haya más sectas que antes, sino que se extiende una manera de pensar dicotómica que puede dificultar el diálogo y banalizar los riesgos.