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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Grazia Deledda]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/etiquetes/grazia-deledda/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Grazia Deledda]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[De Cerdeña a Manitoba]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/cultura/leer/cerdena-manitoba_129_5869678.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/ae7445ca-ed6d-4a0f-81e6-9a610ae27f16_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>He enlazado dos lecturas que han rimado dentro de mí como dos versos de un mismo poema: <em>Cosima</em>, de <a href="https://es.ara.cat/cultura/leer/suerte-viento-mudable-canas-doloridas_1_5860141.html" >Grazia Deledda</a>, y <em>La desolación y el desencanto</em>, de Gabrielle Roy. Se trata de libros de memorias de dos escritoras aparentemente alejadas en el tiempo y en la geografía. Digo aparentemente alejadas porque, al tratarse de los recuerdos de sus primeros años, y dado que ambas querían y fueron escritoras, sus libros tienen mucho en común y leerlos uno detrás del otro ha sido una experiencia muy interesante.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Soler]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Oct 2026 05:15:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una imagen de Manitoba, escenario de los libros de Gabrielle Roy]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[La suerte, como el viento, es mudable, y nosotros somos cañas doloridas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/cultura/leer/suerte-viento-mudable-canas-doloridas_1_5860141.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/ef0f63c4-f24d-45e0-a9ff-91f09555b9be_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Es muy conocida la máxima de <a href="https://www.ara.cat/andorra/pascal-vol-guanyar-se-lector-corrent_129_3565537.html" >Blaise Pascal</a> que asegura que “el hombre es un junco, el más débil de la naturaleza, pero un junco que piensa” (y la mujer también, claro). El junco es un elemento de una gran rentabilidad simbólica: parece, en efecto, muy débil, porque se dobla con facilidad bajo el embate del viento, que lo hace balancearse. Pero resulta menos quebradizo de lo que se podría pensar, al ver su delgadez. Se mantiene derecho. Junco (o caña), y el viento de la vida por todas partes, azotándolo. <a href="https://llegim.ara.cat/llegim/passio-limits-william-butler-yeats_129_3045532.html" >W.B. Yeats</a> publicó <em>The wind among the reeds </em>en 1899, y Josep Carner, <em>El viento entre las cañas </em>en 1920. Entremedias, en 1913, ve la luz esta bellísima novela de Grazia Deledda (1871-1936), <em>Cañas al viento</em>, que Adesiara recupera después de haber dado a conocer, hace ya diecisiete años, <em>La madre</em>, de la misma autora. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Llavina]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Sep 2026 05:16:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una imagen de un 'nuraghe', construcción de piedra típica de Cerdeña]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA['Cañas al viento', de Grazia Deledda, explica la vida de cuatro hermanas sardas y del criado de la casa]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Culpa y deshonor en una isla salvaje y remota]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/cultura/leer/culpa-deshonor-isla-salvaje-remota_1_5697493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/be32b8d5-a662-4038-ae80-e2b31e6d2d14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><h3>Los criterios y las decisiones del <a href="https://es.ara.cat/cultura/leer/enrique-vila-matas-favoritos-recibir-premio-nobel-literatura_1_5496543.html" >premio Nobel de literatura</a> siempre son bastante imprevisibles, pero visto con la perspectiva que da el siglo transcurrido, el Nobel concedido a <a href="https://es.ara.cat/opinion/almas-valientes_129_5549925.html" >Grazia Deledda</a> en el año 1926 todavía ahora tiene algo de incomprensible. No porque literariamente no fuera merecedora, sino porque parece que su condición de mujer sarda que escribía sobre la realidad áspera y brutal de su isla natal iba a caer muy lejos del comité de lectores suecos que en 1925 habían premiado a George Bernard Shaw y que en 1927 premiarían a Henri Bergson. El premio solo se entiende si comprendemos que Deledda fue una escritora periférica que se ganó un lugar en el centro del panorama cultural italiano y europeo gracias a tres méritos y a una concesión: los méritos de tener talento, de hacer mucho trabajo (fue autora de una treintena de novelas y de cuatrocientos cuentos) y de alcanzar un gran éxito internacional, y la concesión de renunciar a su lengua materna, el sardo, para escribir en la lengua, el italiano de matriz toscana, que la reunificación de Italia (1861) hizo oficial e impuso.La novela <em>Ceniza</em>, publicada originariamente en 1903 y presentada ahora en catalán por Mercè Ubach en una traducción que se intuye rigurosa y con un prólogo que contextualiza la obra y la autora, es una buena puerta de entrada al universo literario de Deledda. Novela de pasiones y de códigos sociales comunitarios inamovibles, historia de personajes primarios y de paisajes imponentes, <em>Ceniza </em>conjuga dos tradiciones literarias: la de la cuentística popular y la de la novela naturalista decimonónica. Estamos más cerca, en todo caso, del drama vivo antropológico del verismo de Giovanni Verga que del positivismo analítico, de mirada científica y trasfondo socioideológico, de <a href="https://es.ara.cat/cultura/leer/dignidad-desesperacion-quieren-pan-justicia_1_5533037.html" >Émile Zola</a>.Compensar la brutalidad de un mundo miserable<h3/><p>En <em>Ceniza</em>, Grazia Deledda demuestra que es una contadora de historias ágil y vigorosa y que sabe crear una galería de personajes que rozan el arquetipo sin caer en la folklorización tipista. También demuestra que es una virtuosa de las descripciones precisas y exuberantemente sensoriales. Los párrafos en los que describe los paisajes sardos hacen pensar en el talento indómito de una pintora de trazo fuerte e imaginativo, salvaje y simbólica. El verismo de Deledda, en este sentido, tiene un aliento poético que compensa la brutalidad de un mundo a menudo miserable poblado por personajes que se pegan, se insultan, beben, reniegan y se suicidan.La médula dramática del argumento es un clásico de la literatura del siglo XIX, e intenta responder la siguiente pregunta: ¿cómo puede un hijo de la culpa, un bastardo hijo de un padre ya casado y de una madre que lo abandona de pequeño, hacerse merecedor de una vida respectable? La peripépecia del protagonista, Annania, que por culpa de los embates de la fortuna y gracias a un benefactor va de la Cerdeña rural hasta la ciudad de Cáller y, después, al continente y a Roma, resuena con ecos balzaquianos y stendhalianos. Deledda hace, sin embargo, que nunca se desembarace del todo ni de la realidad sarda ni tampoco de su condición de sardo: el peso de la culpa heredada, el sentido del honor y del deshonor, las pasiones primigenias, el presente como una proyección de viejos atavismos, la vida como fatalidad... Leer a Deledda nos recuerda que la literatura de verdad tanto puede brotar de las capitales europeas como de los pueblos pequeños de las islas más remotas. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere Antoni Pons]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 06:32:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ciudad de Cagliari a finales del siglo XIX, representada en una xilografía]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA['Ceniza', de Grazia Deledda, es una buena puerta de entrada al universo literario de la autora sarda, que ganó el premio Nobel en 1926]]></subtitle>
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