El activo electoral de Puigdemont
Dentro de pocas semanas, otro presidente cruzará la frontera, esta vez, afortunadamente, de vuelta a casa y en avión. Puigdemont será vigilado de cerca, y no solo por la escolta de los Mossos, sino también políticamente
-
CAT -
ENG
Hoy hace 86 años que el presidente Lluís Companys fue fusilado por el ejército español en el castillo de Montjuïc, en Barcelona.
Esta mañana, su figura ha sido objeto de homenaje a pie de tumba. Han asistido los presidentes Illa y Rull y representaciones de los partidos, y ha habido intervenciones con regusto de inevitable precampaña.
El presidente Companys, veinte meses antes de su asesinato disfrazado de legalidad, con un Consejo de Guerra-farsa propio de las dictaduras, había emprendido el camino del exilio, uno más de la retirada masiva de febrero del 39. Atravesó la raya fronteriza por el coll de Lli y se quedó a vivir en Francia, donde sería detenido un año más tarde por los alemanes y entregado a la policía española.
Dentro de pocas semanas, otro presidente de Cataluña atravesará la frontera, esta vez, afortunadamente, de vuelta a casa. Carles Puigdemont no atravesará la raya a pie, sino que regresará en un avión comercial para retomar su vida en Cataluña nueve años después de haberse marchado. Su vuelta tendrá una dimensión emotiva y personal: volver a Amer, donde están enterrados sus padres, a quienes no pudo acompañar los últimos días de vida, volver a vivir en su casa en Girona, empezar a trabajar en su despacho de expresidente en Barcelona y responder al afecto que ha recibido de miles de personas que le han escrito o le han visitado durante estos años. Pero, evidentemente, su vuelta será política. Es seguro que será protocolariamente recibido en el Palau de la Generalitat por Salvador Illa y que se sentará en su escaño del Parlament (otra cosa es que entre o no, más bien no mucho, en la actividad parlamentaria de cada día). Y es lógico pensar que querrá dirigirse al país igual que querrá tocarlo y olerlo, tal y como dijo.
El regreso de Puigdemont será vigilado de cerca, y no solo por los Mossos, que obviamente tendrán que protegerlo de las amenazas que recibe, sino que también será muy vigilado políticamente. Porque por más que haya cambiado el país y que cada uno haya digerido el 2017 a su manera, Puigdemont pertenece a la categoría de políticos que hacen que pasen cosas, y después de haberle aguantado el pulso al Estado durante nueve años, ahora no volverá para encerrarse en casa a escribir las memorias, sino para hacer política y continuar el proceso de independencia. Y todo el mundo sabe que Puigdemont es un activo electoral. Puigdemont siempre ha dicho que ve el proyecto como un proceso y, en este sentido, debemos esperar más reivindicación del 2017 que disculpas o autoflagelaciones. Por eso no volverá hasta que no pasen las elecciones del 29 de noviembre, para que su diálogo con la gente no quede supeditado a las urgencias de una campaña en la que no será candidato.
Buenos días.