Puerta del Sol: de lugar de paso a ágora en veinte días
Los acampados dan por hecho que se acerca el final, pero ven una repercusión política en las organizaciones y los movimientos sociales
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MadridUna marea de miles de camisetas de color verde se acerca este miércoles al mediodía a la Puerta del Sol. "Educación pública de todos y para todos", se lee en letras blancas estampadas. Son los docentes de la escuela pública no universitaria de la Comunidad de Madrid, que comienzan una huelga general indefinida. Avanzan caminando por una de las calles que desemboca en el kilómetro cero de la capital española. Al llegar, rodean las casi 2.000 tiendas de campaña que continúan instaladas en la plaza desde hace casi veinte días: la primera se colocó la noche del 26 de septiembre.
Hace pocos años este lugar fue centro de un aluvión de críticas por una reforma en la que el hormigón pasó a ser el protagonista, mientras árboles y sombras desaparecían. En definitiva, una reforma que redujo la Puerta del Sol a ser un lugar únicamente de paso. Ahora, en ella reinan las tiendas de los manifestantes que hacen vida allí. Pero de la misma manera que la plaza, la acampada por el derecho a la vivienda también se ha transformado y lo ha hecho en aquello que precisamente reclama desde que nació: una ciudad donde poder tener un techo para vivir. A la vez, ha dado a Sol el sentido y función que los griegos otorgaron a estos espacios: ser una ágora. Este miércoles hay programadas diferentes charlas, así como la discusión sobre dos lecturas.
"No nos esperábamos para nada que la acampada y el desahucio de Maricarmen conectara de esta manera con todo un malestar que ya existía en las calles [...] Es muy excepcional que una respuesta concreta se convierta en esto", reflexionan desde el Sindicato de Inquilinas de Madrid, donde las afiliaciones han crecido desde entonces. "Para nosotros es una de las cosas más importantes y ahora toca sostenerlo. Muchas personas no vienen de espacios previos de militancia", reconocen. Ellos ya se preparan para la huelga general del 11-N: "El objetivo no es solo hacer una demostración de fuerza, sino que como sociedad tengamos que posicionarnos".
"Quizás la gente la veía [la acampada] como un fin, pero es un medio. Sol ha acabado siendo una herramienta de movilización social y empoderamiento personal para que la gente se siga organizando en los barrios o en colectivos y se vayan consiguiendo pequeñas victorias", reflexiona Sara (22 años). Es estudiante de relaciones internacionales y derecho y trabaja de camarera. Comparte piso con dos amigos. Hace días que duerme en Sol y lo compagina, como puede, con la rutina. Reconoce que está cansada, pero a la vez se muestra entusiasmada: "Madrid estaba bastante dormida y quiero pensar que quien ha puesto un pie aquí lo ve amigable [movilizarse] y se siente con fuerza para seguir [más allá de la acampada]".
Oye, ¿vas al "pulmón"?
— Sí, voy a mirar si necesitan una mano.
Otro manifestante se dirige al "pulmón". Es el nombre con el que se ha decidido bautizar el centro neurálgico de esta micrópolis, que se esconde bajo las cubiertas de plástico azules –hay más de medio centenar de calles y decenas de plazas con nombres (como calle Maricarmen o plaza de Gaza) que ordenan el espacio–. A las doce y media del mediodía diversas manos preparan allí bocadillos que después repartirán entre los acampados. Desde aquí se distribuyen los recursos: comida, mantas o ropa... Hay una lista de las necesidades de cada día, también de productos de higiene o material para mantener las tiendas estables, entre otros.
El "pulmón" es una de las comisiones que se ha constituido estas semanas. A ella se suma la comisión de urbanismo, por donde pasa todo el mundo que llega por primera vez a la acampada; la de mediación; cuidados y atención médica; la de comunicación o incluso una de material y reparación. Es decir, una ferretería. Todo ello ha servido para ordenar un espacio que, desde la espontaneidad, no ha dejado de crecer. "Cuando de repente eres tanta gente hay que hacer un esfuerzo de responsabilidad colectiva para que las cosas funcionen, para que la gente no se enfade o no se generen malentendidos", añade Sara.
Un movimiento transversal
"Cada día viene gente, y sobre todo gente mayor a hacer alguna donación [...] Gente que desde el privilegio –te dicen que tienen un piso y la vida resuelta– también colaboran porque entienden la situación de emergencia que atraviesa el país [...] Si se tiene un mínimo de criterio, sentido común y humanidad, se está al lado de la acampada", dice Anna (30 años), mientras ayuda a hacer los bocadillos. Se quedará toda la mañana porque por la tarde se va a trabajar. "Aquí también trabajamos. Si hasta tenemos coworking", dice medio riendo en lo que busca ser una referencia implícita a aquellos que les han tildado de "vagos". Y lanza un dardo contra los discursos de la derecha y la extrema derecha que han criminalizado las protestas: "Qué hay más a favor de España que defender que la gente pueda vivir en ella con dignidad".
Este miércoles el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida (PP), ha vuelto a cargar contra los acampados: "Que no se quejen, que están privatizando el espacio", ha dicho. Hace justo un año el Ayuntamiento cerraba la Plaza Mayor al público para un desfile de la firma de moda Carolina Herrera. Lo cierto es que en esta ciudad ácrata de Sol se puede entrar y salir en todo momento. También pasear.
Con los días la movilización ha trascendido la vivienda, a pesar de que continúa siendo el eje vertebrador. "Es una cuestión de justicia social", dice Anna. El naranja del Sindicato de Inquilinas de Madrid, que son los que plantaron la semilla de la acampada, ha dado lugar a otros colores y colectivos. Todos ellos se han organizado por barrios y de manera horizontal: sindicatos de barrios de Madrid, Ecologistas en Acción, Anticapitalistas, la Coordinadora Juvenil Socialista (CSJ)... También personas a título individual. "Es un error pensar que muchas luchas son individuales. De hecho, comparten muchas cosas: trabajamos mucho y no tenemos control sobre cosas básicas como la vivienda u otros servicios básicos como la educación pública o la sanidad", señalan desde el Sindicato.
Las organizaciones en defensa de la educación pública han estado presentes en la acampada desde el primer día con puntos de información sobre sus reivindicaciones. Profesores de infantil y secundaria hace meses que reclaman mejores condiciones laborales y recursos ante lo que consideran un "desmantelamiento" de un derecho y ahora han decidido ir a la huelga indefinida. Hoy ha habido piquetes, cortes de calles y una manifestación que también ha terminado en Sol. La polémica la han desencadenado las cargas de la Policía Nacional contra un grupo de estudiantes que también se estaba manifestando y que la delegación del gobierno español en Madrid investigará.
¿Qué futuro hay?
El jueves por la tarde hay convocada una asamblea para abordar el futuro de la acampada. De momento, no hay ninguna fecha fijada sobre su final, pero son diversos los manifestantes que reconocen que el día llegará, mientras crece la presión del gobierno local y autonómico, que ya han llevado la batalla a los tribunales para desalojarlos. Por eso, prefieren "hacerlo bien y tener en cuenta a todo el mundo", dice Anna. Ahora hay perfiles muy vulnerables; también mucha gente sin hogar que han encontrado en las tiendas un lugar donde evitar el raso, al menos durante unos días, y que son el último escalón de la crisis de la vivienda.
Sobre unos y otros planea una pregunta: ¿en qué quedará todo ello cuando baje la intensidad? "Este es el reto", admiten desde el Sindicato de Inquilinas.