Escuela

El gran reto de subir al autocar: ¿por qué cuesta que algunos niños vayan de colonias?

El coste, el miedo a separarse y barreras culturales y burocráticas explican por qué muchos niños de origen inmigrante no participan en salidas con pernoctación, aunque en horario lectivo

Mochilas preparadas para ir de colonias
6 min

Barcelona"Pagamos las colonias y lo compramos todo: la mochila, el saco, el spray antimosquitos; pero, en el último momento se puso a llorar y no quiso ir", explica Somaya sobre su hija Nadjat, de 8 años. No es la primera vez que le ocurre. Desde infantil 5 (i5) que la escuela de Nadjat –situada en el distrito de Ciutat Vella en Barcelona– organiza cada dos años una estancia de colonias, de una o dos noches, pero Somaya aún no ha conseguido que su hija vaya. Según el informe ¿El ocio educativo no era un derecho? d'Alianza 360, la participación en actividades de ocio (como colonias o extraescolares) varía drásticamente según el origen y la renta: los niños de familias recién llegadas participan entre un 20% y un 30% menos en actividades de ocio organizado en comparación con los hijos de familias autóctonas.

El miedo a la distancia

Nadjat sencillamente dice que no quiere separarse de sus padres. La familia, aunque intenta animarla, no la convence. "Cuando está en la escuela se siente una más, no ve diferencias en el ámbito cultural, pero en el momento de irme es diferente, aunque yo le animo a hacerlo todo", comenta Somaya. Lo mismo le ocurrió a su hijo mayor, Mohammed, que solo acudió a sexto por insistencia del padre: "Su padre le dijo que tenía que ir porque ya era mayor y porque teníamos comprado todo el material", comenta su madre. Pese a la experiencia, ahora en el instituto ha vuelto a descolgarse.

"En general, con las colonias, las familias tienen poca confianza con el hecho de salir y dormir fuera, les hace mucho respeto marcharse", explica Josep Vilaró, director del Institut Escola Baldomer Solà de Badalona. Desde hace siete años implementan que todos los cursos realicen colonias; en infantil ofrecen unas "colonias en el centro" donde pasan una noche en la escuela. En este centro de alta complejidad, situado en una zona de muy bajo nivel adquisitivo y con un alto riesgo de exclusión social, cuesta que tanto el alumnado autóctono como los hijos de familias recién llegadas den el paso. Según Vilaró, el miedo a perder el control de los hijos o la falta de costumbre de salir del barrio son sentimientos generalizados. "El hecho de que la escuela se los lleve a dos horas de distancia o que duerman fuera de casa, una o dos noches, es una barrera que nos cuesta mucho traspasar", comenta.

Esta barrera del desconocimiento también la tenía Somaya, sobre todo cuando sus hijos eran más pequeños y no lo veía tan importante ni tan necesario. "Cuando eran pequeños tenía más miedo, con cinco años sentía que aún necesitaba a la madre, pero ahora que ya son mayores y saben defenderse, no me importa", comenta. "Muchas veces es el miedo y la falta de seguridad, pero en otros casos, aunque no lo dicen directamente, el impedimento viene por un tema de religión o cultura", explica Vilaró sobre su experiencia.

Un lujo en horario lectivo

Más allá del sentimiento de seguridad, la realidad económica es el muro más alto. Según varios estudios, es el principal motivo para no sumarse a actividades de ocio no obligatorias como las colonias. La estancia de 3 días puede costar entre 150 y 250 euros y, para una familia con ingresos precarios, la cifra puede ser inasumible. Dado que el alumnado de origen extranjero tiene tres veces más probabilidades de vivir en riesgo de pobreza, el coste se convierte en el primer gran impedimento. Según el informe Educación 360: más allá del tiempo lectivo destaca que los niños que menos van a las excursiones y colonias que hace la escuela en horario lectivo son también los que hacen menos extraescolares y que, por tanto, están excluidos por partida doble.

Maria Truñó, referente de la Alianza Educación 360, alerta de que el problema es estructural: "El ámbito de las colonias escolares está en un limbo jurídico, no son una actividad obligatoria (y por tanto gratuita), pero tienen lugar en horario lectivo. Esto genera una discrecionalidad donde no se garantiza el derecho al ocio; la administración debería estar." Para expertos de la Federación de Movimientos de Renovación Pedagógica, cuando un niño no va de colonias se pierde aproximadamente el 20% de la experiencia de cohesión de su grupo, ya que tres días de convivencia equivalen a todo un trimestre de relación en el patio.

El estigma de quedarse en el suelo

"Son espacios de altísimo valor educativo, muchos maestros afirman que descubren exactamente cómo son los niños cuando los ven de colonias. Si no van, de entrada no forman parte del grupo, es una pérdida del sentido de pertenencia que empobrece los vínculos y genera estigmas", advierte Maria Truñó. Cuando los compañeros de Nadjat se marchan de colonias, a ella no le supone un problema: "está contenta porque sabe que se quedará en casa", explica su madre. "Se pierde el abrirse al mundo, de conocer el territorio, de conocer un contexto diferente, de relacionarse con los compañeros en otro ámbito, de relacionarse con los maestros en una situación de ocio donde se hace un vínculo muy bonito", comenta Vilaró. En todos estos años de experiencia, desde el centro han detectado que, por ejemplo, es más fácil que vengan niños que niñas de colonias y es más difícil que se sumen a secundaria que a primaria.

Para la Alianza Educación 360, mientras la educación formal está garantizada, la educación no formal –como las colonias– todavía se percibe a menudo como un "lujo" o una "cuestión privada" de las familias. Por eso, reclaman que sea universal y gratuita para compensar las desigualdades sociales y evitar que las diferencias económicas amplíen la brecha educativa entre los niños.

Barreras invisibles y obstáculos intangibles

Sin embargo, cuando Somaya habla con otras familias recién llegadas o de segunda generación (como la suya), nota que en su entorno existe cierta reticencia a sumarse a este tipo de actividades, más allá del aspecto económico: "Algunas familias sí es por falta de dinero, otras tienen miedo o los niños están encerrados o no quieren participar en ellas, prefieren quedarse afectándoles o dudan con el tema de la comida". En el caso del IE Baldomer Solà tienen las "mochilas económicas", una ayuda que depende directamente de la Generalitat de Cataluña y cuenta con apoyo europeo dentro del Programa PMOE PROA+ para destinar recursos a salidas, colonias ya otras partidas a niños en situación socioeconómica y sociocultural desfavorecida. "Tenemos estas ayudas toda la secundaria y hasta primero de primaria", comenta Vilaró "a veces tienen la palabra en temas de confianza y seguridad".

Para Truñó, estamos ante una mezcla de factores intangibles: "Lo que nos llega es que, más allá del obstáculo económico, hay un cúmulo de otros problemas vinculados: el miedo al desconocimiento, la burocracia, la brecha digital o la lingüística que hacen que, a pesar de haber beca, no acaben participando". En otros centros, las ayudas por las familias más vulnerables provienen de las propias comunidades educativas, de los centros escolares o de las asociaciones de familias de alumnos (AFA), que pagan una parte o la totalidad de las colonias porque valoran su importancia.

Un trabajo en "pico y pala"

Precisamente para acompañar a las familias y explicarles que las colonias son "seguras" y "necesarias" para el aprendizaje, en el Baldomer Solà tienen los integradores sociales que hacen "un trabajo a pico y pala", comenta el director. "También tenemos una promotora de etnia gitana y estamos intentando tener una figura similar para hacer de puente con la cultura paquistaní", explica. Aparte de los promotores y los integradores; los tutores y también el equipo directivo son parte esencial de este diálogo con reuniones o llamadas individualizadas con las familias, resolviendo sus dudas, ofreciendo información sobre la distribución de las habitaciones, la comida, etc. Este año en Cataluña sólo hay 60 educadores y 240 integradores (TIS) dentro de los centros: son sólo 300 figuras sociales para toda Cataluña. "Debería haber técnicos haciendo esta tarea, pero el drama es que sólo tenemos un educador social o TIS por cada mil alumnos vulnerables", advierte Truñó. Somaya también ha encontrado este refuerzo, diferentes profesoras del centro han hablado y resuelto dudas con ella y Nadjat para intentar que se sume a estas actividades, aunque sin éxito.

"Todo lo que se hace fuera de la escuela es visto como algo secundario, y las familias reciben este mensaje. Es un derecho reconocido en el Estatut y en la Ley de Educación, pero no está desplegado para que sea efectivo y reduzca la disparidad entre niños", advierte Truñó. Para Josep Vilaró, entre tanta lucha también hay premios, como conseguir que niños de etnia gitana o alumnos de atención a la diversidad, que nunca habían ido de colonias a primaria, se hayan sumado a la ESO y hayan repetido. "Los niños vuelven encantados, la cara de felicidad no tiene precio, pero cada año es una lucha y hay que ir trabajando de forma muy personalizada con las familias", detalla.

Somaya espera que Nadjat se anime el próximo curso: "yo le aconsejo que vaya porque quiero lo mejor para ella, quiero que haga las cosas que yo no he hecho", confiesa. Para Vilaró, ir de colonias es mucho más que pasar unos días fuera, es gozar de un espacio que, al no ser tan académico, permite profundizar más en las relaciones entre los maestros y alumnos. La dificultad es hacerlo entender y poner los recursos para hacerlo efectivo: "En una sociedad más desigual, hay que hacer un mayor esfuerzo por hacer valer lo que nos jugamos en clave de equidad en el ocio fuera de la escuela. El ocio parece que esté a la sombra de la educación, y la educación en la sombra de los retos sociales. educativos más allá de la escuela", alerta Truñó.

stats