El poder del 'latin lover': ¿por qué Julio Iglesias es una figura tan importante para la derecha?

BarcelonaJulio Iglesias, además de ser un renombrado artista internacional, no es una figura ideológicamente neutra. El 29 de febrero de 1996, cuatro días antes de las elecciones generales, el cantante compareció junto a José María Aznar en una plaza de toros de Zaragoza llena hasta los topes que le recibió con euforia. Allí Iglesias explicó que había decidido dar el paso de mojarse políticamente por primera vez porque "un país nunca crece si no tiene un cambio", dijo en referencia a los trece años que llevaba España gobernada por Felipe González. "¡No habrá un mejor presidente para España que José María Aznar!", proclamó tras explicar que había tenido largas conversaciones con el líder del PP antes de dar el paso.

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Horas después el mismo día, Iglesias acompañó a Aznar al macromitin que se hizo en el estadio de Mestalla, en Valencia, frente a más de 60.000 personas, aún hoy el récord de asistencia a un acto de campaña desde la República.

Ahora damos un salto hasta el 28 de junio de 2023, también poco antes de unas elecciones generales. Ese día el candidato popular, Alberto Núñez Feijóo, acudió al programa El hormiguero de Antena 3 y explicó que unos días antes había hablado con Julio Iglesias y le dijo que estaba especialmente preocupado por la cuestión del agua. Entonces explicó que tenían relación y que había recibido sus consejos de cara al programa. Curiosamente, un par de años antes, el 9 de noviembre de 2021, quien había ido a El hormiguero había sido Isabel Díaz Ayuso, y allí había soltado la siguiente frase: "Julio Iglesias es mi otro rey".

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Por tanto, queda claro que Julio Iglesias es una figura fuertemente ligada al PP. El caso del cantante recuerda también el del tenor Plácido Domingo, que también fue objeto de denuncias por parte de una veintena de compañeras de trabajo y recibió un apoyo total y absoluto por parte de la derecha y el establishment madrileño. El 9 de junio del 2021, en su reaparición pública en los escenarios españoles tras el escándalo, los 1.600 asistentes al Teatro Real le recibieron con ovaciones y aplausos. ¿Quién estaba ese día en el Teatro Real? Obviamente, Isabel Díaz Ayuso. Tiempo después el PP, Vox y Cs votarían en contra de retirarle el título de hijo predilecto de Madrid.

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Tanto Iglesias como Domingo, aparte de tener ideas conservadoras, son estandartes de españolidad y modelos de masculinidad para la derecha más rancia del Estado. Sobre todo en el caso de Julio Iglesias, que representa el arquetipo de latin lover que tanto fascina en el mundo anglosajón. Defenderlos no es defender a unas personas concretas, sino a una determinada visión de España y de la vida. Cuando Díaz Ayuso defiende a Iglesias, lo que hace es plantear la cuestión como una batalla más de la guerra cultural entre la izquierda y la derecha, al más puro estilo trumpista. Que Feijóo sea más prudente responde simplemente a que el político gallego es todavía de la vieja escuela y le cuesta entrar en el paradigma de la guerra cultural. Pero tiene las que perder frente a Ayuso, porque ahora toda la política es ya guerra cultural.