Compañías incompatibles a simple vista, pero que cambian vidas
Leticia, que tiene 61 años y trabaja en una farmacéutica, se ha convertido en la persona de referencia de Issiaga, un joven de 22 años que llegó en patera a las Canarias
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BarcelonaIssiaga Sylla tenía 19 años cuando llegó a Cataluña completamente solo. Dice que no entendía la cultura, ni hablaba catalán ni castellano, y apenas conocía a alguien aquí que fuera de su país. Él es de Guinea Conakry. “No me relacionaba con nadie”, confiesa.
En Cataluña hay muchos africanos, pero no todos comparten la misma cultura, aclara, aunque nosotros los metamos a todos en el mismo saco. "Los que hace mucho tiempo que están aquí no tienen tiempo para dedicarte. Puedes contactar con ellos alguna vez a través del móvil", añade. Pero poca cosa más. Asimismo, las educadoras sociales que, por ejemplo, le han ayudado con las gestiones administrativas no siempre están disponibles. “Hay que pedir cita para hablar con ellas”. Así que siempre estaba solo, con la cabeza dándole vueltas. “Es muy duro no tener a nadie con quien poder compartir nada”, asegura.
Leticia Lluch tiene 61 años y trabaja en una multinacional farmacéutica. No conocía a ningún inmigrante, ni tampoco tenía ningún interés especial por los temas sociales. Pero a raíz de la guerra en Ucrania en 2022 se planteó hacer un voluntariado en una entidad, empezó a buscar información en internet, y encontró una asociación con sede en Barcelona que se llama Punt de Referència, y que ofrece acompañamiento a jóvenes de entre 16 y 23 años que no tienen ninguna persona como referente. "Soy madre de tres hijos y pensé qué duro habría sido para ellos estar completamente solos a esa edad. O cómo sería para mí misma no tener amigos y familia que me pudieran ayudar", declara. Así que se interesó por hacerse voluntaria.
Punt de Referència tiene programas de mentoría que, entre otras opciones, ofrecen la posibilidad de que un adulto acompañe a un joven durante nueve meses, con encuentros de un par de horas una vez a la semana. "Los requisitos son tener más de 30 años y ganas de hacerlo, y superar una entrevista exhaustiva", explica Leticia, que asegura que esto es una de las cosas que más le gustó. “Demuestra que es una entidad profesional y seria, no aceptan a cualquiera”, afirma.
Antes de iniciar la mentoría, tuvo que hacer una formación en la que, por ejemplo, aprendió que los encuentros tenían que ser siempre en lugares públicos y en solitario con el joven que le fuera asignado, con el objetivo de que esto contribuyera a fomentar el vínculo entre ambos. Y así es como conoció a Issiaga.
“Si no hubiera sido por este programa, nunca habría conocido a una persona como él”, asegura, porque su entorno social, familiar y laboral no tiene ninguna relación con los jóvenes que emigran desde otros países. Los primeros encuentros, sin embargo, no fueron nada fáciles, admite. Por la diferencia de edad, de cultura, de todo. “Pero poco a poco fuimos descubriendo puntos en común”.
Se encontraban un día del fin de semana. "Yo buscaba actividades gratuitas que pudiéramos hacer, o visitábamos algún lugar. Por ejemplo, hemos ido a un montón de museos. O simplemente paseábamos y hablábamos. Una parte muy importante es escuchar, porque son personas que han vivido experiencias muy duras", dice Leticia.
Issiaga emigró de su país cuando solo tenía 15 años, después de que su madre muriera. Antes de desembarcar con una patera en las islas Canarias en junio de 2021, estuvo en Mali, Argelia y Marruecos en un periplo que duró tres largos años. Su amigo, con quien emprendió el viaje, murió ahogado en el naufragio de una patera en un primer intento por llegar a Europa que acabó en desastre. Él lo consiguió en el segundo intento.
"Yo había oído hablar de la situación de los inmigrantes, pero una cosa es oírlo y otra vivirlo de cerca. Es muy diferente", asegura Leticia, a quien le han sorprendido las muchas trabas administrativas que tienen y las múltiples dificultades a las que deben hacer frente. “Incluso para alquilar una habitación tenía que llamar yo porque a él no se la alquilaban”.
También asegura que la experiencia le ha ayudado a replantearse cosas. "Hay muchas cosas que tenemos interiorizadas aquí y creemos que son normales, pero que él no las entendía. Aprendes que también hay otras perspectivas", declara. "En mi país no puedes mirar a los ojos de una persona que es mayor que tú, se considera una falta de respeto. En cambio, aquí es todo lo contrario: si no miras a los ojos, creen que eres un maleducado", explica Issiaga, que también dice que ha aprendido la importancia de ser puntual. Antes siempre llegaba tarde o incluso ni se presentaba.
Actualmente, Issiaga está a punto de cumplir 23 años, estudia un grado superior de automoción, ha cursado un ciclo medio de electromecánica de vehículos y habla bastante bien el catalán después de haber asistido a clases del Consorcio para la Normalización Lingüística. Además, estudia inglés porque, según dice, mucha información vinculada a los vehículos está en este idioma. Tiene una determinación: ser mecánico. Y ya no se siente solo. “Tengo a la Leti y a su familia”. Come con ellos cada domingo y sabe que, si tiene alguna duda, puede contactar con ellos y le ayudarán.
"Ahora forma parte de mi familia", asegura Leticia, que ha aprendido que los inmigrantes, antes de ser inmigrantes, son personas.