Pedro Sánchez o Donald Trump y el runrún de un adelanto electoral

MadridLa Moncloa mantiene que las elecciones españolas serán en 2027 y que la voluntad del presidente español, Pedro Sánchez, es agotar la legislatura. Sin embargo, tanto la declaración solemne después de la amenaza de guerra comercial de Donald Trump como el atasco en Cataluña por la falta de presupuestos a raíz de la negativa de Hacienda de delegar el IRPF han disparado las especulaciones sobre un posible adelanto electoral en España. Y es que más allá de erigirse en un referente internacional de la izquierda y liderar la oposición al trumpismo dentro de la Unión Europea, el discurso de Sánchez de este miércoles se podía leer en interno. Estaba interpelando directamente a los españoles con una disyuntiva: o yo o Trump y todo lo que representa.

El discurso de Sánchez ha entusiasmado las filas socialistas, ya que da un marco de competición frente a la derecha. Los estrategas de la Moncloa han vuelto a coger a Alberto Núñez Feijóo con el pie cambiado: España ha recibido el apoyo de las principales potencias europeas ante las amenazas comerciales de Trump y Sánchez ha recuperado el lema del "No a la guerra", que tanto daño hizo al PP de José María Aznar. En un momento, además, sin ningún otro candidato consolidado a la izquierda: con la retirada de Yolanda Díaz, Sumar no tiene todavía cara visible y Gabriel Rufián no tiene plataforma tampoco para articular su propuesta.

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La idea que corre por Madrid –a pesar de que las fuentes oficiales del ejecutivo español mantienen las elecciones en 2027– es la de un adelanto electoral en un contexto de Sánchez vs. Trump, ya que no solo es algo español, sino que a escala mundial diversos medios y personalidades están destacando al presidente español como la antítesis del trumpismo. El Financial Times se hacía eco este mismo jueves. Ya pasó con el anuncio de la regularización de medio millón de migrantes o con los choques anteriores por Groenlandia o Venezuela. Hay quien prevé también hacer coincidir las elecciones generales con los comicios de Andalucía previstos en junio, donde la vicepresidenta primera y mano derecha de Sánchez, María Jesús Montero, tiene las peores perspectivas electorales de la historia del PSOE en esta comunidad. Sin ir más lejos, las últimas encuestas de Sigma Dos para El Mundo y de Gesop para Prensa Ibérica daban una victoria al PP sin llegar a la mayoría absoluta y que el PSOE se disputaría con Vox la segunda posición. Una perspectiva terrible para Ferraz teniendo en cuenta que Andalucía –junto con Cataluña– siempre ha sido su feudo más importante para conquistar la Moncloa.

Si adelantase elecciones en España, Montero podría ir de la mano con Sánchez e intentar movilizar al electorado de izquierdas para hacer frente al ascenso de la derecha y la extrema derecha. Sería después de los comicios de Castilla y León del próximo 15 de marzo, donde se espera que el candidato socialista Carlos Martínez aguante mejor que Pilar Alegría en Aragón y Miguel Ángel Gallardo en Extremadura. "El PSOE no pierde las elecciones porque sus votantes cambien de voto... sino porque se quedan en casa", reflexiona un exdirigente socialista para ejemplificar que lo que necesitan los socialistas es dar a sus electores un motivo para salir a votar. No sería la primera jugada a escala global en este sentido: el paradigma es la experiencia de Mark Carney en Canadá, que invirtió los resultados que se auguraban a favor del conservador Pierre Poilievre plantando cara a las pretensiones de Trump. También la primera ministra danesa socialdemócrata, Mette Frederiksen, adelantó elecciones, previstas el 24 de marzo, en un contexto de confrontación con Estados Unidos por las amenazas a Groenlandia.

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Opinión social a favor

Las encuestas no van bien para Pedro Sánchez y la demoscopia se muestra crítica con una parte importante de su acción de gobierno, principalmente sus pactos con los independentistas: la amnistía y el nuevo modelo de financiación. Sin embargo, en lo que sí conecta Pedro Sánchez de lleno con la sociedad española es en la política exterior, que si bien ya es protagonista de la actualidad, la Moncloa se esfuerza para que también sea el principal tema de debate en la política doméstica.

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Solo hay que mirar los últimos datos del CIS, antes de que estallase la guerra en Irán. Un 76,5% de los españoles decían que tenían una opinión "mala o muy mala" de Trump. Y hasta un 79,5% creen que es un "peligro para la paz mundial". Si el marco de unos comicios fuera Sánchez o Trump o guerra sí o guerra no, la Moncloa tendría un relato ganador. Sin embargo, fiar a la política internacional una elección estatal sería el movimiento más arriesgado del manual de resistencia sanchista. Porque la pregunta sería: ¿el ciudadano corriente español irá a votar pensando en Trump o en cuánto le cuesta llegar a fin de mes?