Tres veces más difícil: la carrera de obstáculos de un alumno inmigrante

El sistema educativo catalán ha acogido a 17.000 niños y adolescentes recién llegados sólo en el último curso

28/01/2026

Barcelona"Quiero estudiar cirugía cardiovascular, siempre lo he tenido claro y no recuerdo haber querido hacer otra cosa", explica con esperanza Harnur, una chica de 15 años con una blusa de flores, gafas y cola alta que hace segundo de bachillerato científico en el instituto Miquel Tarradell. "Para mí es estudiar medicina o nada. Si no entro, tendría una crisis existencial", reconoce. Harnur nació en Cataluña, pero pasó los primeros ocho años de su vida en la India con sus tíos. Mientras, los padres trabajaban en Barcelona para sacar a la familia adelante. Cuando tuvieron el segundo hijo decidieron establecerse en el Raval y Harnur empezó 3º de primaria en una escuela del barrio. "Siempre he pensado que tengo la misma capacidad de hacerlo que los demás", defiende, casi una década después de haber llegado a Catalunya.

Sin embargo, las estadísticas la sitúan como una excepción: tiene el triple de posibilidades de dejar los estudios al terminar el instituto, la mitad de oportunidades de llegar a la universidad y muy probablemente no ha recibido la ayuda de las pocas aulas de acogida que todavía tiene el sistema educativo catalán para los miles de alumnos extranjeros que figuran como una casilla más de las mesas de Excel que sirven para repartir los recursos entre escuelas e institutos.

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Desde 2018, en Cataluña han aterrizado cerca de 270.000 inmigrantes y, tomando los datos más recientes del departamento de Educación, podemos ver cómo sólo durante el pasado curso en nuestro sistema educativo ingresaron más de 17.000 alumnos recién llegados entre infantil, primaria y secundaria, lo que hizo que el porcentaje de alumnado extranjero se subiera hasta el 17%, con más de 183.000 niños y adolescentes inmigrantes.

Evolució de l'alumnat estranger a Catalunya
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Cuando la ayuda te expulsa

Según los datos de la Encuesta de Población Activa de 2022 recogidas por la Fundación Bofill, en Cataluña la tasa de abandono escolar prematuro (los alumnos que no siguen estudiando después de la secundaria) es tres veces mayor entre los adolescentes de origen extranjero (42,17%) que entre los nacidos en Cataluña (13,85%). "Los datos son preocupantes, pero hay que pensar lo que hay detrás. Las cifras no muestran un problema en estos estudiantes, sino una importante debilidad de nuestro sistema educativo", describe Carles Serra, doctor en antropología social y profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Girona (UdG) especializado en abandono escolar e inmigración. Esta "debilidad" tiene muchas aristas y continua siendo uno de los grandes deberes pendientes de la escuela catalana.

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Gran parte de los niños y adolescentes inmigrantes vienen con una mochila que les dificulta salir adelante. "Tienen costumbres diferentes, comidas diferentes, valores diferentes, vienen de sistemas educativos que no se parecen nada al nuestro y además muchos sufren secuelas emocionales por el hecho de haberse marchado de casa sin ellos quererlo... A todo esto hay que sumar -hay que la mayoría nunca han oído a nadie hablar en catalán", describe Maite Fenollosa, directora de la escuela Sant Francesc d'Asís, donde todos los alumnos son de origen extranjero.

Para que esta mochila pese menos, desde el departamento de Educación hace años que se creó el recurso del "aula de acogida", que a la hora de la verdad no se traduce en un espacio físico ni una actividad concreta, sino en un número de jornadas de profesores que pueden dedicarse a ayudar a los alumnos recién llegados. Este mes de febrero se ha logrado el máximo histórico de aulas de acogida, con un total de 1.372 dotaciones entre centros públicos y concertados. Sin embargo, el hecho de que este recurso sólo sea para los alumnos de entre tercero de primaria y cuarto de ESO, y que haya poco más de un millar de aulas de acogida para los más de 180.000 alumnos extranjeros, muestra hasta qué punto existe una carencia en el sistema. Un ejemplo clarísimo: la escuela que dirige Fonollosa no tiene ninguna, aunque todos sus alumnos son recién llegados.

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Ahora bien, más allá de la falta de recursos, el doctor en antropología social de la UdG alerta de que hay un problema de enfoque: "Llevamos 30 años aplicando medidas que los resultados nos muestran que no son eficaces, que están mal enfocadas", asegura. Según Serra, el hecho de crear estrategias en las que se agarra al alumno recién llegado y se le aparta para trabajar por separado puede ser contraproducente. "Hemos implantado dispositivos que decían: «estos alumnos tienen un problema, sacámoslos del aula para trabajar sus dificultades», lo que a la larga acaba creando una trayectoria de expulsión del sistema", insiste el doctor, que explica que estas dinámicas hacen que el alumno se sienta segregado, tratado distinto del resto y desvinculado de la realidad del instituto. "Si coges a todos los alumnos que no saben catalán y los pones juntos, difícilmente hablarán catalán si no comparten tiempo y espacios con sus compañeros que sí dominan la lengua", ejemplifica.

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Los inmigrantes que el sistema no ve

"La escuela es como un segundo hogar para mí", explica Luis, un chico de once años de la escuela Milà y Fontanals del Raval con una camiseta de Son Goku. A él le gustaría ir a la universidad porque de mayor quiere ser piloto de avión. Aunque Luis nació en Catalunya, sus padres son de Bolivia y como ellos no pudieron estudiar, ahora le están muy encima. "Quieren que cumpla mi sueño", dice con ilusión. Luis es un ejemplo de lo que las estadísticas definen como inmigrante de segunda generación. Una categoría que representa otra de las debilidades del sistema educativo catalán, ya que, al menos en cuanto a los datos, el departamento de Educación no tiene en cuenta a los alumnos catalanes con progenitores extranjeros dentro de los porcentajes de inmigración (fue uno de los motivos del baile de cifras a la hora de dar explicaciones por los malos resultados en las pruebas PISA). "Son niños que han nacido aquí, pero viven sólo en su ambiente y que siguen sin entender el idioma y sin haberse integrado", lamenta Fenollosa.

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Percentatge d'alumnes que no es graduen a l'ESO
Dades del curs 2015-2016 a Catalunya

La dificultad de los hijos de extranjeros para llevar a cabo los estudios también la reflejan las estadísticas de abandono escolar. Aunque los últimos datos recogidos son los del 2015, un estudio del Centro de Estudios Demográficos muestra cómo el porcentaje de quienes no llegan a sacarse la ESO es casi idéntico entre los chicos que han nacido en Catalunya y tienen padres extranjeros (21 ,2%) y los que nacieron fuera y vinieron antes de tener siete años (21,7%). En cambio, este porcentaje se reduce hasta el 13,2% en el caso de los chicos nativos y al 10,3% si incluimos a las chicas en la ecuación que, en general, tienen unas tasas de abandono escolar más bajas que los suyos compañeros.

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Una inclusión racista

"Podríamos decir que la segregación escolar es el origen de todos los males y, aunque ahora ya ponemos nombre y cifras, todavía queda mucho trabajo por hacer, por eso necesitamos que se aplique una perspectiva antirracista", argumenta Serra. De hecho, el problema del racismo en los institutos es uno de los deberes pendientes que a principios de año marcó la Síndica de Greuges para poder dar pasos adelante en la lucha contra la segregación escolar, y aseguró que aunque se esté consiguiendo una distribución más equitativa de alumnos en los centros, esto no garantiza que los alumnos no sean víctimas del racismo estructural. "La escuela es un reflejo de la sociedad y no podemos decir que no haya racismo, por eso lo que debemos hacer es hablar de ello para acabar evitándolo", explica la directora de la escuela Sant Francesc de Asís. Pero, de nuevo, los datos hacen dudar de si esta forma de poner el foco para evitar el racismo se está aplicando a la mayoría de escuelas e institutos de Catalunya. Un ejemplo: según los datos de la Unidad de Apoyo al Alumnado en situación de Violencia (USAV), en los últimos cuatro cursos escolares se han detectado hasta 1.500 casos de acoso entre alumnos en centros educativos catalanes. En cambio, racismo sólo se ha detectado 26. Una proporción que sorprende teniendo en cuenta la multitud de casos de racismo que se viven fuera de la escuela.

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Tipologia de violències a l'alumnat
Dades del curs 20-21 al gener del curs 23-24

Otra forma de racismo lo encontramos en el trabajo de inclusión. "Debemos cortar un poco con la lógica de la interculturalidad y pensar en qué tipo de reconocimiento se da a las tradiciones de los recién llegados", insiste Serra, quien explica que uno de los problemas es que seguimos considerando que el alumno inmigrante es "lo diferente" y que el objetivo sigue siendo que se adapte a nuestra sociedad.

La inmigración que empuja

Aunque desde el departamento de Educación quieren evitar relacionar inmigración con vulnerabilidad, la realidad es que gran parte de las familias recién llegadas viven una situación de vulnerabilidad socioeconómica que, sumada a los problemas de desconocimiento de la lengua, acaban haciendo que la escuela, de una u otra forma, acabe haciendo trabajos propios de los servicios sociales. "Aunque ahora llegan mucho menos desorientados que hace 15 años, si es necesario, les ayudamos a arreglar papeles, a buscar un alquiler que sea más económico oa encontrar un sitio para aprender catalán... Los ponemos en contacto con servicios sociales, pero también les intentamos acortar los caminos para llegar allá donde ellos quieren llegar".

A pesar de estas desventajas sociales, también hay un punto en el que la inmigración empuja: "La mayoría de familias recién llegadas son muy exigentes con los resultados de sus hijos ; que uno saque malas notas o se lleve mal es casi un insulto", explica la directora del Eixample. Y aparte de la presión de la familia, también está la conciencia de los propios alumnos: "Venir de otro país juega a nuestro favor. Sabemos que debemos esforzarnos por sacarnos una carrera y tener una buena vida . Quizás los compañeros que no han pasado por este proceso no cuenten con este factor", defiende Harnur.