Si el gobierno ha infiltrado Mossos en asambleas de docentes, es un escándalo político

08/05/2026
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El gobierno español se está luciendo con las diferencias de criterio públicas que mantienen los ministerios de Sanidad y de Defensa sobre si es obligatoria o no la cuarentena para las personas que han estado en contacto con infectados por el hantavirus. Y es verdad que los procedimientos por el brote se han activado tarde y mal, y así estamos, buscando con urgencia pasajeros que estuvieron en contacto con los contagiados y contando casos de personas que se han aislado en Singapur o que están bajo vigilancia en Estados Unidos. Pero lo que me parece insofrible es el griterío político, prácticamente la histeria, alrededor del caso. El gobierno de Canarias no quiere el barco a puerto (como si no llevaran a los afectados a puerto); Ayuso –que ahora se dedica a imitar a Pedro Sánchez para jugar en el escenario internacional como referencia de la derecha más rancia y se va a México a defender a Hernán Cortés para ver si provoca un escándalo mundial– se pregunta por qué han de llevar afectados a Madrid (como si no tuvieran allí un hospital de referencia), y el PP va gritando “¡Esto es el caos!” por las esquinas. Es una vergüenza, porque sabemos que el hantavirus no es como la COVID –lo ha dicho la OMS–, y vivimos en un país desarrollado, miembro de la Unión Europea, con capacidad de tratar esta enfermedad. Venimos de una pandemia en la que mucha gente sufrió mucho y se angustió mucho, que disparó las enfermedades mentales, y ahora lo que correspondería sería tener sentido de estado. Cuando una crisis todavía está abierta hay que pensar dos veces los mensajes y dejar la crítica para cuando esté solucionada.Sobre crisis abiertas, la guerra de Irán continúa pero ya ha llegado a unos niveles de confusión que empieza a parecer aquella guerra de Gila, en la que un general descolgaba el teléfono y preguntaba por el enemigo. En estos momentos, oficialmente, el alto el fuego se mantiene, pero Estados Unidos e Irán se continúan intercambiando ataques. Trump no sabe cómo acabar esta guerra, a la que fue arrastrado por Israel, que le está encareciendo la gasolina y, por lo tanto, enfadando a sus votantes. Por eso continúa diciendo las de "la altura de un campanario", abriendo polémicas y fuegos alternativos, como cuando dijo que el Papa estaba poniendo en peligro a muchos católicos porque no le importaba que Irán tuviera la bomba atómica. Pero el Papa le puso en su sitio con una frase destinada a pasar a la historia de su pontificado: “Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad, porque la Iglesia se ha manifestado contra todas las armas nucleares durante años, y no hay ninguna duda al respecto”. Muy bien dicho.Otra crisis política: sindicatos de enseñanza han denunciado que detectaron mossos infiltrados en las asambleas de maestros. Urge una explicación del Gobierno. Sería impresentable, propio de un régimen autoritario. Esta mañana, cuando le han preguntado sobre el tema en la SER, el presidente Illa se lo ha quitado de encima diciendo que la consellera ya dará explicaciones, como queriendo decir que el presidente no sabe nada ni tiene por qué saber nada. No pinta muy bien, y menos en medio del conflicto laboral entre docentes y el departamento, porque parece que los has ido a espiar. Ya creo que hacen falta explicaciones.

Termino. Este fin de semana puede pasar algo que no ha pasado nunca, que es que el Barça gane la Liga en el Camp Nou jugando contra el Madrid. Con el empate le basta. El Madrid vendrá a Barcelona peleado, literalmente, y aunque subiría por la próxima media hora, me abstendré. Todo está a favor del Barça este domingo, y se trata de no estropearlo. No lo creo, porque la mayoría de jugadores del Barça son jóvenes, hechos en casa, muy culés, y ganar la Liga contra el Madrid les hace mucha ilusión. Y si hablamos de fútbol, han hecho mucho más que el Madrid. El lunes estaremos aquí para celebrarlo. 

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