El matadero que no mira al Ebro
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En Tortosa, todo mira hacia el río: la catedral, el palacio episcopal, algunas casas, los puentes... Bueno, todo menos el matadero. El edificio, proyectado por Pau Monguió –todavía hoy bastante desconocido y poco valorado–, tiene la fachada y el acceso principal de cara a la actual rambla de Felip Pedrell, con el castillo de la Suda enfrente. Como si, en una ciudad construida de cara al Ebro, el matadero hubiera decidido mirar hacia otro lado.
El motivo de esta decisión es, precisamente, la necesidad de garantizar un buen acceso al ganado, que llegaba por carretera procedente de las montañas, los pastos y las granjas de los alrededores de la ciudad. Y, como en muchas otras construcciones de este tipo, el agua, imprescindible para la higiene de las matanzas y de las instalaciones, también tenía un papel fundamental y condicionaba la organización del espacio.
Como muchos otros pueblos, villas y ciudades del Campo y del Ebro, Tortosa necesitaba organizar, formalizar e higienizar la matanza de animales destinados al consumo humano, que en muchos casos era un monopolio municipal o se hacía bajo algún otro tipo de concesión. Un terreno ganado a la orilla del río, bien comunicado y bastante llano fue el elegido para ubicar allí un nuevo matadero.
Monguió hizo el proyecto en 1905. La primera piedra se colocó el 29 de agosto de 1907, y las obras terminaron el año siguiente. En esta época, el arquitecto tarraconense se convirtió en arquitecto municipal de Tortosa, una ciudad en la cual dejaría una huella notable. Entre sus obras están la Casa Manel Camós, la Casa Ramon Sechí, el Matadero Público, la Casa-Chalet Ferran Pallarès, la Casa Matheu y la Casa de doña Pilar Fontanet. En una segunda etapa, ya años más tarde, Monguió proyectó la escalinata de acceso al lago nuevo del parque municipal y la Casa David Pinyana.
El edificio no es, en realidad, un edificio, sino todo un recinto. Monguió planteó el matadero como un conjunto de pabellones distribuidos dentro de un gran espacio rectangular, cada uno destinado a una función concreta: los corrales, las salas de matanza y de aireado, la inspección de las carnes, las dependencias de los trabajadores, la cuadra o la cochera. Los diferentes cuerpos se organizan alrededor de un espacio central y se conectan mediante patios y zonas de circulación.
La fachada principal concentra buena parte de este lenguaje. En el cuerpo central se abre una sucesión de arcos de ladrillo, flanqueada por dos torres más altas, de planta cuadrada y cubierta a cuatro aguas. El resultado es una fachada monumental, casi más propia de un equipamiento representativo de la ciudad que de un lugar destinado al sacrificio de animales.
El matadero cerró el año 1997. Quedaban atrás casi noventa años de historia de la alimentación y la gastronomía tortosinas. Pero la historia del edificio no se acabó aquí. El año 2012 llegó el Museo de Tortosa, y aquel mismo espacio que había estado dedicado a alimentar físicamente a la ciudad pasó a conservar, de otra manera, su memoria: la alimentación y la gastronomía, esta vez desde la cultura, el arte y el patrimonio.