Un crimen sin cadáver deja al descubierto los planes para llevar 9.000 kilos de cocaína en un submarino
La policía describe al acusado de matar a Diego Vargas como un "profesional de alto standing del crimen organizado"
BarcelonaEl 11 de mayo de 2020 era el primer día de desescalada del confinamiento por la pandemia de la covid. También es el día en que desapareció Diego Vargas, cuando estaba en semilibertad por una condena por conducir sin carnet. Nunca se ha localizado su cuerpo, ni su móvil, ni ha habido coincidencia alguna en las bases de datos internacionales con las muestras de ADN que han dado sus familiares para compararlo con víctimas sin identificar. Tampoco se ha vuelto a ver nunca su coche ni lo ha detectado ningún radar ni control policial, ni siquiera los que había durante las restricciones por la pandemia. El acusado de matar a Diego y esconder su cuerpo, Luis B., era su socio en una plantación de marihuana.
El hecho de que no haya cadáver ni arma del crimen –y, por tanto, ninguna información que éstas puedan aportar– obliga a las acusaciones a recosir todos los indicios para entender cómo fue el homicidio y explicarlo al jurado, explican fuentes judiciales. La fiscala del caso, Teresa Yoldi, tiene experiencia en otros juicios de crímenes sin cadáver y ya ha logrado tres veredictos de condena unánime en otras causas. En los interrogatorios a los testigos esta semana ha insistido en aspectos que seguramente no se habrían mencionado en un juicio en el que sí se hubiera encontrado el cuerpo de la víctima.Por ejemplo, cuando preguntaba en torno a Diego si había alguna posibilidad de que hubiera desaparecido voluntariamente sin avisar. La respuesta de la madre: "Conozco mucho a mi hijo, sé que no se habría ido a ninguna parte dejando a sus hijas".
La investigación ha dejado al descubierto que, a diferencia de la víctima, el acusado se dedicaba a mucho más que a pequeñas ventas de droga. La policía describe a Luis B. como un "profesional de alto standing del crimen organizado" que, entre otros movimientos, había estado implicado en el transporte de un submarino desde América Latina hasta la costa cantábrica cargado con unos 9.000 kilos de cocaína. Los investigadores apuntan como motivo del crimen la posibilidad de que Diego expusiera la actividad criminal de Luis B., que tenía en casa una veintena de armas de fuego. Entre los grupos de narcotráfico tenía el apodo de General.
Unas horas antes de desaparecer, Diego había descubierto que Luis B. le había engañado durante meses y era quien estaba detrás de un robo en la plantación de marihuana que le había dejado arruinado. Tenía dos hijas pequeñas y llevaba meses sufriendo para llegar a fin de mes. Diego y Luis B. cruzaron amenazas por teléfono antes de encontrarse en una nave de San Andrés de la Barca, y la última señal de vida de la víctima es la llamada perdida que hizo para que su socio le abriera la puerta. Después de ese encuentro Diego ya no respondió ni leer nunca más los mensajes con los que su entorno intentaba localizarlo.
El principal sospechoso nunca ha reconocido el crimen de Diego Vargas. Esta semana ha oído desde el banquillo de los acusados de la sala de jurado de la Audiencia de Barcelona cómo cerca de una treintena de testigos han ido desgranando los indicios que le acorralan cada vez más. De momento, él se ha limitado a decir que no reconoce las acusaciones contra él –el homicidio de Diego, por el que se expone a 15 años de cárcel– y la próxima semana, en la fase final del juicio, tendrá la oportunidad de dar más explicaciones.
Investigar sin información fundamental
La juez instructora Zita Hernández –que no se ha encargado de esta causa en concreto– valora en el ARA que un crimen en el que no se ha localizado el cadáver obliga a investigar sin una fuente de información "fundamental" y que eso supone una dificultad añadida. Sin embargo, remarca que esto en ningún caso impide que se pueda juzgar y condenar al responsable del crimen por homicidio o asesinato. De hecho, asegura que hay muchos más delitos en los que puede que no haya pruebas directas por muchos motivos diferentes. "Puede que a la víctima le hayan drogado y no pueda ni explicar qué ha pasado, o que haya un robo en una casa y no haya cámaras... la prueba por indicios es común y aceptada", desmitifica.
De hecho, hace ya una década que el Supremo declaró firme la condena por un doble crimen contra Ramon Laso, la primera en la que no se habían encontrado los cuerpos ni restos biológicos, y tampoco se ha localizado nunca el cuerpo de Marta del Castillo. En casos así las pruebas se forman a base de indicios, y la magistrada advierte de que sería imposible llegar a un juicio como éste con un solo indicio: "Tienen que ser plurales y estar interconectados entre ellos siguiendo una lógica racional".
La interconexión de los indicios que apuntan a Luis B. en la muerte de Diego Vargas ha ocupado buena parte de las tres horas que se ha pasado declarando este viernes el sargento que lidera la unidad central de personas desaparecidas de los Mossos d'Esquadra. Es la última persona que vio a Diego y tenía "motivos fundamentados para deshacerse de él": evitar que ventilara sus actividades de narcotráfico. Además, Luis B. dio una coartada falsa cuando explicó qué había hecho en las horas siguientes a la desaparición de Diego y eliminó parte de sus conversaciones de WhatsApp –las que mostraban la discusión y amenazas de ese día– antes de entregarlas a la policía.
Cruzando los datos de su móvil y las cámaras de vigilancia de la calle, la policía constató que tras el encuentro en la nave Luis B. dejó su móvil y condujo hasta Gavà con el móvil de Diego. También condujo con él hasta Viladecavalls, donde tenía otra nave, para dejar el móvil y realizar el recorrido de vuelta en un taxi, y cambió de furgoneta al día siguiente de la desaparición de Diego, cuando su familia exigía poder entrar en la nave para buscarlo.