El post 23-J

El presidente español, de nuevo en manos del soberanismo

El pacto del Majestic, el Estatut y la mesa de diálogo fueron protagonistas en las negociaciones de investidura

BarcelonaLlevaba once años sin necesitar pactos relevantes para gobernar España, pero todo esto cambió el 6 de junio de 1993. El PSOE perdió 16 escaños y la mayoría absoluta, lo que obligó a Felipe González a buscar apoyos parlamentarios para ser investido. Por primera vez desde 1982 se abría la veda de las negociaciones por la investidura del presidente español y, pese a las resistencias de su vicepresidente, González fijó la vista en Catalunya y Euskadi y descartó una alianza con los comunistas, encabezados por Julio Anguita. Desde entonces, esta ventana de oportunidad se ha abierto a menudo en el Estado y, hasta ahora, el soberanismo –al menos una parte relevante de los partidos que lo han representado– ha optado por la negociación. Ahora, con la investidura de Pedro Sánchez sobre la mesa, los votos de ERC (7) y Junts (7) definirán si hay gobierno en España o si el Estado transita hacia la repetición electoral.

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En la negociación de 1993, CiU ofreció sus votos al PSOE "sin contrapartidas", aunque después los socialistas acabarían aceptando que los catalanes pasaran por caja. Fue a la hora de negociar los presupuestos generales del Estado, cuando los de Felipe González se comprometieron definitivamente a la cesión del 15% de la recaudación del IRPF a las comunidades autónomas. Una condición que había expresado el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, antes de la investidura, aunque aceptaron rematarla unos meses después. "Aún no teníamos suficiente experiencia negociadora. En el 96 conseguimos muchas más cosas para Catalunya", recuerda el ahora presidente de Foment del Treball y entonces diputado de CiU en el Congreso, Josep Sánchez Llibre. Con el traspaso del IRPF –Josep Borrell, ministro en aquellos gobiernos, se negó a que subiera del 15%– también se logró una participación en los fondos estructurales de la Unión Europea.

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Tres años después volvería a quedar abierto el resultado de las elecciones y, de nuevo, sería CiU uno de los partidos con la clave para desatascar la investidura. En manos de la federación nacionalista había volver a dar la presidencia a Felipe González u optar por el cambio que representaba José María Aznar. "No hubo ninguna duda. Solo negociamos con el PP. De hecho, el propio González dijo que le correspondía al PP formar gobierno como ganador de las elecciones", explica Sánchez Llibre. "Fueron 55 días de negociación muy duros, pero el resultado fue el mejor acuerdo para Catalunya de los últimos 100 años", añade el ex diputado de CiU, que fue uno de los miembros del equipo negociador. En 1996, el porcentaje de la recaudación del IRPF que se transfirió a Cataluña fue del 30%; se fijó una participación de la Generalitat en el IVA y los impuestos especiales; se traspasaron el Inem y las políticas activas de empleo, y los Mossos recibieron las competencias de Tráfico, entre otras muchas cuestiones. "El PP cumplió en todo menos en la ley de costas", explica Sánchez Llibre. Como tres años antes ya había hecho el PSOE, el PP ofreció a CiU que entrara en el gobierno español, pero Pujol lo acabó rechazando tras un intenso debate en las filas de la federación.

La llegada de Zapatero

Aznar pasó de hablar catalán en la intimidad con ese pacto del Majestic a aplicar como una apisonadora su mayoría absoluta a partir del 2000. Y en las elecciones de 2004, el soberanismo volvía a ser decisivo. "No dudamos en ningún momento", explica el entonces portavoz de ERC en el Congreso, Joan Puigcercós. "Veníamos de 4 años de mayoría absoluta de Aznar, de regresión de derechos y de ataque frontal en Catalunya", rememora, además de añadir al saco de motivos las mentiras del gobierno del PP sobre el atentado yihadista del 11-M. CiU optó por la abstención y ERC sumó sus votos en favor de la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero.

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ERC no pactó nada concreto a cambio de su apoyo, pero sí tuvo muy presente que Zapatero se había comprometido un año antes a respetar "el Estatut que saliera del Parlament". También eso movió a CiU hacia la abstención. "Con el Estatut gestándose en el Parlament, queríamos dar una oportunidad al diálogo con el PSOE", subraya Jordi Jané, que en esa legislatura fue diputado en el Congreso de la federación nacionalista. Como precisamente la negociación del Estatut no salió como Esquerra esperaba –los republicanos acabaron defendiendo el no al Estatut por el recorte que hizo el Congreso–, cuatro años después cambiaron de actitud. En el 2008, ERC –que perdió fuerza y pasó de 8 a 3 diputados– votó en contra de Zapatero, pero sus votos habían dejado de ser decisivos. Tampoco podían dar la vuelta al resultado de la investidura los 10 diputados de CiU, que decidieron volver a abstenerse.

La mesa del Congreso

Jordi Jané se convirtió en vicepresidente cuarto del Congreso en esa legislatura, aunque asegura que este hecho no influyó en absoluto en la abstención de su grupo en la investidura de Zapatero. "Es un elemento a considerar, pero no es ni mucho menos determinante", indica. Había una época, de hecho, en la que CiU tenía prácticamente garantizada la presencia en la mesa del Congreso. Los dos grandes partidos, PP y PSOE, entendían que el órgano rector de la Cámara Baja debía representar la pluralidad del Congreso y CiU fue durante mucho tiempo la tercera fuerza política del Estado, cuando aún no habían surgido espacios como los de Podemos, Cs y Vox. Jané, de hecho, fue también vicepresidente de la cámara baja durante la mayoría absoluta de Mariano Rajoy (2011-2015), aunque CiU votó en contra de su investidura. Josep Maria Trias de Bes, Josep López de Lerma, Ramon Companys y Jordi Vilajoana también fueron miembros de la mesa entre 1986 y 2008.

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¿Sería posible hoy una situación similar? De momento, el PSOE ha ofrecido a Junts ya ERC tener grupo propio en el Congreso, pero un puesto en la mesa serían palabras mayores, dado que el representante independentista podría decantar mayorías. En el Senado es otra historia y la pasada legislatura la mesa ya contó con un representante del PNV.

La última ocasión en la que el soberanismo fue decisivo fue después de la repetición electoral del 2019, y, antes, para dar apoyo a la moción de censura en Rajoy. Esta segunda la aceptaron tanto Junts como ERC en el 2018, pero, un año después, sólo los republicanos apoyaron la investidura de Pedro Sánchez. ¿El precio? La mesa de diálogo.