Sánchez arrasa a "La Revuelta" y mantiene la esperanza del PSOE
“Ellos se acuerdan de mi madre y yo me acuerdo de las suyas cuando subo las pensiones”. El equipo de Sánchez es muy bueno y él, para estas cosas, también.
Después de 9 años de exilio, el diputado Lluís Puig pudo volver ayer a sentarse en su escaño del Parlament. Su emoción contrastó con la frialdad con la que fue recibido por el grupo socialista, al frente del cual no estuvo el presidente Illa, quizá porque una cosa es haberse convertido a la fe de la amnistía cuando su amigo Pedro Sánchez ha necesitado a Junts para ser investido como presidente y la otra aparecer junto a alguien que no ha pasado por la cárcel y que durante nueve años ha sido caracterizado como “prófugo” (en realidad, de prófugo nada, porque los exiliados han estado siempre, desde el primer día, a disposición de la justicia belga (o alemana o italiana en el caso de Puigdemont).
Pero mientras la amnistía acaba de aplicarse y cierra el capítulo de 2017, la precampaña electoral española ha entrado definitivamente en el segundo cuarto del siglo XXI.
Ayer por la noche, Pedro Sánchez fue a La Revuelta, de TVE. ¿Y saben una cosa? Arrasó en audiencia: en Cataluña lo vieron de media más de medio millón de personas, con puntas de más de 600.000 espectadores. Durante una hora y tres cuartos, de cada 100 televisores encendidos, unos 35 tenían puesta la entrevista. Los datos de España son parecidos: un 34% de audiencia, el récord histórico absoluto de La Revuelta en sus dos años de emisión, superando la anterior marca, que tenía Rosalía (20,4%). Cuidado con el dato. Es verdad que la popularidad no son votos, pero una audiencia así es el sueño de cualquier director de campaña electoral. Indica que Sánchez genera expectativa televisiva y no la defrauda. Como observa hoy Mònica Planas, Sánchez fue vestido con camisa y pantalones vaqueros, que es la nueva pana socialista, aprovechó para colocar todos sus mensajes y tuvo preparadas réplicas brillantes: “Tiene su épica, eso de ser la aldea gala, ja, ja, ja. Bueno, a ver. En todo caso, si insultan, pues allá ellos. Me insultan de todas las maneras. ¿Se acuerdan de mi madre? Ja, ja. Yo también me acuerdo de las suyas, cuando subo las pensiones o cuando subo el salario mínimo interprofesional”.
El equipo de Sánchez es muy bueno y él, para estas cosas, también. Porque una cosa es que un político vaya a un programa de entretenimiento, que eso ya es un clásico, y otra es que entretenga y no decaiga. Ayer jugaba en casa, sí, pero Sánchez domina los códigos y los tonos. Es el favorito en un cara a cara con Feijóo.
Les decía que la precampaña nos ha hecho entrar en la segunda mitad del siglo XXI. El big data domina: que si alianzas en el Senado para asegurarse las 3/5 partes de los escaños y dominar los nombramientos en el TC, que si en determinadas provincias el resto de la ley electoral puede dar un escaño por unas décimas, y la IA.
Caras socialistas conocidas dicen lo peor de ellas mismas y lo rematan con un “soy izquierdista”. Es IA al servicio del PP. Lo dice debajo, en una letra casi ilegible. Afilen sus herramientas cognitivas, porque, hoy en día, ver ya no es creer. ¿Qué capacidad tiene todo este show de cambiar el voto? No se sabe, pero si los partidos lo hacen, con la cantidad de dinero que se gastan en prospectiva electoral, es que funciona o puede funcionar. Se trata de mantener la iniciativa, hacer ir al otro a remolque, acertar el tono, mantenerlo y llegar al día de las elecciones con la mejor intención de voto. Pensar rápidamente, ejecutar rápidamente y la perfección. Desde este punto de vista, la campaña promete.
Buenos días.