La renuncia de Puente no lo arregla todo

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Óscar Puente.
07/11/2026 - 19:13 h

MadridEsta vez, los expertos en demoscopia son más prudentes que en 2023, pero la opinión mayoritaria es que, hoy por hoy, el PP y Vox pueden mantener la esperanza de una victoria lo suficientemente amplia para gobernar el próximo 29-N. Aun así, los altavoces de la izquierda no desfallecen y buscan intensamente un lugar al que aferrarse. Lo hacen con los argumentos habituales, como la capacidad de resistencia y supervivencia de Pedro Sánchez, pero sobre todo con la idea de que España no puede haber cambiado tanto y que la sensibilidad de centroizquierda sigue siendo mayoritaria. Son conscientes, en cualquier caso, de que esta vez no será suficiente con la subida de las pensiones y del salario mínimo como reclamo central del voto. Vivimos una precampaña recorrida por tragedias y a la vez acompañada de exabruptos y relámpagos. Todo pasa a una velocidad hipersónica, y casi cada día cambia el foco de atención principal.

La convocatoria electoral y la precampaña llegaron a raíz del desahucio de Maricarmen Abascal, trasladada en camilla aquel mismo 23 de septiembre al hospital, donde murió pocos días después, el 7 de octubre. Hubo una fuerte reacción social, mientras los dos decretos elaborados para intentar paliar los efectos de la falta de una política decidida sobre el derecho a la vivienda seguían sin posibilidades de ser aprobados en el Congreso. El problema sigue existiendo. Pero el mencionado foco de atención ha ido cambiando vertiginosamente, sobre todo por el accidente ferroviario de Urda.

Conversación entre Sánchez y Puente

La dimisión del ya exministro de Transportes, Óscar Puente, ha sido un gesto de dignidad, pero no sé si se habría producido sin unas elecciones a la vista. Él dijo el martes, en la diputación permanente del Congreso, que lo tenía decidido prácticamente desde el primer momento, aunque sus explicaciones anteriores no permitían suponerlo. El hecho es que Sánchez y Puente hablaron largamente de la cuestión durante el fin de semana. El presidente no le retiró la confianza, pero el mismo Puente era plenamente consciente del daño que su continuidad podía provocar en las expectativas electorales del PSOE. Por eso era inviable su permanencia en el gobierno. Sánchez ya sabía que dimitiría cuando comenzó el debate en el Congreso. El mensaje que le envió Puente cuando terminó la reunión en la cámara fue para comunicarle que la renuncia ya se había anunciado en la diputación permanente.

Una precampaña con estos dientes de sierra da argumentos a los que creen que hay muchos votos por decidir, que los indecisos son legión. Sinceramente, no lo creo. Siempre he pensado que el porcentaje de ciudadanos que tienen muy claro cuál será su voto es muy elevado, aunque no lo proclamen, ni siquiera cuando se miran al espejo. La decisión se puede haber decantado poco a poco, en función de las impresiones que se acumulan a lo largo de un período de gobierno, de una legislatura. Pero cuando se convocan unas elecciones generales hay una mayoría social que ya tiene claro quién le inspira cierta confianza y a quién no votará.

En este caso, además, la partida de cartas ha reunido alrededor de la mesa a un conjunto de jugadores entrenados y escaldados. Por eso las diferentes estrategias. Vox no respetó los días de luto por el accidente de Urda y continuó disparando su artillería contra Sánchez sin descanso. Pero hay días que deben trabajar en el subsuelo. Han llegado a la conclusión de que pasarán de los sesenta diputados por inercia, porque los lleva el viento de los enfadados de todo tipo y clase. Ya no hablan del PP como “la derecha cobarde”. No quieren girar mucho el bombo, pensando que así tienen más posibilidades de que les toque la lotería.

Un Congreso fragmentado

El PP, en cambio, lo centra todo en expulsar a Sánchez del poder. Su lema de campaña es sencillamente: “El cambio necesario”. ¿Para hacer qué? Eso es secundario. Lo importante es sacar de la Moncloa al líder socialista. Resulta curioso comprobar cómo pasa el tiempo y que el magnetismo del concepto de cambio no se acaba. En este caso se entiende mejor esta magia, porque el PSOE ha hecho un camino bien empedrado. Es aquello de hacer pasar el carro por el pedregal. Tres años –e iniciando el cuarto– sin presupuestos lo ponen de manifiesto. No sé si el bipartidismo se ha acabado para siempre. Pero seguramente los próximos años continuarán siendo los de un Congreso fragmentado, donde resultará difícil hacer planes a medio y largo plazo. Aunque el PP y Vox sumen más de 176 diputados y puedan formar gobierno, les costará mucho avanzar de común acuerdo. Aquí se puede repetir la historia del escorpión que acabó picando la espalda de la rana que lo transportaba para cruzar el río.

Me parece que para los años que vienen nos tendremos que acostumbrar a esquemas de gobierno con dificultades de estabilidad. Incluso si el PSOE llegara a ser la fuerza más votada, la división a su izquierda haría que resultara difícil sumar una mayoría suficiente. La reedición de un pacto de investidura como el de 2023 también se presentaría bien complicada. El PSOE no es un gran cumplidor de promesas. Con ERC –que va muy bien en las encuestas– podría haber una oportunidad. Pero tampoco será fácil que funcione la suma. Con Junts no se puede contar. Queda por ver cuándo y cómo puede volver Carles Puigdemont, con una amnistía que no acaba de llegar. Las encuestas no son favorables a los juntaires y no se descarta que Vox pueda superar al PP en Cataluña. Por su parte, el PNV sufre mucho, con el miedo en el cuerpo por la posibilidad de que Bildu se consolide como alternativa de la izquierda en el País Vasco.

Así se presentan las cosas cuando el escenario judicial se vuelve a agitar alrededor de Ábalos y Koldo por otros supuestos negocios irregulares, mientras la Fiscalía Europea se interesa por saber si se gastó bien el dinero de sus fondos destinados al mantenimiento de las vías del AVE en la línea Madrid-Sevilla. En paralelo, el mismo Koldo denuncia que el abogado del PP lo quiso comprar para que declarara contra Sánchez. Zapatero es el único que recibe buenas noticias judiciales, porque el juez rechaza la petición de la Fiscalía para ampliar el perímetro de las investigaciones y la imputación de un nuevo delito de malversación. Es obvio que Sánchez y el PSOE no lo tienen fácil para reequilibrar la partida con una campaña basada en la defensa de lo público y las políticas sociales.

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