Escuela

Cómo el alumnado de un instituto de Barcelona ha convertido un campo de fútbol en un huerto y un umbráculo

El proyecto de cocreación se ha llevado a lo largo del curso escolar en el marco del programa Arquitectura en las Aulas, que el Colegio de Arquitectos de Cataluña organiza desde hace ocho años

25/06/2026

BarcelonaLas últimas semanas de curso han sido intensas para los alumnos de primero de ESO del Institut Teresa Pàmies (Barcelona), que han conseguido acabar el proyecto de cocreación de un solar de uso público en el que habían trabajado durante todo el año. Lo hicieron en el marco del taller Arquitectura y sentidos, un solar para todos, uno de los 400 talleres de arquitectura que 130 arquitectos han impartido en 25 centros educativos de la provincia de Barcelona entre los meses de mayo y junio, coincidiendo con la Semana de la Arquitectura. Aunque este año los talleres forman parte de la programación de Barcelona 2026, Capital Mundial de la Arquitectura, la iniciativa no es nueva, ya que el Colegio de Arquitectos de Cataluña (COAC) la organiza desde 2019. A lo largo de estos ocho años han participado más de 55.000 alumnos de primaria, secundaria y bachillerato de más de 200 centros educativos.

Proyecto de largo recorrido

Es el tercer año que el Instituto Teresa Pàmies participa en los talleres impulsados por el COAC. Esta vez los 120 alumnos de primero de ESO, divididos en cinco comisiones, se han encargado de rediseñar el solar que hay detrás del centro como "solar para todos". El objetivo era que rediseñaran el espacio arquitectónico para diversificar sus usos, ya que hasta ahora solo se utilizaba como campo de fútbol. Los nuevos espacios que ha diseñado y construido el alumnado, con la colaboración de la arquitecta Elisabetta Quarta, han sido una zona de sombra (umbráculo), espacios de descanso con columpios y hamacas en medio del arbolado existente al fondo del solar, un huerto y un jardín mediterráneo autogestionado, y una zona destinada a herbario y antotipia.

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Los jóvenes ya empezaron a trabajar en el proyecto el mes de septiembre pasado: analizaron la configuración, elaboraron planos a escala y ubicaron los elementos arquitectónicos y las especies vegetales y animales del solar. Durante el segundo trimestre el alumnado planteó las propuestas de intervenciones que querían hacer, las cuales se han ido desarrollando en el aula, durante el último trimestre. La semana de proyectos –los últimos días de curso– se ejecutaron las diferentes ideas trabajadas, como pintar un mural, crear y plantar parterres de plantas autóctonas, construir los umbráculos, definir los espacios de juegos y actividad física y editar el herbario con la técnica de antotipia y el atlas de las especies del solar con ilustraciones hechas a mano. “Solo nos ha quedado colgar los hoteles de insectos y los refugios de pájaros y reptiles que hemos construido”, explica Jordi Sabater, profesor de dibujo del centro.

El alumnado como agente de cambio

El objetivo principal era el de conseguir que el alumnado se hiciera suyo un espacio diversificando sus usos para acoger mejor sus intereses. “También hemos podido trabajar competencias transversales y específicas de las materias de biología, de educación plástica, visual y audiovisual o de matemáticas”, afirma Sabater, para quien, más allá de los aprendizajes curriculares, se han querido potenciar “valores como el trabajo en equipo, la participación activa y la autonomía del alumnado, el cual ha actuado como agente de cambio dentro de su propio instituto”.

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Sabater describe como "fundamental" que los adolescentes participen en el diseño de los espacios comunes. “Son espacios donde desarrollan su socialización y que ocupan con diversos tipos de actividades físicas”, apunta. Por lo tanto, subraya, tener en cuenta su voz “permite generar espacios donde se hagan compatibles los intereses de diferentes grupos y generaciones, y se crean sinergias que pueden enriquecer a todos”.

Arquitectura y sentidos

El papel de Elisabetta Quarta también ha sido clave para hacerles entender mejor el proceso de diseño y transformación de los espacios. La arquitecta lleva ocho años participando en el programa del COAC. Los tres últimos, en el Institut Teresa Pàmies. Allí ha querido recuperar una práctica que en el mundo postindustrial se ha perdido, que es concebir los espacios arquitectónicos a través de los sentidos. “En épocas preindustriales se hacían prevalecer los cinco sentidos, pero actualmente se le da mucho más protagonismo a la vista y yo lo que quería a través de estos talleres era que los jóvenes trabajaran con todos sus sentidos, que experimentaran con el cuerpo”, explica Quarta. También empoderarlos, añade, y que entendieran que la arquitectura no es una disciplina ajena a ellos, sino una herramienta que ellos pueden usar, sin importar su profesión futura, para sentirse mejor y para hacer sentir mejor a los demás.

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Después de dos años de trabajo previo, primero más teórico y después con unos talleres sensoriales, este año propusieron a los alumnos trabajar sobre el terreno, sobre el solar cercano al instituto partiendo de una pregunta: ¿cómo queréis haceros vuestro este espacio? Pensando a través de los sentidos y a través de las comisiones, unos propusieron hacer zonas de sombra para sentirse seguros y protegidos del sol. “Otros querían relajarse y trabajar con la tierra y propusieron hacer un huerto y el jardín mediterráneo con plantas autóctonas y otros querían personalizar el espacio y pintaron un mural”, explica Quarta, que destaca que, al margen de hacerlos partícipes de un trabajo de cocreación como este, "el objetivo no explícito de la iniciativa era subirles la autoestima y hacerles ver que, si les pones al alcance los recursos adecuados, los adolescentes son capaces de crear y ser sujetos activos de su entorno, y no objetos pasivos como muchas veces pasa actualmente, que pasan una gran parte de su tiempo consumiendo vídeos en redes sociales como YouTube o TikTok”. 

¿Qué dice el alumnado?

Inar y Candela son dos de los alumnos del Institut Teresa Pàmies que han convertido el solar situado detrás del centro en un solar para todos. Inar ha participado en la comisión de Jardín, encargada de crear un jardín de especies vegetales autóctonas con usos culinarios o medicinales, lo que le ha encantado porque le gustan mucho las plantas. Del proyecto, el joven destaca especialmente la gran mejora que han hecho del solar, ya que antes era prácticamente un desierto y ahora tiene diversos usos. Aun así, el reto no ha estado exento de desafíos, “como transportar las cosas más pesadas, como la arena o los ladrillos”. Por su parte, Candela ha formado parte de la comisión del Muro, cuyo principal trabajo era tomar medidas y buscar los materiales que debían usar. “También buscamos muralistas, pero finalmente decidimos pintarlo nosotros”, explica la joven. Previamente, tal como reconoce Candela, se habían enfrentado a dificultades como “encontrar los materiales, lo que conllevó visitar muchas webs, comparar precios, etc. o tomar las medidas del muro, ya que nadie era tan alto”. Unas dificultades que cuando empezaron a pintarlo enseguida se disiparon.

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