El consultorio

¿Qué tenemos que hacer con las manualidades que traen los niños a casa?

Ahora que llega final de curso os damos algunos consejos para organizar las creaciones que han hecho en el aula vuestros niños

06/06/2026

BarcelonaSe acerca el final de curso y también una escena que se repite en muchas casas con niños en edad escolar: llegan con diversas –si no muchas– manualidades que han hecho en la escuela, en las extraescolares... Y vuelven las preguntas: ¿qué tenemos que hacer con todo esto? ¿Lo guardamos todo? ¿Lo tiramos todo? ¿Lo dejamos por casa y lo vamos tirando al cabo de unos días sin que los niños se den cuenta?

¿Se tienen que tirar?

Grit Förster es organizadora profesional y tiene entre sus clientes muchas familias que se han encontrado con esta situación. Además, tiene tres hijos y, por lo tanto, ha vivido esta escena en primera persona. Multiplicada por tres. Ella no recomienda ni tirarlo todo ni guardarlo todo, sino lo que ella llama “selección consciente”. “Si lo guardamos todo en una gran caja, en la práctica, es como si no existiera”, asegura, y argumenta que muy a menudo todo lo que hay allí dentro no se vuelve a mirar.

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¿Qué guardamos y qué no?

Según ella, lo primero de todo es evaluar los trabajos que llegan a casa. Si es algo que no ha llevado mucho trabajo o que viene ya medio roto o rasgado, quizás no hace falta ni plantearse guardarlo. Hasta aquí puede parecer fácil. Más complicado es el siguiente paso: evaluar el resto de cosas y decidir guardar solo una muestra. Y esta selección, según Förster, es mejor hacerla con el niño, aunque seguramente resulta más duro. Lo justifica, por un lado, por una cuestión de respeto. A veces hay cosas que para las familias no parecen importantes o que no gustan, pero, en cambio, para los niños tienen un valor. Por lo tanto, mejor escucharles. Además, que sean ellos mismos los que tengan que elegir también acaba siendo un aprendizaje. Lo que puede ayudar, dice, es que los niños tengan una referencia espacial. Si saben que solo se puede guardar lo que cabe en un espacio concreto, les resultará más sencillo entender la necesidad de la elección y también tomar las decisiones sobre qué guardar.

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¿Qué hacemos con la selección?

Una vez hecha la selección, esta experta en orden propone “exponerla”. Es decir, tener una cajita donde guardar algunas cosas puede ser una solución a corto plazo, pero lo mejor es encontrar un lugar donde las manualidades que hayas guardado estén visibles. De esta manera, los niños perciben que se da un lugar y un valor a su trabajo.

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En el caso de los dibujos se puede optar por un tablero de corcho o imantado, por ejemplo, colgado en la habitación del niño o en otra zona de la casa. Se pueden ir colgando los dibujos seleccionados durante un tiempo. También hay marcos con almacenamiento que permiten exponer un dibujo y tener otros guardados detrás. Y hacer cambios cuando el niño quiera. Según Förster, a menudo son ellos mismos que, al cabo de un tiempo, se cansan y los quieren cambiar. Otras opciones para hacer “visibles” los dibujos son hacer un collage con algunas partes y colgarlo, recogerlos en álbumes que se tengan a mano para consultar de vez en cuando o hacer postales para enviar a familiares o amigos.

¿Y qué hacemos con las manualidades en tres dimensiones?

Más difícil es cuando las manualidades tienen tres dimensiones: figuras de plastilina, de barro de cartón o materiales reciclados. En este caso, la opción que recomienda Förster y la que ella ha usado en casa es dedicar una pequeña repisa o estantería a exponerlas. Así los niños las ven, pero también entienden que el espacio es limitado y que, si se quieren guardar otras, habrá que retirar algunas. Si se hace esto, “en un primer momento se pueden guardar en una caja, pero teniendo muy claro que al cabo de un tiempo nos desharemos de ellas”, explica.

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Y un último consejo que siempre da Förster es hacer fotos de todo cuando llega a casa y está en buen estado, especialmente cuando son piezas de plastilina, barro o algún material que se deforma o rompe fácilmente. Solo este gesto los niños lo perciben como una muestra de interés por parte de los padres y madres en su trabajo. Además, permite guardar un recuerdo si la pieza se acaba estropeando y, hasta, hacer álbumes digitales o en papel para conservarlos.