Es posible un PP moderado que pacte con Junts?

MadridA José María Aznar siempre hay que escucharle. Más allá de la eventual declaración estridente o la ocurrencia que ocupa titulares, lo que dice suele reflejar con profundidad el pensamiento de la derecha dominante en Madrid. No siempre coincidente con lo que, por intuición, podría pensar el gallego Alberto Núñez Feijóo.

El discurso de este miércoles en el desayuno de Fórum Europa, con la portavoz de los populares en el Congreso, Ester Muñoz, podría ser un ejemplo. El PP y Junts no negocian ninguna moción de censura, pero la coincidencia en votaciones en el Congreso para desgastar a Pedro Sánchez ha disparado las especulaciones sobre lo que podría pasar después de unas elecciones.

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Por eso, y solo por si acaso, Aznar ya ha puesto el freno de mano. En su discurso ha marcado cuál debe ser la estrategia: una llamada a aglutinar una mayoría uninacional para desbancar a Sánchez. "Será nacional o no será", ha dicho, excluyendo tanto a Junts como al PNV de la ecuación. Un aviso a cualquier dirigente popular o convergente que recuerde con nostalgia el pacto del Majestic (que, por cierto, rubricó él mismo).

Para el sector duro del PP, Sánchez ha traspasado una línea roja, que es que el independentismo (desde Puigdemont a Junqueras pasando por la izquierda abertzale) forme parte de la gobernabilidad del Estado. "Nadie en 1978 podía pensar que la Moncloa acabaría siendo una delegación madrileña del secesionismo", ha resumido Aznar. Por este motivo, considera que las próximas elecciones serán las "más importantes" de la historia reciente, porque se decidirá sobre un cambio de sistema: uno nacional, con una mayoría de fuerzas que crean que España es una sola nación, o uno plurinacional alrededor de Sánchez, a pesar de que todavía es hora de que el PSOE dibuje qué quiere decir eso –esta materia sería motivo de otro artículo.

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La relación PP-Junts

El PP, en privado, trata con mucha más dureza al PNB que a los juntaires, porque los de Puigdemont se han avenido a diversos gestos parlamentarios que han debilitado al gobierno español. El último, la semana pasada, reclamando a Sánchez que se vaya o se someta a una cuestión de confianza, que es algo que el expresidente ya le reclamó hace un año.

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A diferencia de cualquier socio de izquierdas, Junts necesita exhibir que puede hablar a un lado y otro del arco parlamentario español. Un exdiputado de CiU, con influencia todavía en el grupo de Míriam Nogueras, acostumbraba a decir que la clave para sacar pescado y ponerlo en el cesto era tener capacidad de pactar con el PSOE, pero también con el PP, ya que solo así su interlocutor entendía que tenía poder de negociación. El problema es que eso era antes del 'Procés' y de que existiera Vox, que lo cambia todo.

Ahora Junts y el PP flirtean, pero ninguno de los dos abona la moción de censura ni un futuro pacto. La interlocución es ahora mismo parlamentaria, de portavoz a portavoz, sin ninguna mesa de negociación abierta. En cualquier mesa, Junts pediría ahora a los populares lo que le pidió al PSOE –hacerse la foto en Waterloo, la amnistía o traspasar más poder a la Generalitat– y en el PP no están dispuestos. Saben que después de las próximas elecciones no estarán solos en la cruzada porque los números indican que Feijóo necesitará a Vox para poder gobernar. La extrema derecha es un elemento que impide el pacto con los independentistas: los de Puigdemont no estarían en la misma mayoría de gobierno que los de Abascal y, a la inversa, tampoco. En estos tiempos, el PP moderado es una entelequia de difícil transformación en una realidad.