Genética

Por qué hay gente que puede morir de enfermedades infecciosas aparentemente leves para la mayoría de nosotros?

Diferencias genéticas individuales pueden explicar por qué algunas personas enferman y otras no, a pesar de estar infectadas con los mismos patógenos

18/04/2026

Una de las promesas del Proyecto Genoma Humano –que este año se cumplen 25 años de su publicación– era que nuestro genoma nos permitiría predecir cómo somos y de qué enfermaremos. Las previsiones de los años 90, al comenzar el proyecto, eran muy optimistas y quizás hasta cierto punto ingenuas, porque la información genética no es lineal ni sencilla, sino compleja, con muchos niveles de regulación e interacción. Además, también hay que tener en cuenta los factores ambientales, incluyendo la alimentación, el ejercicio, el estrés, y también, muy importante, el historial de enfermedades e infecciones a lo largo de la vida, que impacta en nuestra salud a largo plazo.

A raíz de la pandemia de la covid-19, también somos conscientes de que hay diferencias individuales, porque no todos fuimos igualmente susceptibles a las consecuencias graves de la infección por el virus SARS-CoV-2. Hasta que un gran número de personas no fuimos infectadas por el patógeno, no supimos cuáles sufrían una enfermedad más grave que les podía quitar la vida y cuáles respondían pasando la enfermedad de forma leve o asintomática. La existencia de enfermedades crónicas en gente mayor era un factor a tener en cuenta, pero también las diferencias genéticas en la respuesta al virus.

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A modo de ejemplo, después de muchos estudios genéticos y con una cohorte de pacientes tan grande y estudiada como la europea, se identificaron diferentes genes que determinaban la respuesta de nuestro sistema inmunitario al virus, entre los cuales había un fragmento cromosómico concreto del genoma de nuestros antepasados neandertales que provocaba una respuesta exacerbada a la infección por el SARS-CoV-2 en las personas que lo habían heredado.

Es probable que algunos de vosotros hayáis visto una de las primeras películas de John Travolta, en la que representaba a un chico con una enfermedad genética rara que provocaba inmunodeficiencia genética combinada grave (los mal llamados niños burbuja). En esta enfermedad, los niños que han heredado mutaciones en el gen ADA por parte de padre y de madre sufren una muerte preferencial de los glóbulos blancos y no pueden defenderse ante infecciones. En otras familias, mutaciones muy infrecuentes en genes que codifican los interferones (una de las defensas de nuestro sistema inmunitario a la infección por virus y otros patógenos) determinan que una infección por un microorganismo considerado oportunista y de infecciones leves en la mayoría de nosotros, pueda causar afectación a múltiples órganos y, muy a menudo, la muerte.

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En cuanto al conjunto de la población, no debemos olvidar que somos el resultado de cientos de miles de años de selección natural sobre nuestros ancestros, cuando no había cirugía ni medicamentos, ni agua potable disponible siempre. La gente moría de diarrea, tuberculosis e infecciones de heridas abiertas. Los virus, hongos y bacterias de zonas húmedas no son los mismos que los que hay en los trópicos. Nuestro pasado determina nuestro presente genético. Así, se van seleccionando diferentes variantes genéticas que proporcionan resistencia a la malaria, como las mutaciones en los genes de las alfa y beta globina, que alteran la formación de hemoglobina y que, cuando se heredan variantes por parte de los dos progenitores, causan enfermedades como la anemia falciforme o las talasemias alfa y beta; las mutaciones genéticas que confieren mayor resistencia al tifus, cólera o la salmonelosis, pero que también, si se heredan por parte de los dos progenitores, causan fibrosis quística; o como esta región cromosómica de nuestros antepasados neandertales que fue seleccionada para resistir ciertos patógenos, pero que ante el virus SARS-CoV-2 determina una reacción inflamatoria inesperada que puede causar la muerte.

Avanzar hacia la medicina de precisión

programa piloto voluntario de cribado y diagnóstico genético de todos los recién nacidos

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De hecho, en el Reino Unido, el sistema público de salud está implementando un programa piloto voluntario de cribado y diagnóstico genético de todos los recién nacidos mediante la secuenciación completa de su genoma, que de momento complementa la prueba del talón, pero que proporciona muchísima más información sobre las enfermedades genéticas minoritarias que pueden padecer estos niños, algunas mucho antes de que las manifiesten. Vale la pena recordar que alrededor de un 6%-8% de todos nosotros tenemos una enfermedad rara, y alrededor de un 5%, reacciones adversas inesperadas –pero predecibles genéticamente– a los medicamentos. La respuesta inmunitaria diferencial también se puede predecir en muchos casos.

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Toda esta información permitirá implementar una medicina de precisión según las combinatorias genéticas que hayamos heredado –que no podemos elegir, es una lotería genética– y tomar decisiones preventivas para evitar o ralentizar su manifestación, con medidas personalizadas que sí que dependen de nosotros.