Tres años de un divorcio que puede condenar a la izquierda

La mochila de la ruptura entre Sumar y Podemos y las heridas de la confección de las listas en 2023 pesan en la relación actual

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Yolanda Díaz e Irene Montero durante el acto de homenaje de Aurora Picornell en Palma el fin de semana pasado
17/10/2026 - 08:01 h

Madrid"Son muchos años y muchos odios". Así hablaba Gabriel Rufián, en una entrevista este viernes en RAC1, de los escollos para lograr una lista unitaria de la izquierda en el Estado. En la disputa entre partidos también influyen enemistades personales y todavía pesa en gran medida la mochila del divorcio entre Podemos y Sumar, que se consumó definitivamente hace tres años en el Congreso y que puede condenar las perspectivas electorales de la izquierda. En la negociación de los últimos días se han podido percibir heridas todavía abiertas y desconfianzas que se arrastran desde el proceso de confección de las listas de las elecciones de 2023.

El nombre de Irene Montero ha sido una de las piedras angulares de la ruptura entre los morados y las formaciones que se agrupan ahora bajo el nombre de Frente Amplio. Cuando la marca alrededor de la cual concurrían Comunes, Más Madrid e IU era la de Sumar –que hace tres años y medio todavía no era un partido sino el paraguas que aglutinaba las formaciones ya existentes– y el liderazgo recaía en Yolanda Díaz, la exministra de Igualdad de los morados fue excluida de la candidatura. Podemos nunca ha perdonado lo que denunció como un "veto injusto" y ya durante la campaña del 23-J se evidenciaron las tensiones y la reticencia a formar parte de la candidatura de Díaz, por mucho que hubiera nombres de Podemos en las listas.

El punto de inflexión de este conflicto llegó cuatro meses después de los comicios cuando los cinco diputados de los morados rompieron con el grupo parlamentario de Sumar en el Congreso y se pasaron al grupo mixto. Podemos había denunciado reiteradamente una dinámica de arrinconamiento que veían intrínseca a la configuración del espacio liderado por Díaz, que también les dejó sin ningún ministerio en el nuevo gobierno de coalición con el PSOE. Desde entonces, el partido liderado por Ione Belarra se ha dedicado a ejercer una dura oposición al ejecutivo español, rivalizando con Junts por ser el partido de la mayoría plurinacional que más lo ponía contra las cuerdas. Podemos ha sido especialmente beligerante con Sumar, a quien ha acusado de no haber presionado lo suficiente al PSOE para conseguir avances sociales.

Así pues, la reivindicación que hace Podemos de Montero y Rufián como la del tándem "que realmente responde a lo que está pidiendo la gente", es decir, una "izquierda valiente", se enmarca en esta estrategia de diferenciación y descalificación de Sumar que los morados también han desplegado a través del canal de televisión y el diario de Pablo Iglesias. Asimismo, el hecho de que tras la salida de Podemos, en el grupo parlamentario de Sumar se desencadenara una lucha interna por el malestar de otros partidos como IU o Más Madrid con el hiperliderazgo de Díaz, reafirmó la decisión de los morados de mantenerse al margen de esta amalgama de partidos.

La refundación como Frente Amplio sin Díaz de líder y con una dinámica más horizontal no ha convencido a los morados, que ven la nueva coalición como una réplica de una fórmula que ya no les funcionó. De fondo, además, existe también la aspiración de los morados de volver a ser el referente de este espacio político, como lo eran antes de 2023.

La batalla madrileña

La batalla principal a la hora de ponerse de acuerdo de cara al 29-N es Madrid y el liderazgo de la candidatura madrileña. Hace meses que Podemos postuló firmemente a Montero, mientras el Frente Amplio ha estado meses intentando consensuar quién sería su líder. Los morados volvieron a reclamar primarias abiertas, como habían hecho en 2023. Una reclamación que ha topado con la negativa del Frente Amplio. En Más Madrid, a quien tampoco gustó cómo se confeccionaron las listas en 2023, abogan ahora por alejarse de la manera de hacer que tuvo entonces Díaz y defienden que en cada territorio sea la fuerza mayoritaria quien lleve la voz cantante y sitúe a los suyos en las primeras posiciones.

De hecho, Más Madrid, que nació como una escisión de Podemos, con quien tiene una conocida mala relación, optó por dar un golpe sobre la mesa y reivindicarse como la formación con más peso en la región –los morados no tienen representación ni en la Asamblea ni en el Ayuntamiento de Madrid– postulando de entrada sus nombres en los puestos de salida en las listas de Madrid. A pesar de la invitación posterior a incluir a Montero, esto choca con la voluntad de Podemos de que sea ella el referente de la izquierda y activa también dentro del Frente Amplio antiguos "odios, filias y fobias", en palabras de Rufián, que no se entienden sin el pasado compartido con los morados.

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