Biomedicina

¿Modificaremos genéticamente a los astronautas para llegar a la Luna y a Marte?

La exposición a elevadas dosis de radiación en el espacio profundo pueden causar cáncer y neurodegeneración en los humanos

Fotograma de la película "Mart".
28/04/2026
4 min

Hace unos días la humanidad volvía cincuenta años después a la Luna y batía el récord del viaje tripulado más lejano en el espacio. La misión Artemis II de la NASA llevó con éxito a cuatro astronautas, tres hombres y una mujer, hasta la cara oculta de nuestro satélite. El siguiente gran hito será un nuevo alunizaje humano, que, si todo va como está previsto, sucederá a principios de 2028. A partir de aquel momento, con misiones cada seis meses, se construirá una base lunar permanente, que debería estar terminada hacia 2029-2030.

A la conquista de la Luna se sumará la de Marte. Diversas agencias espaciales han anunciado que tienen planes para enviar misiones tripuladas y en algún momento, también, establecer comunidades humanas habitables permanentes.

Para que esto realmente suceda, uno de los principales retos a los que deberemos enfrentarnos y resolver es la fragilidad humana. En el espacio profundo nos enfrentamos a dosis muy elevadas de radiación cósmica, altamente energética, que hace pedazos nuestro ADN y provoca cáncer y enfermedades neurodegenerativas, entre un sinfín de problemas de salud. De hecho, estar expuesto de manera continuada a estos rayos ultraenergéticos, como los alfa o los gamma, pone en grave peligro la vida.

“Llegar a la Luna o a Marte llegaremos, pero vivir en ellas no será factible, al menos a corto plazo”, asegura Aleix Bayona, jefe del laboratorio de biología del cáncer y cromatina de la Facultat de Biologia de la Universitat de Barcelona (UB), y experto en inestabilidad cromosómica.

“La radiación cósmica freirá literalmente el ADN de nuestras células y ya hay artículos científicos que han demostrado que esto provocará un aumento de cáncer y de neurodegeneración de los astronautas”, añade la catedrática de genética también de la UB Gemma Marfany.En la Tierra –e incluso en la Estación Espacial Internacional un poco– la magnetosfera y la atmósfera actúan de escudos protectores y evitan en gran medida esta rotura del ADN. Además, las células del organismo disponen de mecanismos de reparación. En el espacio, sin embargo, expuestas a radiación de manera continua, serían incapaces de reparar los daños.

Por eso, defienden ya algunos científicos, como Bayona: "Tenemos que buscar mecanismos que permitan a los astronautas sobrevivir o adaptarse a estos entornos hostiles”. Y ponen sobre la mesa una opción: la modificación genética.

Editar el genoma para hacer humanos más resistentes

“Podríamos editar el genoma de los astronautas o transferirles genes de otros organismos, como los tardígrados, unas criaturas microscópicas muy resistentes a las radiaciones”, apunta este investigador. Y Marfany lo amplía: “La única manera de sobrevivir al espacio es protección externa o incrementar los mecanismos de reparación del ADN dentro de cada una de las células de nuestro cuerpo. Y esto solo se podría hacer con edición genética en embriones”. 

Estas ideas van en la línea de lo que defiende Christopher Mason, catedrático e investigador en la Universidad Weill Cornell, en EE.UU., y que ha trabajado con la NASA para evaluar el impacto de los viajes espaciales en la salud de los astronautas. Uno de los estudios científicos más famosos en los que ha participado es el de los hermanos gemelos, ambos astronautas, Mark y Scott Kelly. Uno de ellos, Scott, pasó un año en la Estación Espacial Internacional, y al volver los científicos pudieron comparar qué había pasado con los genes de ambos. En un libro que fue polémico, y a partir de los resultados de estudiar a los gemelos, Mason defendió que hay que mejorar a los humanos, hacer de ellos una nueva especie adaptada a las condiciones hostiles del espacio. Esto implicaría editar los embriones, para conseguir generaciones de humanos resistentes a la radiación.

 “En Europa y otros países del mundo, de momento, está totalmente prohibido hacer edición genética sobre embriones humanos”, resalta Marfany, que es también experta en bioética. Además, apunta, esta modificación no sería terapéutica, sino para mejorar la genética humana. Y esto, de momento, no es aceptable. Al menos en Occidente. “Otros países asiáticos no son tan taxativos y consideran la edición genética en embriones potencialmente factible”, apunta.

De hecho, ya ha habido casos en China de modificación de embriones. Y esta potencia asiática compite con Estados Unidos en la carrera espacial para ver cuál de las dos conseguirá antes establecerse en la Luna y explotar sus recursos. “No es cuestión de si podremos modificarnos, sino cómo lo haremos”, defiende Mason.

Modificaciones heredables

Con esta premisa de cómo modificar a los humanos para poder sobrevivir en Marte y en la Luna participará el grupo de investigación de la UB que lidera Bayona en IGEM, una competición internacional interuniversitaria, la más importante del mundo, centrada en biología sintética y que este año se celebrará en París.

“Exploraremos la edición genética humana a partir de la incorporación de genes de los tardígrados, y también de las planarias y los ajolotes, que tienen una capacidad de regeneración celular muy alta. Veremos si embrionariamente se podría transmitir esta modificación a todas las células del organismo y si serían heredables, pensando en futuras colonias humanas en el planeta rojo”, explica en el ARA este investigador que, en su laboratorio, investiga precisamente la acumulación de daños en el genoma en el contexto del cáncer, en el que la inestabilidad genómica, como la que provoca la radiación espacial, tiene un papel capital en el desarrollo de tumores.

“Evaluaremos si se podría hacer un cribado genético de los candidatos a astronautas para determinar quién presenta una predisposición genómica más elevada a sufrir problemas por radiación, y quién, en cambio, tiene más resistencia. E investigaremos biomateriales que funcionen absorbiendo radiación y atenuando el impacto genómico”, resume.

Modificar a los astronautas para conferirles protección para ir y vivir en el espacio hoy por hoy abre la caja de los truenos, bioéticamente hablando. Marfany recuerda que desconocemos qué efecto podrían tener las mutaciones que añadimos en el genoma humano a largo plazo. “La edición genética heredable en humanos colisiona con todos los principios bioéticos convencionales de “maleficencia”, “beneficencia”, “justicia” y “autonomía de la persona”. Aunque, reconoce, “podría ser que lo que ahora no nos parezca aceptable, en menos de veinte años, nos parezca razonable en algunas circunstancias, por ejemplo, para generar humanos que puedan viajar al espacio durante tiempo”.

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