Irán y EEUU: preparémonos para aflojar la cartera
Podríamos pensar que el conflicto bélico en Irán nos queda muy lejos y no nos afecta directamente. Pero nada más lejos de la realidad. Este tipo de conflictos tiene consecuencias económicas globales y, en este caso, una de las principales es el aumento del precio de una materia prima clave: el petróleo. Cuando el petróleo se encarece, también lo hace el combustible —lo que probablemente ya habrá notado— y, en consecuencia, acaban aumentando otros muchos precios de la economía. De hecho, este contexto puede generar de nuevo inflaciones del 4% a su precio actual.
Si el combustible sube, los primeros en ver incrementados sus costes son los transportistas. Para mantener su actividad, los profesionales acaban repercutiendo ese aumento en el precio de sus servicios. Las empresas finales, a su vez, trasladan también este incremento a sus productos o servicios. Así, un supermercado acabará vendiendo todos los productos a mayor precio. En última instancia, quien acaba asumiendo ese aumento es el consumidor final. En resumen: si el transporte se encarece, todo se encarece.
¿Pero por qué sube el petróleo? No es porque de repente todos hayamos empezado a llenar más los depósitos. La clave es la oferta mundial. El estrecho de Ormuz, cerrado, es una vía fundamental para el 20% del petróleo mundial, e importantes instalaciones de la región —como refinerías o infraestructuras energéticas— empiezan a estar afectadas por los ataques. Cuando la oferta global se reduce o existe riesgo de que se reduzca, los mercados reaccionan inmediatamente con subidas de precio.
Cuanto más corto sea el conflicto, antes podremos volver a cierta normalidad. Ahora bien, el combustible sube como la espuma cuando se encarece el petróleo, pero suele bajar mucho más lentamente cuando éste se vuelve a abaratar. Por tanto, es probable que todavía notemos sus efectos durante unas semanas, como mínimo.