Libertad o control: ¿cómo se gestionan las primeras noches de fiesta de los adolescentes?

Las Ferias de Girona ponen a prueba la confianza entre padres e hijos, con adolescentes que reclaman autonomía y familias que sufren por los riesgos de salir de noche y el consumo de alcohol

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Adolescentes, familias y adultos en uno de los conciertos de barracas de Gerona.
29/10/2026 - 07:03 h

GeronaCuando dan el paso de la escuela al instituto, la mayoría de adolescentes empiezan a tener ganas de salir de fiesta. Ganas de descubrir cosas nuevas, de hacerse mayores, conocer gente y pasárselo bien en un espacio lejos de la tutela de la familia. Muchos padres y madres, sin embargo, viven estas primeras noches festivas con preocupación y sufrimiento. Sufren porque a altas horas de la noche a los hijos pueda pasarles algo, se angustian cuando no contestan los mensajes y no están tranquilos hasta que vuelven a casa sanos y salvos. Ahora bien, ¿es posible encontrar un equilibrio entre las ansias de diversión de los jóvenes y la angustia de los adultos? ¿Entre controlar y prohibir? ¿Entre dar libertad y pasarse de la raya?

Edad media de inicio del consumo de sustancias psicoactivas
Resultados en el alumnado de educación secundaria de 14 a 18 años en Cataluña (2025)
Fuente: Generalitat de Catalunya / Gráfico: ARA

A todas estas disyuntivas se enfrentan adolescentes y familias las primeras veces que quieren salir de fiesta. En Girona uno de los momentos habituales en que se ponen sobre la mesa es por las Ferias, a finales de octubre. Los adolescentes de 12, 13, 14 o 15 años ya no quieren subir solo a las atracciones con los padres como cuando eran pequeños, sino que desean ir a las barracas y a los conciertos de la Copa con los amigos. El viernes 23, primer día de fiesta, había muchos. En el escenario tocaba Miki Núñez cerca de la medianoche y entre el público incluso había familias enteras con hijos en edad escolar.

Fuera del ámbito más festivo del concierto, los jóvenes se concentran sobre todo en una explanada entre el escenario, los plátanos y las atracciones. "El cuadrado", lo llaman. Allí charlan, ríen y van a lo suyo y los jóvenes de 20 o 30 años no lo frecuentan. Eso sí, cuanto más avanza la noche menos menores de 16 años quedan y el ambiente se va degradando. "El año pasado salimos por primera vez hasta la 1, este año hasta las 2, pero nos gustaría quedarnos más, porque no hay ningún problema y las barracas son solo una vez al año", dice Àlex, de 14 años, con el grupo de amigos del instituto. Todos conocen a alguien u otro, van haciendo viajes de arriba abajo y se lo pasan bien.

La mayoría, aunque no tienen edad legal para hacerlo, han bebido o beben alcohol. También se ven algún cigarrillo y vapeadores perfumados. En las barras de las barracas, como es lógico, no se puede vender alcohol a menores, pero es fácil que encuentren a un conocido mayor que se lo compre. Ahora bien, sobre todo hacen botellón, mucho más barato y accesible. Explican que preparan su mezcla hecha en casa de alcohol y refresco en una botella de plástico, van a algún jardín más apartado del Barrio Viejo, beben y escuchan música y antes de medianoche llegan a la Devesa, con el resto de la bebida en alguna mochila, y van rellenando el vaso de vez en cuando.

"Las fiestas no están pensadas para los adolescentes"

Mientras tanto los padres los esperan en casa o dan vueltas de reconocimiento manteniendo la distancia hasta la hora que han pactado para ir a recogerlos. La rotonda de Correos, a partir de las 2, es un ir y venir de coches que recogen a chicos y chicas, solos o en grupitos. Momento de encuentro y de evaluar si hay algún tipo de perjuicio excesivo.

Una de las madres pacientes es Anna Mancebo, con una hija de 15 años y dos hijos más que ya son mayores y que han pasado por el mismo proceso. "Yo no obligo a nada, sino que he intentado que ellos mismos sean responsables de sus actos. Negociamos a ver cómo se puede hacer para que ella se lo pase bien y nosotros estemos tranquilos. Al principio entre sus propuestas y las nuestras no coincidimos en nada, pero llegamos a acuerdos. Eso sí, hay veces que el «Mamá, por favor déjame quedar un poco más» es imposible", explica. Y añade: "El problema es que las fiestas no están pensadas para los adolescentes, los conciertos que les gustan los ponen a altas horas de la madrugada y en la Devesa no hay buena cobertura. Lo tendríamos que arreglar, porque no podemos contactar bien con ellos, y si llegas al punto de recogida, no hay nadie y no te contestan, pasas una angustia increíble".

Una de las barracas de Gerona, llena hasta la bandera, en la Copa.

Sensación de inseguridad y preocupación añadida con las chicas

Más allá de que los hijos beban más de la cuenta o tomen alguna droga, la gran preocupación de los padres es que alguien haga daño a sus hijos. El clima de inseguridad instalado en la ciudadanía, con pseudomedios que transmiten noticias catastrofistas y mensajes que corren por las redes sociales, aviva este miedo. Y el hecho de que las barracas sean una fiesta al aire libre, donde puede entrar todo el mundo, junto a árboles y rincones escondidos, tampoco ayuda. El miedo es especialmente acentuado con las hijas: "No debería ser así, pero con una chica sufres mucho más que con un chico. Es muy bestia. En barracas hay zonas muy oscuras y algunos chicos adultos se relacionan con chicas más jóvenes con falta de respeto", acaba Mancebo.

Fuentes policiales, sin embargo, dicen que la zona de las barracas es segura, con un gran dispositivo especial de policía, agentes de paisano y seguridad privada. Ciertamente, no hay índices preocupantes de delitos graves, pero los hurtos de móviles en zonas concurridas, a veces con la gente despistada, sí que aumentan exponencialmente estos días.

Crear un clima de confianza desde la infancia

Además de los padres, los educadores también tienen un papel importante a la hora de entender las dinámicas de estas primeras salidas de fiesta. Gerona dispone del servicio municipal del Centro Joven de Salud, que acompaña y asesora a jóvenes de 12 a 26 años en ámbitos como la salud afectiva, los consumos y el bienestar emocional. Durante las Ferias también tienen un punto de información y asistencia en las barracas y promocionan un cóctel sin alcohol.

Carme Fornells, responsable de salud afectiva del servicio, dice que las familias deben encontrar un equilibrio entre dar autonomía a los adolescentes y establecer unos límites. "Aunque tengan 15 años, no puedes dejarles volar, todavía les falta madurez", advierte. Por eso considera importante regular los horarios y saber con quién salen, pero también construir, desde pequeños, "un clima de confianza y comunicación" que permita hablar de todos los temas sin prejuicios. Fornells insiste en que el acompañamiento familiar debe basarse en el diálogo y no en el miedo, y que hay que abordar estas primeras experiencias con naturalidad. "Es importante hablar de todos los temas, no prejuzgar y actuar como modelo. La familia, en vez de crear miedo, debe acompañar con naturalidad. Los padres de ahora también fueron adolescentes", recuerda.

Sobre el consumo de alcohol u otras sustancias, Sergi Garcia, psicólogo del Centro Joven de Salud, alerta de la facilidad con la que los adolescentes pueden conseguir alcohol, y reitera que las familias deben evitar tanto la sobreprotección como la permisividad. "Ni control absoluto ni tampoco manga ancha", resume. Garcia considera que la clave es encontrar un punto intermedio entre la supervisión adulta y la capacidad de los jóvenes para tomar decisiones por sí mismos. "Hay que confiar en las herramientas que los jóvenes han ido adquiriendo, sin perder de vista la prevención y el diálogo", señala. En este sentido, considera que prohibir o adoptar una actitud excesivamente rígida no elimina necesariamente los consumos, sino que puede dificultar la comunicación y hacer que los adolescentes dejen de explicar a los adultos qué les pasa.

Finalmente, los profesionales también remarcan que, a pesar del imaginario colectivo y las angustias de los padres, las conductas de riesgo de los adolescentes no se producen necesariamente en entornos festivos. Según Fornells, muchas primeras experiencias relacionadas con el consumo de sustancias o las relaciones sexuales tienen lugar en situaciones cotidianas, fuera del ocio nocturno. "Muchas veces ocurren en casa una tarde que no están los padres, saliendo de clase", apunta. En cuanto a los abusos, Fornells alerta que no siempre se dan en contextos de fiesta, sino que a menudo se producen en entornos familiares y de confianza, con personas conocidas.

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