Rufián y Montero hacen malabares en 'La revuelta'
BarcelonaEl martes por la noche, el dúo colaborativo de izquierdas formado por Gabriel Rufián e Irene Montero visitaban La revuelta. El programa de La1, donde Broncano violenta a sus invitados preguntando por sus relaciones sexuales del último mes, se encontró con dos candidatos que fueron más allá de sus cálculos habituales, convirtiendo el sexo en el ruido de fondo que atravesaba buena parte de la entrevista.
Llegaron cargados con una caja con obsequios pensados para futuros candidatos. Montero trajo unas rodilleras para Abascal y Feijoo, en alusión a su sumisión a Netanyahu y Trump. También puso una correa rosa de pelo suave para atar al perro de plástico que regaló Pedro Sánchez a Broncano la semana anterior. Era una correa más propia de juegos eróticos que para pasear a una bestia, y explicó que serviría para someter a los socialistas y que no se fueran demasiado hacia la derecha.
La sintonía entre Rufián y Montero funcionó mejor a medida que avanzaba la entrevista. Al principio parecía que se estorbaran un poco el uno al otro porque toda colaboración implica renunciar a un cierto protagonismo. Como el de ERC acaparaba un poco con su efectismo retórico y su necesidad de mostrarse ingenioso, más adelante supo lubricar la situación alabando a su pareja política. Recordó la época en que Montero sufría la soledad en el Congreso mientras era acosada a las puertas de su casa. Rufián, que tiene tendencia a presumir de visionario, hizo gala de su bondad explicando que él daba conversación a Montero cuando peor lo estaba pasando.
Broncano mejora en las entrevistas políticas, básicamente porque se las prepara. Preguntó por todo lo que era necesario y con una sencillez a la que a menudo los políticos no están acostumbrados. Incluso preguntó qué se había hecho de Errejón y si las acusaciones de acoso les sorprendieron. Al pedir propuestas para gestionar mejor la inmigración, los invitados recurrieron a discursos genéricos y se hicieron evidentes la falta de propuestas concretas. Es donde parecieron más inseguros.
En un programa donde el colegueo entre hombres es el secreto de su éxito, se notaba que el presentador tenía tendencia a dar más juego a Rufián. Le reprochó con ironía que parecía encontrarse muy cómodo en Madrid y su vínculo con ERC. “Los partidos no tienen que ser iglesias” respondió. “¿Tú sigues siendo independentista?” le preguntó Broncano. Y Rufián remarcó que en un referéndum de autodeterminación votaría que sí. “Pero yo te noto que ya menos, eh...” le insinuó el presentador. “Para nada, para nada...” aseguró.
En el tramo final, la pregunta de siempre sobre su frecuencia sexual se convirtió en el gran espectáculo. Montero reivindicó una puntuación con perspectiva de género que valorase mejor el sexo oral: “Cada vez es más difícil encontrar un tío que te coma bien el coño” denunció. Rufián preguntó cuántos puntos merecía “comer culo” y Broncano acabó hablando de “pollas”. Un juego de malabares para cerrar la entrevista que, obviamente, será el que correrá por las redes. Las miserias de la política.