Números redondos

Simular que eres un político para acercar a los jóvenes a la democracia

Los alumnos participantes en el taller "Soy diputado/Soy diputada" presentan sus propuestas a los diputados con el objetivo de incidir en las decisiones de la cámara
06/06/2026
4 min

PolitólogoEl desplazamiento de la juventud hacia posiciones conservadoras, especialmente entre los chicos, deja a menudo fuera del foco otra realidad: la primera opción política entre la gente joven, tanto en las elecciones como en otras instancias de participación política, es la abstención. En las elecciones europeas de 2024, solo 2 de cada 10 menores de 24 años ejercieron el derecho a voto. Según el Centre d’Estudis d’Opinió, las franjas de edad más joven son las más abstencionistas (menos de la mitad aseguran tener claro que votarían) y es también el grupo de edad que menos se informa de política.

Si se miran los perfiles de los jóvenes desmovilizados, no todos responden a un mismo patrón. Por un lado, está la juventud crítica con el sistema, con cómo funcionan las cosas. Tiene un cierto grado de conexión política y consume información de forma más o menos frecuente. Muestra una (profunda) insatisfacción con las políticas públicas, el funcionamiento de los partidos o las instituciones y con su capacidad de encontrar soluciones. Por otro lado, están los jóvenes desafectos, aquellos que están desconectados de la vida política. Aunque cuando lo verbalizan puedan parecer igual de críticos que el primer grupo (o más), tienen un perfil diferente: más bien poca información política, sin voluntad de obtenerla y con un grado más elevado de cinismo.

¿Qué se puede hacer para (re)conectar a ambos grupos de jóvenes con la política? Una de las políticas que se han explorado es la educación cívica. Numerosos países del mundo tienen una variación de lo que en nuestro país se conoció hace unos años como “educación para la ciudadanía”, una introducción ligera a cuestiones sociales y políticas y que, si hacemos caso de un estudio realizado por Enrique Hernández y Carol Galais (UAB), aumentó ligeramente la información y conexión política de la juventud.

Hay, sin embargo, otra vía, la cual pasa por sumergir a los estudiantes en una simulación real con incidencia directa en las instituciones. Esto es precisamente lo que hace el taller “Soy diputado / Soy diputada” del Parlament de Catalunya: este año académico ha reunido a más de 7.000 alumnos de toda Catalunya, los cuales han debatido propuestas e ideas que se han enviado posteriormente a los diputados de la cámara catalana. Uno de los objetivos de fondo es el de sumergir a los jóvenes en las dinámicas políticas reales para romper con la relación negativa que muchos tienen hacia la política institucional.

Una ventana de oportunidad

¿Funcionan estas simulaciones? Como se ha demostrado en algunos casos, la respuesta no es del todo obvia: las personas críticas con el sistema pueden reaccionar de forma negativa y verle las costuras, por mucho que las instituciones se centren en las bondades. Esta espiral de negatividad, sin embargo, no se produjo en el caso de los talleres en el Parlament. Así lo certifica la evaluación, codirigida por la pedagoga Verónica Moreno (UPF). Comparando alumnos semejantes, pero que difieren en el hecho de que unos han hecho el taller mientras que otros no, la evaluación revela que el taller hizo crecer el interés por la política catalana, la percepción de que es importante votar en las elecciones y la idea de que el voto de los jóvenes puede influir en lo que ocurre en la cámara catalana.

Los talleres cambiaron también la visión que muchos estudiantes tienen de la política: del politiqueo se pasó a una visión más institucional; del desconocimiento se transitó hacia la percepción de que el Parlament puede cambiar las cosas. Aunque el efecto duró poco, también empujó a algunos alumnos a reflexionar sobre cómo consumen información política, y los alejó de Instagram y TikTok y los acercó más a medios tradicionales como la TV o la radio.

Con todo, estas herramientas de educación cívica no dejan de ser una gota en un desierto y tienen sus límites: mientras que algunos alumnos mejoran, otros siguen siendo (muy) críticos después del taller. Este último grupo, sin embargo, ya no está instalado en el "tanto me da". Y esto no es un mérito menor: una democracia de calidad no se suele construir con ciudadanos apáticos, sino críticos.

¿Otra ola de nacionalizaciones?

En los últimos años el gobierno del Reino Unido ha iniciado un proceso de (re)nacionalización de las compañías operadoras ferroviarias. El debate sobre la recuperación por parte del sector público de servicios gestionados por manos privadas no es exclusivo de las islas británicas. En nuestra casa, por ejemplo, muchos municipios se esfuerzan por remunicipalizar algunos servicios, como el de la gestión del agua. Tal como muestran los datos de Mulder, las nacionalizaciones estatales han ido oscilando en la historia: alcanzaron su pico a mediados de la década de los setenta, a pesar de que su efecto fue relativo dada la oleada de liberalizaciones que se produjo en todo el mundo. A raíz de la crisis financiera del 2008, hemos observado otra oleada de nacionalizaciones. En los últimos años, han vuelto a crecer. ¿Viene otra oleada?

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