¡Cómo sube todo… menos los sueldos!
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El otro día entré en un centro comercial y me quedé de piedra al ver el precio de un pintalabios. ¡Casi quince euros! ¿En qué momento hemos normalizado que cueste tanto? Enseguida recordé la primera vez que fui a un supermercado que hoy conoce todo el mundo y que, hace más de veinte años, irrumpía con fuerza. Salí con dos carros llenos hasta arriba y una factura de 16.000 pesetas, unos 96 euros. ¡Dos carros! Hoy, con 100 euros, apenas llenas medio.
Y no es solo la compra. Un café con leche ronda los dos euros, un refresco supera los 2,50 y un menú en un bar puede pasar de los 18. Salir a cenar en familia ya obliga a hacer números antes de salir de casa. Pero hay un detalle que lo cambia todo: los precios no dejan de subir mientras que muchos sueldos no suben al mismo ritmo. Y ahí radica el problema. No hablamos de grandes lujos, sino de pequeñas costumbres que hasta hace poco parecían normales.
Nos quejamos, comparamos precios y acabamos pagando, porque vivir no es opcional. Pero ¿hasta cuándo podremos continuar haciendo equilibrios?
Quizás el verdadero lujo ya no será comprar un pintalabios o salir a cenar, sino llegar a fin de mes sin tener que contar cada euro.