"Ganemos el país y las encuestas", el llamamiento del valencianismo en un Nueve de Octubre preelectoral
Lorca alaba el 'statu quo' y evita reclamar más autogobierno mientras espera que Feijóo oficialice su candidatura
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Valencia"Hay partido", ha defendido la presidenta de Acció Cultural, Anna Oliver. "Soy optimista, con la dana ganamos la calle", ha añadido Gemma Pasqual, presidenta de la Societat Coral El Micalet. "En 2023 cierta gente se quedó en casa, esperamos que hayan aprendido la lección", ha concluido Antonio Royo, delegado de la Plataforma per la Llengua en la tradicional manifestación del Nueve de Octubre, la Diada del País Valenciano, que este año ha contado con una participación de 2.000 personas según la delegación del gobierno español y un lema claramente preelectoral: "Gana el país".
Si no se adelantan los comicios, en mayo del año que viene los valencianos tendrán que decidir si revalidan la mayoría del PP y Vox u optan por volver a un ejecutivo progresista. Esta encrucijada empieza a impregnarlo todo, y este año también la celebración del Nueve de Octubre, que ha estado marcada por la publicación de diferentes encuestas, entre las cuales las de los diarios Levante e El Mundo. En ambos casos, el PP y Vox retendrían el gobierno de la Generalitat, y los populares superarían el desgaste por su gestión de la dana. En el primero, el PP crecería un diputado, hasta los 41 representantes, Vox obtendría los mismos (13) y el PSPV ganaría tres y conseguiría 34. Compromís sería el gran perjudicado, ya que perdería cuatro y se quedaría en 11. Ahora bien, si los valencianistas se unieran a Sumar, Esquerra Unida y Podemos conseguirían 14 escaños, pero, aun así, no evitarían que el PP y Vox mantuvieran la mayoría absoluta. En cambio, El Mundo prevé un retroceso del PP, que pasaría de los 40 representantes a 33-36, y el PSPV bajaría de los actuales 31 a 23-25. Situación contraria a la de Compromís, que crecería de los 14 a 21-23. Vox también aumentaría, y pasaría de los 13 a los 16-18.
Buen lector de encuestas y consciente de que si nada se mueve demasiado él puede salir beneficiado, el jefe del Consell, Juanfran Pérez Llorca, ha optado por un discurso complaciente que no ha incluido ninguna reivindicación para fortalecer el autogobierno. Nada fuera del mínimo común denominador fijado durante los últimos años, sea con ejecutivos progresistas o conservadores, y, sobre todo, nada que haga enfadar al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que todavía no ha oficializado la candidatura de Llorca para revalidar el cargo. "Debemos reclamar una financiación justa, el agua que necesita nuestro campo, las infraestructuras que reclaman nuestras empresas; los recursos que necesitan nuestros municipios y las inversiones imprescindibles", ha enumerado, obviando que él rechazó los 3.669 millones más al año que suponía el acuerdo entre el PSOE y ERC para un nuevo modelo de financiación autonómica.
Para encontrar diferencias con las reivindicaciones de gobiernos progresistas como el encabezado hasta 2023 por Ximo Puig hay que fijarse en las referencias a la organización del Estado. Así, si el socialista solicitaba más autonomía y apostaba por una fórmula federal, el popular no ha pedido ningún cambio y se ha limitado a elogiar el actual statu quo. "Valencianos sin complejos, y no la sucursal de nadie; españoles sin dudas, y europeos sin reservas", por un lado, y que hay que trabajar "sin hacer ruido y sin pedir permiso", por el otro, han sido sus únicas palabras en este ámbito. En la misma línea, tampoco ha defendido ninguna medida que evite el continuo retroceso del uso del valenciano. "La lengua no pide más que la complicidad del afecto", ha afirmado, antes de citar otro lugar común: "Nuestras tradiciones no tienen propietarios: son de todos". Eso sí, el discurso ha sido pronunciado íntegramente en valenciano, a diferencia del bilingüismo por el cual apostaban sus predecesores, Carlos Mazón y Ximo Puig.
Protección de la acampada por el derecho a la vivienda
Al acabar el acto institucional en el Palacio de la Generalitat, los representantes públicos se han trasladado a las puertas del Ayuntamiento de Valencia para iniciar la tradicional procesión cívica. Este año la cita ha estado marcada por la tensión política generada en Ceuta y por el desahucio y la posterior muerte de Maricarmen Abascal. De hecho, un gran despliegue policial ha rodeado la acampada por el derecho a la vivienda, situada en la plaza del Ayuntamiento de Valencia. El dispositivo ha protegido a los acampados de las agresiones de los grupos ultras que desde la Transición habitualmente participan en la procesión cívica y que en otras ocasiones se han beneficiado de una menor presencia policial o de su pasividad.