Muere Pitu Cunillera, alma rebelde del Raval
Zapatero y activista cívico, fue clave en el asociacionismo y la creación del Casal dels Infants
BarcelonaNos ha dejado el querido Pitu Cunillera Gustems (1938-2026), zapatero y activista del Raval de Barcelona. Te has ido sin recibir un homenaje. Tú, que fuiste el volcán que aglutinó a los vecinos del entonces Distrito Quinto de Barcelona. El Chino. El Raval. Y que, después de varios intentos parados por la Autoridad Gobernativa, constituyeste, en 1973, la Asociación de Vecinos del Distrito Quinto, aprobada un año más tarde. Una asociación curiosa: primero los niños y las personas mayores. Y que no faltara la Comisión de Diversión, porque durante décadas lo que había mantenido la solidaridad, la moral, fueron las fiestas callejeras.
Costó, pícaro como eras, porque no te amaba nada el Concejal de Distrito, el sr. Abeja, que protestaba a SR. Gobernador Civil Excmo. Don Martín Villa. Qué tiempos aquellos, Pitu. Y tampoco por los grises que vigilaban las asambleas multitudinarias.
¡Por rebeldía, sí! ¡Por rabia, también! Esa rabia que habías mamado en Santes Creus desde que naciste en 1938, fallecido tu padre en el Frente del Ebro, marchando con la madre y hermanos y buscando en el Poble Sec el pan que os negaban en una tierra que no era para mujeres viudas. Humillación y rabia mamada. Poco después, en el Raval, viviendo de los equilibrios y la fortaleza de la madre. Como la que tuvo Rocío, qué paciencia. Y los hijos. ¡Eres un volcán!
Enraízaste bien arraigado, porque te apuntabas a todas las batallas. Recogías el hilo invisible antiguo del Raval, trenzado de revuelta, solidaridad y pertenencia. Rabia y humillación por los desahucios de gente que vivía precariamente al querer despejar el barrio estigmatizado. Rabia en 1966 cuando se quemó una casa en Carretas. Revuelta en 1974 cuando se quemó una en Tàpies, con bastantes muertes. Entre zapato y zapato, aglutinar el barrio e ir más allá, unidos a cualquier lucha: catalán en la escuela, Xirinacs en el Nobel, amnistía y libertad, derechos humanos. Transformación total del mundo.
Con la alegría pícara, estimulante, para liderar desde la zapatería en Sant Pacià, 6, una Casa del Pueblo donde la inmensa Rocío –¡sin ella, nada!– consolaba y abría la mesa a todo el mundo para organizar la feria de Sant Ponç o las colonias del Casal.
Pitu, nos has dejado tus dos grandes y permanentes homenajes: el Casal Dr. Trueta y el Casal dels Infants. Nos gustaría, sin embargo, que nos hubieras injertado la militancia, la revuelta, también la rabia para mantener la "lucha sorda y constante", sabiendo que por la igualdad de los niños, por la dignidad del barrio, todavía hay mucho que hacer.
A nosotros nos queda decirte: ¡gracias, Pitu! Sin ti no habríamos nacido en el Raval de Barcelona.