Espacio público

Quejas en la cala Aiguablava de Begur: “Han privatizado parte de la playa”

El Ayuntamiento defiende que las tumbonas y los parasoles de pago ayudan a evitar aglomeraciones

BegurPack de dos tumbonas y un parasol por 25 euros mañana o tarde, o 50 euros el día completo; con un suplemento de entre 3 y 5 euros si estás en primera fila, o de 20 euros si quieres toalla. Estos son los precios que ofrecen en la cala Aiguablava de Begur si alguien quiere disfrutar de alguna de las cuarenta tumbonas que hay en la arena. El Ayuntamiento hizo un concurso público a principios del 2021 para ceder la gestión de este servicio hasta el 2024, pero el área que ocupan en la arena provoca quejas entre los bañistas. "Cada día igual: en la arena no cabe ni un alfiler porque las hamacas quitan la mayor parte del espacio disponible. ¡Han privatizado parte de la playa!", critican Sandra y Manel, una pareja de Manresa que tiene segunda residencia en el municipio. Por el contrario, desde el Ayuntamiento hacen una valoración "muy positiva" del servicio: "Es una cala con mucha demanda y presión turística, y es una manera de controlar parte del acceso y de evitar que haya aglomeraciones", resalta el regidor de Turismo, Eugeni Pibernat.

En el concurso que convocó, el Ayuntamiento sacó a licitación 14 lotes con diferentes servicios para las calas y playas de la población, que iban desde los chiringuitos hasta los kayaks o las tumbonas. Si se comparan los metros reservados para las hamacas, la de Aiguablava es la que se lleva más superficie: 240 metros cuadrados para 40 tumbonas y 20 parasoles. En cambio, en otras calas, las proporciones son diferentes: en Aiguafreda pueden ocupar 84 metros cuadrados (14 tumbonas y 7 parasolEs), o en Sa Tuna, 108 metros cuadrados (18 tumbonas y 9 parasoles). "Por ley, puedes destinar un 50% de la superficie a poner servicios. A partir de aquí, los técnicos evalúan cada playa y sus usos, y valoran qué superficie puede ocupar cada servicio. Pero no es un tema proporcional, sino de casuísticas de cada cala", indica Pibernat. 

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El regidor recuerda que Aiguablava tiene mucha más afluencia que Sa Tuna, y que hay tanta demanda para ir que tuvieron que poner dos trabajadores para controlar el acceso. "Las medidas que se habían aplicado hasta ahora no habían solucionado la masificación que hay en Aiguablava, y que provocaba que hubiera incidencias y peleas porque uno ocupaba más trozo de arena que otro, o porque estaba demasiado cerca o porque unos jóvenes tenían música y estaban fumando al lado", expone el regidor, que defiende la medida adoptada.

Playas "solo para ricos"

Además del control de acceso, en la cala de Aiguablava hay otros servicios como el aparcamiento de pago, o negocios de restauración y hostelería. Algunos de los trabajadores, que prefieren no hacer público su nombre, certifican las críticas de los bañistas: "Cada día hay quejas, porque la gente dice que no tiene sitio en la arena por culpa de las tumbonas, que están muy separadas y que ocupan todo el espacio central", explican. De hecho, en la parte de delante de las hamacas, al lado del mar, solo queda espacio para una hilera de usuarios, porque justo detrás están las cuerdas que delimitan el área de las tumbonas.

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En la arena, además, se oyen reproches también por el coste del servicio. "Nosotros somos dos adultos y dos niños, ¿cómo nos vamos a gastar 50 euros solo en hamacas? Y si sumas el dinero del aparcamiento, ¡ya es imposible asumir el coste!", lamenta Anna, vecina de Begur, y su amiga Elena añade: "¡Ir a la playa pronto será un lujo solo para los ricos!" 

En cambio, para Armando y Sofía, usuarios de las tumbonas, es una suerte tener esta opción: "Estamos de vacaciones, y preferimos pagar y estar más cómodos y tranquilos. Además, aquí no dejan fumar y se está mucho mejor que en la arena", comentan.

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Malestar también en Sa Tuna

Además de Aiguablava, el espacio que ocupan servicios como las tumbonas también provoca quejas en otras calas. El presidente de la Asociación de Vecinos de Sa Tuna, Quim Xifra, subraya que comparten todas las medidas que sean para evitar el contagio de covid, pero admite que el servicio de tumbonas ha causado "malestar" entre los vecinos. "Estamos en contra de que en una playa tan pequeña se ocupe un espacio para uso particular, que limita el acceso a todo el mundo. La autorización concedida desnaturaliza el principio de uso público de las playas", subraya el vecino.

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La entidad ha pedido en dos ocasiones a la Generalitat que compruebe si las tumbonas ocupan realmente los 108 metros cuadrados que tienen establecidos, pero no han recibido ninguna respuesta. "Nos gustaría que, cuando acabe la concesión, el Ayuntamiento se lo replanteara", pide Xifra.