Víctimas de Instagram: "Necesitaba la atención de la gente"

Un estudio interno de la aplicación revela que perjudica la salud mental de una de cada tres adolescentes

Argentona"Tenía la autoestima tan baja que no supe gestionar mis redes sociales", resume Paula. Tiene 16 años y hace cuatro meses que vive en el centro. Llegó después de haber tocado fondo, dice. Coge aire, y cierra los ojos para soltarse para explicar su historia: "Siempre me he visto a mí misma como una víctima. Sufrí anorexia, bulimia, acoso escolar. Me pasaba horas en Instagram, enviando y publicando fotos inadecuadas porque necesitaba la atención de la gente". Las fotografías y un vídeo de ella de alto contenido sexual se esparcieron por todo el instituto. Y tuvo que evadirse como fuera. Encontró dos vías para hacerlo: los porros y las autolesiones. "Empecé a consumir como una loca porque todo me daba igual".

En un informe interno que publicó en exclusiva la semana pasada el diario The Wall Street Journal, Instagram admitía que "empeora los problemas de imagen corporal en una de cada tres adolescentes" que utilizan esta red social. Según el estudio, el 32% de chicas dicen que "cuando se sienten mal con su cuerpo, Instagram las hace sentir peor", porque las comparaciones que inevitablemente acaban haciendo con otras personas –y otros cuerpos– "alteran la manera en que las jóvenes se perciben y se describen a ellas mismas". Detrás de este 32% hay chicas con nombres y apellidos, jóvenes que arrastran mucho malestar emocional y que acaban canalizándolo con conductas de riesgo, dentro y fuera de las redes. Instagram no es el origen de sus problemas, es un falso refugio que las acaba dejando todavía más solas. El ARA ha hablado con tres chicas menores de 18 años que durante mucho tiempo han intentado rehuir su malestar buscando la aprobación social a través de las redes sociales. Ahora hacen terapia en el centro que la fundación ITA tiene en Argentona, donde se recuperan de trastornos de conducta y adicciones.

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Desconocimiento de la familia

Paula ahora ha puesto distancia y, con su terapeuta, ha vuelto a entrar en su cuenta de Instagram. "Me da asco, me degradaba como persona –asegura–. Ahora veo que mis problemas con el consumo de drogas, sociales y de adicción a la tecnología fueron a raíz de un mal uso de las redes". Es como un pez que se muerde la cola: "Tienen muchos problemas de autoestima, problemas en casa, en la escuela, con inseguridades propias de la edad. Y buscan sentirse queridas a través de las redes sociales, es decir, a través de su imagen", relata Rita Antón, psicóloga del centro de ITA. Pero catalizar sus problemas emocionales en las redes no las hace estar mejor, sino que les genera cada vez "más inseguridades". Una de las dificultades para abordar esto a tiempo es que muy a menudo las familias "desconocen del todo la imagen que dan sus hijos en las redes".

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Saray –nombre ficticio– tenía a toda su familia bloqueada en Instagram. No llegaron a ver las fotos que colgaba la chica, que ahora tiene 16 años. "Veía a chicas que estaban muy buenas y quería ser como ellas. Me maquillaba mucho, me ponía guapa, y también colgaba fotos en ropa interior para gustar a los demás", recuerda. Se pasaba "todo el día" en esta red social, haciendo scroll, saltando de una cuenta a la otra y colgando fotos con filtros para verse mejor. Incluso, dice, le gustaba que le hablaran "hombres mayores". "Porque al menos quería decir que gustabas a alguien", justifica. Saray asegura que Instagram le ha "perjudicado la salud", porque a los problemas que tuvo con sus amigas y a la mala relación que tenía con sus padres se le añadió la inseguridad que le generaba compararse constantemente con tantas personas. Y para escaparse –al menos mentalmente– de una adolescencia complicada empezó a consumir. "Me enganché también porque me dijeron que la droga adelgaza", dice sin tapujos. Ahora hace ocho meses que está ingresada en el centro, después de dos años acercándose al abismo de las drogas, en el que acabó cayendo: "Llegué aquí a Argentona fumada, porque consumía cannabis cada día, y de vez en cuando MDMA y pastillas de éxtasis".

El estado anímico, en función de los likes

Itziar –también prefiere dar un nombre falso– solo hace un mes que llegó a ITA, también para desintoxicarse del abuso de los porros y parra "tener más autocontrol". Como Paula y Saray, Itziar también colgaba imágenes suyas en ropa interior para captar la atención de los chicos. "Y los chicos me abrían, pero no me abrían los que yo quería, y además me hablaban solo por mi físico, nunca para saber cómo soy en realidad", dice. Su estado de ánimo empezó a depender del número de likes que recibían sus fotos. "Si no llegaba a la cantidad que yo pensaba, me afectaba y me sentía mal", reconoce. Durante mucho tiempo se comparó constantemente con otras chicas: por el cuerpo, por las fotos, por la ropa, por los me gusta que recibían. Era, simplemente, el camino que encontró para sentirse valorada: "Tenía muchos problemas conmigo misma, en el instituto, con los padres, y me evadía así, o cortándome o pegándome con otra gente".

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El mismo estudio interno de Instagram revelaba que algunos de los problemas detectados entre las adolescentes "eran específicos de Instagram y no de las redes sociales en general", sobre todo porque favorece las comparaciones con el atractivo personal, la riqueza o el éxito entre las personas, incluidos menores de edad. "La tendencia a compartir los mejores momentos, la presión para parecer perfectas y el efecto adictivo puede abocar a los adolescentes hacia trastornos alimentarios, a querer tener un cuerpo saludable, y a la depresión", decía el informe, que Facebook se ha negado a hacer público. También añadía que una cuarta parte de los adolescentes "no se sienten lo bastante buenos" o atractivos y que esta sensación empieza a raíz de usar la aplicación, a la que "quieren dedicar menos tiempo, pero no tienen suficiente autocontrol para hacerlo". En España, 20 millones de personas tienen Instagram, y no se sabe cuántas son menores de edad.