Derechos

'Escorts' o prostitución: "Hago una elección consciente, decido cuándo, cómo y con quién quiero estar"

Las llamadas acompañantes reclaman que se regule el sector para no caer en más vulnerabilidad, que favorece a las mafias

27/06/2026

Barcelona"Me gusta lo que hago, me satisface", confiesa Andrea con una sonrisa. Esta colombiana de 30 años se autodenomina "escort de lujo o acompañante. No todo el mundo lo ve igual: para buena parte de la sociedad, Andrea ejerce la prostitución y el uso del concepto "escort es un simple eufemismo. Ella lleva cinco años viviendo en Barcelona. Trabaja durante el día en su piso del Eixample, muy céntrico, junto a su hermana. Ambas se dedican a lo mismo. Se anuncian en plataformas como Escort Advisor y aceptan las peticiones de los clientes que quieren. "El día que no quiero trabajar nadie me obliga", dice.

A pesar de la etiqueta que lleva el nombre de su profesión, su vida no es de lujo. En un mes normal acostumbra a ganar poco más de 2.000 euros, aunque puntualmente ha podido llevarse 4.000 euros en un par de días dedicados exclusivamente a un hombre, acompañándolo durante todo el día. Andrea empezó a dedicarse a ello cuando vivía en Colombia. Con solo 15 años. "Todo arranca de una necesidad", admite. Sin estudios y sin un futuro claro, aquella adolescente lo hacía a escondidas de la familia, hasta que una prima la pilló y la delató a los padres. "Me querían llevar por el buen camino, pero me lo respetan", añade sonriendo.

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Lucía tiene 33 años y después de unos años en Barcelona ahora reside en Madrid. Evita "romantizar" el trabajo que hace como escort, pero defiende con pasión la diferencia entre una cosa y la otra. "La prostitución arrastra una carga histórica y social muy fuerte, se asocia a la explotación, la marginalidad y a la falta de elección, pero yo no me identifico con esa narrativa; yo hago una elección consciente, decido cuándo, cómo y con quién quiero estar", argumenta. Tiene el discurso trabajado. Lleva años dedicándose a ello, también reflexionando sobre lo que supone ser acompañante. No quiere convencer a los que no hacen distinciones entre prostitución y acompañamiento, pero pide respeto para su elección y que la gente huya de estigmas y prejuicios. Ahora bien, también es consciente de que hay muchas chicas que acaban haciéndose escorts por obligación: "No quiero minimizar ni negar las realidades muy duras que hay dentro del sector".

En nuestro imaginario las escorts son una manera de nombrar el trabajo sexual de alto standing. Muchas personas utilizan este concepto porque es una manera de identificarlo sin el estigma que lleva la prostitución", explica la profesora de la UAB Lorena Garrido. Para ella todo gira en torno al "consentimiento". A la sociedad le "molesta" el debate sobre las acompañantes porque "el intercambio" se da "con actos" que tienen que ver "con el sexo". Pero, para Garrido, puede haber muchas profesiones en las que se dan situaciones similares, en las cuales el consentimiento incluso es menos claro y la explotación mayor. Una mujer que acepta, por su vulnerabilidad y necesidades, un trabajo muy precario, como trabajar en el "servicio doméstico interno", ¿está consintiendo las condiciones que le ofrecen? "No hago una justificación de la prostitución. Lo que se debe trabajar es si hay consentimiento o no en esta actividad de carácter sexual o sexoafectiva. Puede haber consentimiento sin deseo", resume la profesora.

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Sin embargo, los datos son demoledores. Según una encuesta a más de 10.000 personas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de febrero, 7 de cada 10 españoles consideran que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres, y casi un 80% creen que pone en peligro la dignidad de las personas que se prostituyen. Por eso el sector de las escorts insiste en diferenciarse de la prostitución.

No todo es sexo

"Las personas adultas pueden decidir sobre su vida íntima con total libertad. No lo hago por dinero, me siento cómoda teniendo estas interacciones", explica Lucía. Tanto ella como Andrea remarcan que no todos los encuentros acaban con sexo. "Tengo amigos que solo me pagan por ir a cenar, necesitan que los escuche. Acabas creando un vínculo", explica la colombiana, que cifra las interacciones sin componente sexual en un 40% de todo su trabajo. Ha acompañado a hombres casados a comprar lencería para sus mujeres, e incluso ha tenido que decir "mentiras piadosas" y ponerse en el papel de una "actriz". Un cliente le pagó para que le acompañara a una celebración en su casa. "Me presentó a su madre y a su hermana como si fuera su pareja", recuerda. "Hay países en los que la gente paga por una amistad, por tomar un café y hablar", apunta Garrido.

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Sin embargo, la mayoría de los encuentros tienen un componente sexual. Andrea ha tenido clientes que querían que los preparara para su noche de bodas, y también clientas, mujeres que han acudido a ella porque querían aprender y empezar en la profesión. Esto la ha llevado a priorizar su vida profesional y, por el momento, descartar la maternidad. Tuvo una pareja durante tres meses, pero él no "lo soportaba" y cada uno acabó tomando su camino. Incluso algún cliente le ha propuesto dejar el trabajo para ser su pareja, sin necesidad de preocuparse por el dinero, pero lo ha rechazado: "Las obligaciones mías y de mi familia me pertenecen solo a mí", dice. De hecho, Andrea cree que ya no trabaja solo por necesidad, como pasaba al principio. "Una siempre quiere más, te vuelves avariciosa", reconoce con una sonrisa. Por su parte, cuando Lucía ha estado en una relación estable con un chico ha dejado de lado este tipo de "encuentros" con clientes porque cree que no son cosas "compatibles".

Regulación pendiente

Las dos chicas, pero también la experta, consideran que hace falta una regulación que les permita trabajar en condiciones. No es un tema menor. Según el portal Escort Advisor, durante el primer trimestre del 2026 ofrecieron su servicio como acompañantes más de 9.200 chicas en toda Cataluña. Para Garrido en España hay una postura "abolicionista" en este campo. La ley del Solo sí es sí, que impulsó la exministra Irene Montero, entró poco en el tema de la prostitución, pero sí que prohibió la publicidad del intercambio de naturaleza sexual. Y, claro, hecha la ley, hecha la trampa.

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"Las personas se han buscado la vida en otros espacios digitales. Con las prohibiciones no erradicas la actividad, sino que se convierte en más marginal", dice la profesora de la UAB, que considera que estas chicas, como no pueden ofrecer sus servicios legalmente en España, pueden caer en la desprotección y en una mayor vulnerabilidad. De esta manera, se abre la posibilidad de que caigan en redes de explotación que se aprovechan de ellas. "La infravisibilidad y la criminalización de una actividad generan más riesgo. Hacen más difícil denunciar, por ejemplo, las agresiones sexuales", concluye Garrido. Un punto de vista que reafirma Lucía, que sostiene que no trabaja ni con "coacción ni intermediarios ni obligaciones", pero que ejercer "a la sombra" dificulta la protección de las trabajadoras.

"Llegar de fuera y ponerte a ejercer libremente como escort no es fácil", admite la abogada de la Unidad Municipal contra el Tráfico de Seres Humanos (UTEH) del Ayuntamiento de Barcelona, Begoña Martínez. Ella está acostumbrada a encontrarse situaciones muy duras de chicas que llegan a Cataluña engañadas. Les mienten en su país de origen con las condiciones que tendrán en Barcelona, les retiran el pasaporte, las obligan a prácticas sexuales que no habían pactado y tienen que devolver una deuda, que va aumentando por un sistema de multas que les imponen. "Son víctimas de tráfico que han venido a Cataluña bajo falsas promesas", dice Martínez.

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A veces bajo la promesa de que harán de acompañantes y decidirán sobre los límites de su trabajo. Es lo que les pasó a 7 jóvenes venezolanas que acabaron denunciando al matrimonio que las explotaba: un catalán y una mujer sudamericana que las retenían y las obligaban a prostituirse. Hacían jornadas de 12 horas de lunes a sábado y las multaban cada vez que fumaban, que llegaban tarde, que hablaban por teléfono o que tenían desordenada la habitación. Las captaron ofreciendo trabajos de modelo, camarera y sobre todo escorts. Andrea y Lucía denuncian esta situación y piden una regulación que evite que tengan que acabar en redes de proxenetismo.

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De hecho, dentro del feminismo hay dos grandes posturas alrededor de este debate. La prohibición, como ocurre en países como Suecia, o la regulación, un ejemplo de la cual es Nueva Zelanda. En el Estado la ley de seguridad ciudadana y las ordenanzas municipales fijan los límites legales del sector, sobre todo poniendo énfasis en los espacios públicos y la demanda. Las escorts se sitúan aún más en una zona de grises. Algunas cotizan a la Seguridad Social, marcando epígrafes como el de servicio de acompañamiento personal, mientras que otras trabajan en negro. Como las sugar babies, chicas jóvenes que ofrecen un servicio de acompañamiento exclusivo a hombres mayores a cambio de dinero o mentorías. Por ejemplo, que les paguen los estudios.

Cuando se le pregunta sobre el futuro, Andrea duda. ¿Sueños? ¿Proyectos? ¿Se ve trabajando como escort dentro de 20 años? Pese al titubeo inicial, acaba diciendo que algunas mujeres de 60 años que hacen de acompañantes ganan mucho dinero. Sin embargo, no sabe si ella llegará. Ahora bien, lo que sí que tiene claro, y por eso reclama la regulación, es que su profesión, se llame como se llame, "existía, existe y existirá".