Amnistiados, sonrisas y lágrimas

Los amnistiados deben entender que si notan falta de reconocimiento a su resistencia es porque el cainismo ha amargado a mucha gente el recuerdo de unos años de ilusión

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Miniatura columnita
22/10/2026 - 11:31 h

Nueve años después, Lluís Puig volvió ayer a su ciudad, Terrassa, donde fue recibido entre lágrimas de emoción por parte de los terrassenses que cada día, durante más de 3.000 días, se han ido encontrando al atardecer para cantar por la libertad. También Oriol Junqueras y Raül Romeva fueron homenajeados en Sant Vicenç dels Horts. Puig irá esta tarde al Parlament y se sentará en su escaño, hasta ahora ocupado por un lazo amarillo. El discurso de los amnistiados basculaba entre el volver a estar allí donde estábamos y la idea de que han ganado una batalla a España. ¿Es así?

A ver, la dimensión humana de la situación de los exiliados y represaliados es bien comprensible. Son gente que ha sufrido y que ha pagado un precio personal, familiar y profesional. Y creo que no deberíamos ser tacaños a la hora de admitirlo ni negarles un reconocimiento personal, por más agujeros que tuviera el plan que urdieron en 2017. La lectura política que hacen es más discutible. ¿Ha ganado Cataluña a España? En términos de poder político, no. No solo porque Cataluña no es independiente como pretendían los presos y exiliados hace nueve años, sino porque en estos nueve años los logros han sido primero los indultos y después la amnistía, pero Cataluña no tiene más poder político que hace años. Sí que ha quedado claro que sin los independentistas catalanes no es posible en España un gobierno de izquierdas.

Pero la reflexión más profunda sobre dónde estamos y adónde vamos vendrá cuando llegue Carles Puigdemont. Su discurso no admitirá ninguna derrota. No puede sentirse derrotado quien ha preservado la presidencia de la Generalitat de sentarse ante un juez español o de pisar una cárcel española. Su estrategia de defensa en Bélgica, Dinamarca, Alemania, Italia, ha resultado victoriosa ante la caza judicial española. Y aún más, Puigdemont volverá y reivindicará una palabra ahora tan mal vista como es “Procés”. Para el presidente todavía en el exilio, el viaje hacia la independencia es largo y ahora hemos vivido una etapa. Y Puigdemont no quiere flagelarse más, ni él ni el país. Quien está en un movimiento de liberación nacional no va ni explicando la táctica, ni pidiendo perdón por sus errores cada día.

Con todo, los amnistiados, incluido Puigdemont, han de entender que buena parte de la decepción, de la deserción e incluso de la falta de reconocimiento de su resistencia durante estos años es imputable al cainismo con el que han actuado, a la tierra quemada que ha quedado alrededor de Junts, de Esquerra, de la CUP, de las entidades sociales. El independentismo ya da por descontado que el Estado español reprimirá, lo que resulta más doloroso es que el independentismo se haya dividido con tanta agresividad y con tanta acritud. Han conseguido amargarle a mucha gente el recuerdo de un tiempo de mucha ilusión, de mucho empuje, de mucho trabajo compartido. La gente continúa sin entender ni admitir tanta división cuando resulta que delante había un objetivo tan difícil.

Buenos días.

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