Àlex Sastre Prieto: Agradezco a mi madre que me parase los pies cuando tocaba
Químico, profesor, político, apasionado de la ornitología y padre de Elna y Arnau, de 8 años. Publica 'Pardalejar. Els ocells de Catalunya al teu abast' (Rosa dels Vents), un entusiasta manual de iniciación a la observación de los pájaros, un libro que invita a padres e hijos a salir de casa con binoculares y con las orejas bien abiertas
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La paternidad me llegó en un momento en que empezaba a pajarear mucho. Pero cuando se es padre, y de gemelos de una forma aumentada, hay que dejar de lado, aunque sea temporalmente, ciertas cosas. Esto hizo que durante unos años saliera menos al campo a ver pájaros, pero también ha hecho que desarrollara una obsesión por explicar los pájaros a mis hijos, a mis amigos, en las redes sociales y en el libro.
¿Se parece en algo ser padre y observar pájaros?
— Mis hijos son los bimbos de mi vida, que en lenguaje ornitológico significa que son mi observación más preciada. Nunca podré observar, embelesarme y conocer una forma de vida más apasionante que ellos, y que requiera más intensamente toda nuestra capacidad de acompañar y de guiar.
Explícame eso de bimbo.
— Significa ver un pájaro por primera vez. En un viaje a Nueva York, en Central Park, una mañana vi 35 pájaros nuevos. Pero lo que más me sorprendió fue ver cómo a mi lado se iban incorporando varias decenas más de observadores de aves y constatar que en América es una afición bastante más popular que aquí.
Para poder observar hace falta paciencia.
— Y aún otra cualidad más útil: saber fracasar. Ver pájaros es más emocionante porque la observación no es certera. Puede ser que el pájaro no salga. El nacimiento de mis hijos no fue nada fácil, y nadie nos había advertido que las cosas podían no ir de manera idílica.
¿Qué os pasó?
— La preeclampsia de mi mujer, la muerte de su ginecólogo en accidente dos días antes del nacimiento, una cesárea de urgencia, prematuridad y una enfermedad rara de mi hijo, el hiperinsulinismo congénito, que por suerte revirtió al cabo de un año. Realmente debemos estar preparados para que las cosas no salgan como nos las imaginamos.
¿Nos pueden enseñar algo los pájaros sobre la paternidad?
— Realmente más vale que no tomemos a algunos pájaros como ejemplo de paternidad. El cuco parasita el nido de otros para que le críen los hijos, los cuales cuando nacen eliminan los otros huevos o polluelos tirándolos fuera del nido. Los patos machos se desentienden completamente de la crianza. Por norma general, sin embargo, hay un cuidado extremo de las crías hasta que son capaces de volar, y entonces sí que se desentienden de ellas.
¿Qué te preocupa?
— Constantemente nos llegan mensajes deterministas del tipo: si gritas a tu hijo puedes causarle un trauma de por vida. Esto pone mucha presión a los padres, que parece que tengamos un margen de error muy estrecho. Mi manera de luchar contra esta espada de Damocles es pensar que mi madre, que fue siempre presente y amorosa, también en algún momento quizás fue brusca y no me causó ningún trauma insuperable. Ahora le estoy agradecido por haberme parado los pies cuando tocaba. Yo trato de explicar a mis hijos mi condición humana, que entiendan que me equivoco, que no soy capaz de llegar a todo. Creo que asumir esto nos puede hacer bien a todos.
¿En qué aspecto la paternidad de gemelos es diferente?
— Supongo que la intensidad de los 5, 7 primeros años no es comparable con ninguna otra paternidad. A veces tengo la sensación de no haber podido disfrutar de estos años porque he tenido que dividir mi tiempo. La parte fácil es que van a la una en el proceso de crecimiento y las necesidades que debemos resolver no son muy diferentes. Por otro lado, entre ellos juegan mucho juntos y eso nos da espacios de respiro. La parte difícil es no compararlos, no pensar que su crecimiento debe ser absolutamente parejo. Hay diferencias en los ritmos de muchas cosas y hay que asumirlas.
¿Por ejemplo?
— La hija es testaruda y con mucho genio, y el hijo es un santo varón y de muy buen conformar. Entre ellos, muy a menudo las disputas se acababan con la cesión de uno y la imposición del otro, y este es un tema que hemos tenido que trabajar mucho con ellos para no funcionar de esta manera.
¿Qué os hace reír?
— ¡Uf! Un cúmulo interminable de cosas. Ser padre también significa reír mucho. Hay miles de fotografías y vídeos de los hijos en situaciones cotidianas extremadamente divertidas: bailando en el comedor de casa, pintándoles la cara de tigre o de unicornio, metiendo los pies en el balde en un intento frustrado de aprender a hacer pipí por su cuenta, haciéndoles cosquillas. Ellos se ríen muchísimo viéndolas y nosotros también, saboreando la nostalgia de cómo pasa el tiempo de rápido.