Maestros de pleno derecho
Quienes trabajamos con niños en la primera etapa educativa celebramos y aplaudimos que el último cambio curricular de 2023 afirmara desde el principio que «el currículo de educación infantil integra el primer y segundo ciclo en una única etapa educativa con identidad propia». Esta es una demanda que han hecho los movimientos de renovación pedagógica, con la revista IN-FAN-CI-A Como orador principal, se ha reivindicado y defendido durante décadas. Lo que ocurre es que estas buenas intenciones, al tocar tierra, terminan siendo un brindis al sol, porque la realidad es que tenemos un escenario completamente fragmentado.
Depender de administraciones diferentes
El primer y segundo ciclo de esta etapa dependen principalmente de diferentes administraciones. Los ayuntamientos gestionan las escuelas infantiles, mientras que los grupos de segundo ciclo llevan tiempo integrados en las escuelas de primaria, gestionadas por la Generalitat. Esta distribución ha dejado la acogida de los más pequeños en manos de las administraciones locales, que gestionan esta tarea con diferentes responsabilidades, lo que genera una gran diversidad en las condiciones laborales de los equipos de 0 a 3 años. Los equipos de 3 a 6 años, por otro lado, tienen una homogeneidad en sus condiciones laborales similar a la de sus compañeros de primaria.
Esto se traduce en un algoritmo claro: cuanto más pequeños sean los niños que eduques, más precarias serán las condiciones de trabajo.
La escuela privada y concertada, consciente de esta fragmentación, la soluciona ofreciendo educación desde una edad temprana, garantizando a las familias una continuidad que la escuela pública actualmente no ofrece. Es fácil pensar que existen muchos intereses en mantener esta situación.
El plan experimental impulsado por el Secretariado de la Escuela Rural, iniciado en 2016, a través del cual se posibilita la incorporación de los niños de primer ciclo a la escuela rural, representa una experiencia que convendría evaluar su calidad, para valorar su continuidad y quizás también su extensión más allá del ámbito rural.
Doble figura educadora
Esta es también una realidad que tenemos en nuestro país, y que dista mucho de ser generalizada en el resto de países europeos, lo cual también es importante comentar. ¿Por qué se necesitan dos preparaciones, dos formaciones diferentes, la de docentes y la de técnicos en educación infantil (TEI)? ¿Qué argumentos justifican una diferenciación de los aspectos asistenciales y pedagógicos (que es cierto que el trabajo implica) mediante una doble figura profesional? El pedagogo Loris Malaguzzi dijo que no podía ser que en la escuela hubiera un adulto que cuidara el cerebro del niño, ¡y que otro, en cambio, cuidara su trasero! Disculpen la expresión, compañeros educadores, porque conozco el valor de su trabajo, por eso me indigna que no se les considere docentes de pleno derecho.
Creo que en este asunto, por un lado, existe una idea arraigada social y políticamente de que el programa de 0 a 3 años debería centrarse en la custodia (de ahí el nombre de "guardería", tan difícil de eliminar) y el cuidado, y, por otro lado, también influye la variable económica. Cuanta menos formación se tenga, menor será el salario. Ah, y esto se debe a que los institutos que forman a quienes se convierten en TEI realizan una labor extraordinaria y muy específica, que también sería interesante que la universidad observara con curiosidad, ya que podría aprender cosas que aportar a la formación del profesorado.
Una escuela, dos currículums
Los niños de 3 a 6 años, aunque no forman parte de la educación obligatoria, se integran organizativamente en las escuelas públicas. Esto a menudo nos lleva, a los equipos docentes que trabajamos allí, a tener que recordar, y en algunos casos incluso defender, la especificidad de la etapa y los criterios definidos en los textos oficiales. Los centros que acogen a niños de 3 a 12 años deben definir un proyecto educativo coherente y respetuoso con las identidades de ambas etapas (infantil y primaria), y en ocasiones el peso de la primaria acaba eclipsando organizativa y pedagógicamente el segundo ciclo de la etapa preescolar.
A pesar de todo, quienes trabajan en educación infantil y primaria siguen siendo el grupo más capacitado y movilizado para exigir la calidad de la educación para los más pequeños. Ahora bien, no debemos perder nuestro norte, que es la verdadera unidad de la etapa, y nos esforzamos por lograrla.