¿Cuándo hay que acudir a un psicólogo infantil?

BarcelonaNormalmente es fácil detectar cuando un niño necesita ir al médico. Fiebre, erupciones, vómitos, heridas... Son síntomas evidentes de que un niño o niña necesita atención médica. Más difícil es darse cuenta de cuándo un niño o niña necesita atención psicológica. Los síntomas no son tan evidentes para la mayoría y, además, todavía hay desconocimiento y tabú hacia la salud mental. Esto pone a muchos padres y madres ante la duda sobre cuándo deben recurrir a un profesional de la psicología para ayudar a sus hijos o hijas.

Según Noemí Balmaña, psicóloga especializada en el neurodesarrollo infantojuvenil del Área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, se debe partir de la base de que todos los niños pasan por etapas de desarrollo que requieren afrontar retos de crecimiento. Y, en la mayoría de los casos, si se respeta el ritmo de aprendizaje de cada niño y se acompaña con afecto y cuidado, se superan las dificultades. No obstante, a veces las familias observan que los niños o adolescentes no avanzan al ritmo esperable y aparecen conductas o emociones que les hacen sufrir o afectan a su vida diaria. Estas son, según Balmaña, “señales de alarma” ante las cuales conviene consultar a un profesional de la psicología.

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La experta concreta las situaciones en las cuales es conveniente hacer una consulta: retraso o alteración en la adquisición de hitos del desarrollo (en el habla, psicomotrices o en la incorporación de nuevos alimentos o texturas), fuertes rabietas con conductas autoagresivas, problemas o cambios emocionales bruscos que interfieran en su vida diaria y en la relación con los demás, problemas de conducta con comportamientos desafiantes persistentes, conductas ritualizadas, pérdida de hitos del desarrollo, graves problemas para conciliar el sueño, problemas de aprendizaje o experiencias traumáticas.

En el caso de los niños, un primer paso puede ser hacer una consulta con el pediatra por si valora que es necesaria una atención psicológica. En cuanto a los adolescentes, Balmaña recomienda escuchar directamente sus preocupaciones. También puede ser útil en ambos casos hablar con la escuela para recoger información sobre cómo se comporta en un ámbito externo al familiar. Pero la psicóloga advierte que, especialmente en el caso de los adolescentes, siempre se debe ser prudente y preservar la imagen que ellos quieren dar en el contexto escolar.

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Hablar con naturalidad con los niños

Una vez decidido que consultaremos a un profesional de la psicología, ¿cómo debemos comunicárselo a los niños? Balmaña aconseja hablar de ello con naturalidad, adaptando el mensaje a la edad del menor y evitando expresiones que hagan pensar que hay alguna cosa que no va bien. “Debemos intentar que lo vivan como una oportunidad”, dice. Además, asegura que consultar a un profesional no significa automáticamente que haya un trastorno. El profesional recabará información de diferentes contextos (progenitores, escuela, los propios niños...) y valorará si se trata de un tema transitorio o si es necesario iniciar una intervención más específica. Si es así, la tarea del profesional será sobre todo dar herramientas, tanto al niño como a la familia, para superar estas dificultades.

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Pero, más allá de eso, Balmaña también hace recomendaciones para seguir en casa desde la primera infancia. La psicóloga destaca la importancia de que, en el contexto familiar, se hable de las emociones. Según dice, el niño debe normalizar que las conversaciones no tienen lugar solo por cosas positivas y divertidas. “Si van viviendo esto en casa, lo más probable es que cuando tengan una necesidad lo entiendan mejor”, afirma Balmaña, que anima a las familias a no esconder las emociones y los malestares ante los niños. En este sentido, asegura que ver cómo los padres afrontan los malestares puede ayudar a muchos hijos a aprender a gestionar los suyos.