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Mareos, sangrados de nariz, dolores de cabeza: aprender en aulas a más de 30 °C

Escuelas e institutos de Cataluña registran temperaturas superiores a los límites establecidos como seguros, mientras los expertos alertan de los efectos perjudiciales que esto tiene sobre la salud y el aprendizaje.

Alumnos del Instituto La Sedeta, en clase con ventiladores.
08/06/2026
8 min

No son ni las 9 de la mañana y en las aulas de muchas escuelas de Cataluña los termómetros ya se disparan por encima de los 27 grados, a pesar de estar en una semana de relativa tregua climática. Es el caso del Instituto La Sedeta, ubicado en el barrio de Gràcia de Barcelona, donde desde mediados de mayo superan sistemáticamente los 30 ºC en la mayoría de espacios del centro cada día. En momentos de picos de calor incluso han llegado a registrar 35 y 36 °C, y la humedad elevada de la capital catalana aún exacerba más la sensación de ahogo que experimentan en el edificio los estudiantes y los profesores.

Y no son los únicos, a juzgar por las temperaturas que reportan centros educativos en toda Cataluña: el día que escribimos este tema, en la Escola Camí del Mig, en Mataró, han registrado 44 °C en un aula de segundo de primaria; en el Instituto La Mitjana, en Lleida, están a 31,7 °C; y en la escuela Els Picots, en Lliçà d’Amunt, están a 33,4 °C en las aulas de tercero de primaria.

Todos estos datos proceden del registro que están haciendo los centros en tiempo real con sensores y termómetros distribuidos por los edificios y que se envían de manera automática a la plataforma Aulesquecremen.cat. Se trata de una nueva iniciativa impulsada por docentes y familias que quiere evidenciar de manera objetiva lo que denuncian desde hace años: que las aulas escolares hierven, que se superan los límites de temperatura marcados como seguros en las regulaciones de condiciones laborales.

La idea de esta plataforma parte de un profesor de secundaria de tecnología en un instituto del Baix Llobregat, Pau Sánchez. “Empezamos 30 escuelas y hoy somos más de 220, una cifra que aumenta a razón de unos 10 o 20 centros casi diariamente. Ya tenemos más de 500 dispositivos transmitiendo información sobre la temperatura en las aulas en tiempo real”, explica este docente.

No es una situación excepcional. Los episodios de calor extremo atizados por la emergencia climática irán en aumento. Según datos que recoge un informe reciente de Equitat.org (antes Fundació Bofill), los días de calor intenso ya se han multiplicado por tres el último siglo y la previsión para 2050, si no se hace nada para evitarlo, es que se multipliquen por cinco. Es imposible que no coincidan con el calendario lectivo.

“Con este calor es imposible mantener la atención del alumnado y es peligroso para su salud”, denuncia Pedro Mariscal, director del Institut La Sedeta, que explica a el ARA que han tenido varios casos de alumnos que se han mareado, que han vomitado o que les ha sangrado la nariz por golpes de calor. Las temperaturas elevadas también pasan factura a los maestros y al resto de trabajadores de los centros escolares. “Me he llegado a encontrar profesores apoyados en la pared completamente mareados incapaces de dar clase”, afirma Mariscal.

En este sentido, y como medida extraordinaria, la semana pasada algunos docentes de este instituto optaron por trasladar las clases a la calle, un acto simbólico para visibilizar esta “situación insostenible”. “Como profesor de secundaria la sensación que tenemos es que hacemos más de monitores de ocio en las horas centrales del día que de maestros, porque la gestión en el aula se hace muy difícil”, añade Sánchez, que destaca que se ha cuantificado que cada alumno emite unos 115 vatios, que equivale en un aula con una temperatura ambiental de unos 30 °C y veinticinco estudiantes a tener una estufa enchufada de cerca de 3000 vatios.

“El lunes pasado un grupo de alumnos de 4º de ESO se plantaron y no quisieron entrar al instituto porque hacía demasiado calor”, relata Mariscal. Aquellos mismos alumnos quisieron denunciar en persona esta situación en la sede del Consorci d’Educació de Barcelona. “Los recibieron y, además, les dieron 20 ventiladores, después de que desde el centro hubiéramos reclamado y se nos hubiera dicho que no”, dice el director de este instituto, que cuestiona: “¿Qué haremos con veinte ventiladores? Tenemos 400 alumnos y un edificio histórico catalogado nada preparado para afrontar temperaturas como las que tenemos, con ventanas antiguas que no se pueden abrir completamente y que no permiten la circulación de aire. La situación es muy dramática”.

Un colectivo muy vulnerable

Los niños son un grupo altamente vulnerable a las temperaturas extremas. “Su sistema de termorregulación es inmaduro. Les cuesta identificar que tienen mucho calor o sed; producen más calor por kilo de peso que los adultos y también les cuesta más enfriar el cuerpo, porque sudan menos”, resume Elena Codina Sampere, pediatra y responsable de la Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica del Hospital Sant Joan de Déu. Codina ha participado también en el informe de Equitat.org sobre el calor en las aulas.

Estar sometidos de manera constante a episodios de calor elevada impacta en la salud física y mental de los menores. Con frecuencia, tienen mareos, irritabilidad, cansancio, dolor de cabeza y pequeñas hemorragias nasales. En algunos casos, señala Codina, las consecuencias pueden llegar a ser más graves, como tener un golpe de calor con fiebres muy altas y, hasta incluso, perder la consciencia. “A través de la cuenta de Instagram recibimos mensajes alarmantes, como por ejemplo maestras de la plana de Lleida que explican que una alumna de I5 en el patio ha tenido un golpe de calor y han estado a punto de llamar al 112. O desde las Borges con 37,5 °C dentro de las aulas, con alumnas mareadas. En Manresa, hasta incluso, una niña se desmayó y hubo que llamar a una ambulancia”, revela Sánchez.

La exposición regular a temperaturas elevadas también influye de manera negativa en su aprendizaje. "Está comprobado que los días de calor extremo el rendimiento académico cae”, apunta Codina. Diversos estudios científicos, uno de los últimos de la Universidad Harvard, constatan dificultades de aprendizaje, menos memoria, impactos en el comportamiento (el calor los hace estar más agresivos, irritables, distraídos) y también en el neurodesarrollo de los menores.

“Hay que añadir otro factor y es si los niños tienen la capacidad de recuperación y de romper el círculo de exposición a calor intenso”, apunta la epidemióloga Mònica Ubalde, del grupo de impacto en salud urbana del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). “Los menores pasan buena parte del día en la escuela y si después en su casa no tienen condiciones de confort térmico, su organismo no puede recuperarse para regular el malestar térmico, que se va acumulando”, subraya.

Un estudio publicado en Nature Human Behaviour analizó el rendimiento escolar de 58 países y concluyó que el ritmo de aprendizaje en la escuela disminuye al aumentar el número de días lectivos calurosos. De hecho, este estudio cuantificaba que por cada día que los alumnos están expuestos al calor en la escuela, se reducen las puntuaciones en las pruebas PISA en un 0,18%. Estos resultados coinciden con un informe de la Sociedad de Pediatría del Sudeste de España, que señala que por cada grado de aumento de la temperatura por encima de los 25 ºC, los resultados de matemáticas caen medio punto. Y están en sintonía con lo que destaca el informe de Equitat.org, que alerta que a partir de 2030 los niños pasarán una cuarta parte del curso con temperaturas superiores a los 27 ºC, y esto puede repercutir en una disminución de siete puntos PISA por curso.

Además, el efecto del calor elevado es acumulativo. “Los profesores tienen un marco normativo que regula las actividades consideradas sedentarias a un límite de 27 ºC. Pero no existe ninguna legislación que proteja a los niños, que establezca a qué temperaturas pueden aprender”, lamenta Codina, que dice que estamos privando a los niños "de alcanzar su máximo de aprendizaje, lo cual mantiene el círculo con menos calidad de vida y con menos opciones de futuro”.

Adaptar la escuela a la emergencia climática

“Sabemos que los niños y niñas forman parte de la población más vulnerable ante el calor extremo y que los episodios de temperaturas elevadas durante los meses de mayo y junio serán cada vez más frecuentes los próximos años”, afirmó esta semana la ministra de Sanidad, Mónica García, que instaba a las comunidades autónomas a tomar medidas urgentes para adaptar los centros escolares a la emergencia climática. “¿Cómo adaptamos las escuelas diseñadas para un clima del siglo XX a nuestros hijos que estudian en un clima del siglo XXI?”, dijo la ministra.

Según datos de Educación, uno de cada cuatro centros de nuestro país se construyó antes de los años 60 con el objetivo de mantener el calor durante el invierno, orientados al sur para ganar luz y grados, porque los meses de temperaturas elevadas, entonces julio y agosto, se suponía que estarían vacíos. Sin embargo, los nuevos edificios construidos tampoco se salvan del calor. La escuela del Vallès Oriental, que se inauguró en 2008, donde trabaja de maestro de primaria Aleix Vidal, “es un invernadero". "A las 8.30 de la mañana ya estamos a 29,5 °C y tenemos solo dos ventiladores por aula que lo único que hacen es remover el aire caliente”, lamenta.

Imagen dando clase al exterior por el calor

Los centros educativos son, además, los únicos edificios de titularidad pública que no están climatizados. De hecho, un informe reciente de Equitat.org elaborado con un grupo de expertos del ámbito climático, de la salud social y educativo ha radiografiado la situación de las escuelas e institutos del país al clima actual. Constata que 1.220 de los 2.500 edificios escolares acumulan déficits de aislamiento, ventilación o materiales obsoletos. Esto hace que estos centros no puedan garantizar condiciones adecuadas de confort térmico, motivo por el cual el informe propone un plan para adaptarlos a la emergencia climática en menos de diez años, con un coste de 200 euros anuales por alumno durante diez años.

De momento, el Govern solo ha anunciado una inversión a corto plazo de 20 millones de euros para comprar ventiladores de techo y ha aprobado llevar a cabo los estudios necesarios para definir las actuaciones de climatización que hay que hacer en los diferentes edificios educativos, una acción que las Associacions Federades de Famílies d'Alumnes de Catalunya (aFFaC) hacía al menos cuatro años que reclamaba.

La naturaleza como solución

Como medidas a corto plazo, Equitat.org propone instalar ventiladores de techo en todas las aulas, mejorar la ventilación nocturna y a primera hora de la mañana para reducir la temperatura interior antes de comenzar la jornada; también instalar sistemas de sombra naturales o bioclimáticos, como toldos que eviten la exposición de las fachadas de los edificios al sol, y fuentes de agua en los patios, además de habilitar espacios estratégicos climatizados, como el gimnasio o el comedor, para momentos de máxima calor.

Después proponen un plan a cinco o diez años vista para transformar los edificios y asegurar el confort climático permanentemente. El informe estima que se necesita una inversión de entre 500 y 1.300 millones de euros, una cifra muy inferior a los costes en salud y aprendizaje que implica no adaptar el sistema educativo al calor.

En este plan a más largo plazo la renaturalización de los centros es una pieza clave para ayudar a combatir los efectos de las olas de calor. “Hay que incorporar más tierra, quitar cemento de los patios, pintar las cubiertas de blanco, poner mucha más vegetación, que es una barrera natural contra el calentamiento excesivo y genera todo un sistema natural que mejora el confort térmico tanto fuera como dentro. Un solo árbol genera la misma frescura que cinco aparatos de aire acondicionado”, destaca Ubalde, de ISGlobal, que añade que “no hay que demonizar el aire acondicionado, pero debería ser la última medida a poner y de manera complementaria, porque no genera confort térmico, sino frío, y contribuye al calor de fuera, fomentando el efecto isla de calor”.

La aFFaC también se han unido a los docentes para reclamar la necesidad urgente de adecuar climáticamente los centros educativos, sobre todo los edificios más antiguos que tienen instalaciones obsoletas. Hay que garantizar el derecho a la educación de calidad para todos, la equidad entre escuelas, entre territorios, y esto implica adaptar los edificios y los entornos a las nuevas condiciones climáticas”, reclama Lidón Gasull, directora de esta entidad.

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