Opinión

¿Por qué es (tan) difícil escribir?

Un niño escribe un cuento.
23/01/2026
3 min

He tomado el título del libro escrito por el pedagogo Philippe Meirieu para escribir estas reflexiones sobre la complejidad que supone hacer entrar a los niños en el mundo del escrito. Es un libro breve, recogido en la nueva colección Minerva que ha editado la Asociación de Maestros Rosa Sensat, recuperando el nombre de la colección que a principios del siglo XX ofrecía la Diputación de Barcelona y más tarde la Mancomunidad de Cataluña.

Esta lectura es un bálsamo para todas las personas que nos ocupamos de esta tarea tan difícil ya la vez tan apasionante como es despertar a los niños el interés por aprender a leer y escribir. Si hablo de bálsamo se debe a que últimamente en el debate que ha provocado todo lo que ha tenido que ver con los resultados educativos sobre comprensión lectora, ha habido el retorno de un análisis tecnificado y conductista, a menudo disfrazado de novedad, avalado por la evidencia científica.

En el sumario del libro, Meirieu empieza a partir del primer yeso y acaba hablando del primer chat, después de pasar por la primera carta a los Reyes (¡de Oriente, claro!), los primeros relatos, los primeros juegos con palabras y otros momentos cargados de sentido y de vida. Es muy necesario que los movimientos de renovación pedagógica hagan esta zancadilla a la arrogancia de los planteamientos a los que antes hacía referencia. Estos planteamientos desgraciadamente están encontrando un terreno fértil, abonado por la sensación de fracaso generado por una interpretación pesimista y sesgada de los malos resultados de las pruebas externas.

Saber leer y escribir con sentido crítico

Desde mi punto de vista, en estos momentos es muy importante poner sobre la mesa del debate cómo se aprende y cómo se enseña a leer y escribir, la dimensión humana y social de este aprendizaje. Cuando digo humana lo digo pensando en la importancia de tener en cuenta una serie de dimensiones que muy a menudo son imprevisibles y, por tanto, difíciles de interpretar desde un planteamiento excesivamente científico, porque cada niño y cada persona es única e irrepetible.

Si la escuela quiere poner a la humanidad por delante de la técnica debe priorizar aspectos como la necesidad de comunicarse a través del escrito, el descubrimiento de los mundos que los niños encuentran en las literaturas infantiles, la construcción de sentimientos y afectos también en el intercambio de mensajes, el derecho a tener y exponer una opinión sobre un hecho o un fenómeno, sueño, juego canción, la poesía, el teatro… Todo este listado que puede crecer aún más es el que las escuelas deberían alimentar y hacer crecer, para ofrecer multitud de puertas detrás de las cuales los niños encuentren la pasión por aprender a leer y escribir.

Meirieu dice, en un momento de su libro: "Lo que el niño quiere es saber leer y escribir. Pero enseguida descubre que para saberlo, es necesario aprender. Sería demasiado bonito que todos los niños desearan aprender. ¡Lo que desean es saber!"

Ésta es exactamente nuestra tarea, hoy. Hacer lo posible por desvelar en los niños y jóvenes las ganas de aprender. Y es que, en los tiempos actuales dominados por las tecnologías, tener la sensación de que "sabes" es engañosamente fácil, pero en los saberes se disfrazan de ideologías, prejuicios o publicidad. Saber leer y escribir con sentido crítico será la mejor enseñanza que podemos darles para navegar en esta complejidad sin ahogar su identidad.

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