Salud

¿Hay más alergias e intolerancias alimentarias que nunca?

Los expertos remarcan que los mecanismos de estos dos fenómenos al alza actúan de formas diferentes e insisten en la necesidad de educar a la población

BarcelonaEn las cartas de los restaurantes se incluyen junto a cada plato –o deben tener esta información a disposición– qué alimentos existen susceptibles de provocar una reacción alérgica. Podría ser el caso de la leche, pescado o huevos. También lo vemos en los supermercados, donde la espiga vallada, el símbolo que indica que un producto está libre de gluten, cada vez está más presente. Este cambio de paradigma se entiende muy bien mirando los datos de las últimas décadas, que indican que el sistema inmunitario de la población, especialmente de la más joven, está cambiando. Si en 2011 las consultas por alergias en España no alcanzaban los dos millones anuales, en 2023 la cifra ha escalado hasta los 16 millones. Dentro de ese universo de patologías, las alimentarias son las que experimentan un crecimiento más acelerado. Los expertos también han identificado un incremento de las intolerancias alimentarias, si bien advierten que hay que diferenciar ambos fenómenos y apuntan a que, en algunos casos, no hay evidencias suficientes para determinar si alguien es intolerante o no y lo atribuyen a una moda creciente.

Maria Teresa Dordal, alergóloga del Hospital de Bellvitge y miembro del Comité Científico Asesor de Seguridad Alimentaria de Catalunya, explica que la alergia tiene un componente inmunológico, es decir, el cuerpo responde de forma anómala a las proteínas de los alimentos. Éstas pueden desencadenar reacciones inmediatas una vez ingerido el alimento, como por ejemplo urticaria, dificultades para respirar o reacciones más tardías, de entre tres y cuatro horas después de la ingesta. De todas las consecuencias, la más grave es la anafilaxia, una reacción sistémica con riesgo de muerte para la persona que la padece. En cambio, las intolerancias alimentarias son reacciones adversas que se producen cuando existe alguna alteración que impide digerir correctamente un alimento o alguno de sus componentes.

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"En cuanto al mecanismo son muy diferentes", insiste la pediatra alergóloga Mònica Piquer, coordinadora de la unidad de alergia alimentaria compleja del Hospital Sant Joan de Déu. La intolerancia se produce cuando el organismo no es capaz de procesar o digerir de forma adecuada un componente del alimento y en este caso no existe ninguna participación del sistema inmune sino que es por un mecanismo enzimático, metabólico o digestivo. Los síntomas más habituales, de hecho, son los digestivos como dolor de estómago, diarrea, vómitos, náuseas o gases, que pueden ser muy molestos, pero no representan un riesgo para la vida del paciente. Además, son "dosis dependiente", es decir, cuanto mayor es la ingesta del alimento en cuestión, más síntomas digestivos presenta a la persona, dice Piquer.

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Alimentos más frecuentes

En Cataluña, los alimentos que más alergia hacen, en el caso de los menores de edad, son la leche, los huevos y el pescado, mientras que en los adultos son el melocotón (u otras frutas similares al melocotón), los frutos secos y el marisco. La intolerancia más frecuente, en cambio, es la lactosa, que es el azúcar de la leche y se produce a falta de la enzima que se encarga de degradarla. Hay otros alimentos que provocan intolerancias menos frecuentes como el sorbitol, la fructosa o la histamina, detalla Dordal. Actualmente, la normativa de información al consumidor obliga a declarar los 14 alérgenos que son responsables de la mayor parte de alergias alimentarias de la población europea. Con esto lo que se pretende es evitar que la ingesta inadvertida de pequeñas cantidades o trazas pueda provocar reacciones alérgicas potencialmente graves.

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Las intolerancias alimentarias pueden ser transitorias o más persistentes, pero la alergia es para siempre. Sólo en caso de que empiece de pequeño, como la leche o el huevo, por ejemplo, se puede llegar a adquirir tolerancia con el paso de los años. Durante años, los expertos creían que para evitar alergias era necesario retrasar la introducción de alimentos conflictivos, pero Piquer asegura que la clave es la exposición precoz. Por ejemplo, entre los 4 y los 6 meses de vida se abre una "ventana de oportunidad" para introducir el huevo duro en pequeñas cantidades o los frutos secos de forma continuada y así se consigue enseñar al cuerpo que estos elementos no son enemigos. Eso sí, la experta remarca que una vez se introduce un alimento, no debe dejarse de dar; la "continuidad es la clave".

Para aquellos que ya han desarrollado la alergia, en el Hospital Sant Joan de Déu trabajan con inmunoterapia oral: "Damos pequeñas dosis para que generen resistencias, buscando una dosis de seguridad", explica la pediatra. El tratamiento consiste en la administración de dosis mínimas controladas para elevar el umbral de seguridad del paciente y evitar reacciones graves que pongan en riesgo la vida del paciente frente a una ingesta accidental. Mientras factores como el cambio climático y los contaminantes siguen impulsando la tendencia al alza de las alergias, la respuesta médica se centra ahora en la prevención activa y la educación sanitaria para mejorar la calidad de vida de estos pacientes.

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Tendencias y confusión

Dordal aclara que no existe ninguna manera de demostrar la gran mayoría de intolerancias alimentarias, por lo que dice que el diagnóstico es complicado. Por eso, argumenta que no es suficiente con eliminar un alimento de la dieta y comprobar que los síntomas digestivos desaparecen para afirmar que se es intolerante a un alimento. Que la mejora puede atribuirse a otros cambios, por lo que la experta defiende que debe volver a introducirse el alimento en la dieta y ver si los síntomas vuelven a aparecer y que debe hacerse de la mano de profesionales. Un ejemplo, dice, es el gluten, ya que actualmente muchas personas llegan a consulta afirmando que son intolerantes en el gluten y no lo han comprobado.

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Aquí la portavoz de la Asociación Celíacos de Catalunya, Irene Puig, remarca que hay mucha confusión entre los conceptos celiaquía, alergia al trigo y sensibilidad al gluten. Por un lado, la celiaquía es una enfermedad, un trastorno multisistémico de base autoinmune que provoca una atrofia de las vellosidades del intestino delgado que afecta a la capacidad de absorber los nutrientes de los alimentos. Por otro lado, la sensibilidad al gluten no celíaca, también conocida popularmente como intolerancia al gluten (aunque Puig sostiene que se llama así de forma errónea) fue descrita por primera vez a finales de la década de 1970, pero ha comenzado a ser reconocida y se está estudiando de forma intensiva desde el 1970. el causante de esta enfermedad. Por último, está la alergia al trigo y otros cereales, que es una respuesta del sistema inmunitario.

Otra intolerancia que dice estar de "moda" es el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado o SIBO, como se le conoce por sus siglas en inglés, que consiste en la presencia anormal de bacterias en el intestino delgado, explica la experta. Cuando se ingieren hidratos de carbono o azúcares, las bacterias realizan una reacción de fermentación en el mismo intestino delgado, que genera una cantidad excesiva de gases que provocan problemas digestivos como inflamación, gases o diarrea. Sin embargo, la experta avisa de que otras enfermedades y otros desequilibrios en la microbiota intestinal también pueden provocar una sintomatología similar. Por eso, Dordal insiste en que hay que consultar siempre con un experto y que no "deben caer en obsesiones" con la comida.

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Con todo, las expertas también reconocen que ha aumentado mucho la capacidad diagnóstica y la conciencia social en torno a las intolerancias alimentarias y las personas miran mucho más lo que comen. Antes, muchas de estas molestias digestivas quedaban sin etiqueta. Las alergias, por su parte, están en aumento exponencial y suponen un reto para la salud pública. Por eso, defienden que es necesario mejorar la educación en torno a estos dos fenómenos desde la infancia para diferenciar aquellas necesidades vitales de una moda.