De la singularidad a la uniformización

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Calçots, a punto de ser mojados en salsa romesco
21/10/2026 - 00:02 h

Hubo una época en la que no tenías que pedir hora cuando ibas a la peluquería. Entrabas, preguntabas quién era el último y esperabas pacientemente tu turno. Era a finales de los ochenta y yo era un chaval que hojeaba El Mundo Deportivo –las alternativas eran una revista de motor y la Interviú, el menú comunicativo de la época en los establecimientos masculinos del sector– mientras escuchaba las conversaciones entre los parroquianos y el peluquero, que iba haciendo faena. Una faena que, según uno de los clientes que esperaban su turno, iba lenta, mientras el dueño, haciendo funcionar la tijera, mantenía que no. “No me empezarás a cortar el pelo a tal hora”. “¡Que sí!”. La solución: jugarse una cena... en el Sol Ric.

Con mis diez u once años, el Sol Ric, donde nunca había ido, se situó automáticamente en el top de restaurantes de Tarragona. Si se jugaban una cena tenía que ser muy bueno. Por eso, cuando paso ahora por el inicio de la Vía Augusta, una cierta sensación de tristeza me recorre el cuerpo observando la rapidez con la que se está construyendo un nuevo establecimiento de McDonald's donde hasta hace pocos años había uno de los restaurantes de referencia de calçotadas y carne a la brasa de Tarragona, y que hace unos meses fue derribado.

Y eso que solo había ido una vez a comer al Sol Ric, una calçotada de la cual guardo un buen recuerdo. También tengo muchos recuerdos de otro restaurante mítico de la segunda mitad del siglo pasado, en este caso de Torredembarra. El restaurante Morros. En primerísima línea de mar, con unas impresionantes vistas al Mediterráneo desde un comedor donde fui a una retahíla de bodas, bautizos y primeras comuniones familiares. Desde hace una década y pico alberga un establecimiento de la cadena de pizzerías Tagliatella.

Dos ejemplos de cómo la singularidad está dejando paso a la uniformización en el paisaje de la restauración tarraconense. Encontraremos otros. Y también en el comercio. Un síntoma más de hacia dónde va nuestra sociedad, con calles que cada vez se parecen más de una ciudad a otra. Eso sí, de barberías y peluquerías cada vez hay más. Bien peinados sí que vamos.

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