Madrid, ciudad de paz y de protesta

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Manifestación en Madrid en homenaje a Maricarmen, la mujer de 87 años desahuciada que murió pocos días después, el 8 de octubre de 2026.
10/10/2026 - 14:04 h

MadridNadie podría decir ahora con seguridad ni siquiera qué participación habrá en las elecciones generales del próximo 29 de noviembre, pero si en el conjunto de España hay la mitad del interés que reina en el interior de la M-30 de Madrid, será bastante elevada. La que se presenta como la madre de todas las campañas ha tenido un inicio inesperado, a raíz de las reacciones ante el desahucio de Maricarmen Abascal y su muerte el miércoles. El PSOE tiene puestas todas las esperanzas en la movilización que se ha puesto en marcha a raíz de estos hechos. Los socialistas son maestros en el manejo de los climas emocionales, pero en este caso ni siquiera hace falta. La reacción por el caso Maricarmen ha sido bastante espontánea porque había mucha frustración acumulada por el problema de la vivienda. Algún día tenía que explotar y lo ha hecho ahora, cosa que ha dado una oportunidad a Pedro Sánchez para intentar vencer todas las previsiones.

El PP, en cambio, se ve ganador porque se quiere creer las encuestas, que le dan un amplio margen para formar gobierno cogido de la mano de Vox. No obstante, se nota que los populares no van del todo tranquilos, vistos los antecedentes. Piensan que Pedro Sánchez ya ha resucitado más de una vez levantándose de su supuesta tumba política, y no descartan que la campaña se les complique. La falta de seguridad se nota en que cada día buscan cómo sacar la cabeza poniendo en cuestión la organización de la cita electoral, el voto por correo y lo que correspondería a los nacionalizados españoles por la ley de nietos.

Por otra parte, los populares solo han aceptado un debate cara a cara entre Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez. Sería mejor que hubiera dos, para tener una visión más amplia, con el partido de ida y el de vuelta. Dicen que estas citas no condicionan prácticamente ningún voto, pero yo creo que esta vez hay muchas razones para esperar que el debate entre los dos principales candidatos a la presidencia del gobierno español tenga mucho más interés que otras veces. En diversos aspectos España es una isla en un mar de países que han ofrecido menos resistencia al crecimiento de la extrema derecha. Esta vez lo que está en juego no es solo si Feijóo salva la cabeza y llega finalmente a la Moncloa, sino con qué fuerza lo hace. Es decir, hasta qué punto queda condicionado por Vox. Sea como sea, si el líder popular gana, sufrirá. La extrema derecha ha dado ahora una relativa tregua a sus posibles aliados futuros, pero sacará las uñas tan pronto como pueda. La experiencia de los gobiernos autonómicos entre el PP y Vox así lo señala.

Falta de sensibilidad

Donde creo que Feijóo ha resbalado mucho ha sido precisamente en relación con el caso de Maricarmen Abascal, en especial después de su muerte. Negarse a participar en el minuto de silencio convocado en diversas instituciones ha sido un grave error. Pero peor aún ha sido mantenerse pasivos y no levantarse de la silla o del escaño mientras los representantes de otras fuerzas políticas –el PSOE y Más Madrid– aplaudían al final de este tipo de pequeños homenajes. Y, encima, decir después, como hizo el alcalde madrileño, José Luis Rodríguez Almeida, que el minuto de silencio solo había sido de cuarenta segundos.

Qué lástima da esta falta de sensibilidad, que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, manifiesta añadiendo la petición reiterada al Tribunal Superior de Justicia de Madrid para que le desalojen la Puerta del Sol. Seguramente porque le estropean el paisaje que se ve desde el despacho que ocupa en la antigua Real Casa de Correos, hoy sede principal del gobierno autonómico.

Los concentrados, de momento, mantienen la acampada, mientras convocan actos y manifestaciones bastante numerosos que se distinguen por haber recorrido las calles en un clima ordenado, respetuoso, pacífico y sin incidentes. Lo que resulta intolerable es que hayan aparecido grupos ultras cerca de la Puerta del Sol con la clara intención de llegar al núcleo de la protesta con afán provocativo. Los mismos que critican que una campaña electoral pueda comenzar con movilizaciones en la calle no dicen nada de estas apariciones amenazantes y se dedican, en cambio, a esparcir cuñas sobre Maricarmen Abascal, diciendo que tenía deudas en la pastelería e iba a jugar al bingo, como si se tratara de pruebas de una supuesta personalidad propia de una persona aprovechada y de vida sin privaciones.

Mientras tanto, el PSOE intenta sacar partido de este ambiente aprovechando las circunstancias en diversos aspectos. Para empezar, la diputación permanente aprobará el grueso de las medidas que el pleno del Congreso rechazó en su última votación sobre iniciativas para paliar los efectos de la crisis de la vivienda. Los socialistas ya no necesitarán en esta ocasión el apoyo de Junts. La composición de la diputación permanente no es una copia exacta a escala del pleno de la cámara. Pero no estoy de acuerdo en que votar en estas condiciones suponga un fraude. Cada instancia tiene sus competencias y la que queda abierta una vez convocadas las elecciones no está para no hacer nada.

No cabe duda de que sería mejor que el Congreso hubiera aprobado al menos el primer decreto sobre política de vivienda. Pero que no lo hiciera en su momento no debe condenar a la pasividad a los diputados que forman parte de algo más que un "servicio de guardia" parlamentario. Si decimos que hay que tomar medidas urgentes para evitar nuevas situaciones como la de Maricarmen Abascal, no tiene sentido que se quiera atar de pies y manos a la diputación permanente del Congreso, porque tiene la posibilidad de aumentar las obligaciones de las administraciones para proteger los casos de mayor vulnerabilidad acreditada.

En todo caso, las declaraciones que han hecho estremecer estos días han sido las del expresidente del gobierno José María Aznar, que ha advertido que si gana el PSOE las próximas elecciones con las mismas alianzas de la última legislatura "el sistema constitucional y la monarquía parlamentaria se acaban". Algunos –también en Cataluña– ya querrían que esto fuera verdad, pero no lo es en absoluto. Lo que quiere Aznar es concentrar el voto en el PP y que Vox sea un complemento que no moleste demasiado. Igual que Sánchez, que quiere que a su izquierda se acaben de poner de acuerdo, pero solo para cubrir un flanco y no para evitar que sea el PSOE el que reciba el máximo de voto útil en noviembre.

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