Meritxell Benedí Altés: "La maternidad es demasiado individual, y eso es horrible"
Historiadora, escritora y madre de Martina y Jana, de 17 y 15 años. Trabaja acompañando a mujeres en situación de violencia. Es concejala en el Ayuntamiento de Castellterçol y ha sido directora general de Servicios Sociales de la Generalitat y presidenta del Instituto Catalán de las Mujeres. Publica 'La bassa' (Més Llibres), una narración sobre una pareja, Mireia y Sergi, con dos hijas, que vive una degradación irrecuperable de la convivencia. Una descripción conmovedora sobre la violencia psicológica que a menudo se esconde en las relaciones de pareja
Un día, cuando mis hijas eran pequeñas, hacíamos cola en la carnicería, estaban cansadas e hicieron una rabieta. Yo también estaba cansada y avergonzada por su rabieta, porque notaba que todo el mundo me miraba, y lo gestioné como pude. No recuerdo qué les dije, pero se tranquilizaron. Entonces, una mujer que estaba esperando me felicitó por haberlo hecho bien. No la he vuelto a ver más, y mira que en Castellterçol nos conocemos todas, pero en aquel momento me dio mucha seguridad. Como si un hada me tocara con su varita mágica.
A veces, la gente ayuda.
— En una organización social como la nuestra, la maternidad es demasiado individual, demasiado separada de la comunidad, y eso es horrible. Nos hace sentir solas, dudar de nosotras, y el patriarcado, el racismo y el capitalismo se aprovechan de ello. Las mujeres sufrimos cada vez más depresión y ansiedad que son consecuencia directa de esta presión, de esta desconexión y de este modelo económico.
Esta presión a menudo es el sentimiento de culpa.
— El sentimiento de culpa es una herramienta de control poderosísima. A mí me ha ido muy bien un consejo que me dio una amiga que me dijo que solo me daría un consejo: no sigas ningún consejo. Siempre hay alguien dispuesto a cuestionar tus decisiones: si das el pecho o biberón, si haces colecho o no, etc. Y solo tú sabes qué necesitáis tú y tu criatura. Por lo tanto, lo que decidas estará bien.
En La bassa narras cómo las hijas pueden ser la herramienta de un maltratador.
— El uso de los hijos en contra de la madre es una forma de agresión psicológica muy habitual. Cuando el padre de tus hijas, o alguien más, te dice que eres una mala madre, ataca tu línea de flotación. En nuestra sociedad, la imagen de la madre está mitificada. Se basa en la entrega total. Salir de esta norma social es un riesgo si no tienes claro que es una imposición y que hay tantos modelos de madres como mujeres en el mundo. Por eso los vínculos con la familia y las amigas y los espacios de crianza en los cuales poder compartir con otras mujeres son tan importantes. No hay nada peor que sentir que lo que te pasa solo te pasa a ti.
Describes muy bien la degradación de la convivencia.
— En la novela, lo que le pasa a la protagonista, Mireia, o lo que hace Sergi me lo han explicado mujeres con las que he tenido relación. La mayoría de las mujeres que conozco hemos sido Mireia alguna vez y hemos conocido a un Sergi, o a más de uno. Cuando trabajo con mujeres pasa una cosa muy bonita. Una vez ponen en común las cosas que piensan que solo les pasan a ellas, ven que no tiene nada que ver con lo que hagan sino con la estructura de poder. Entonces, en su cuerpo se produce un cambio muy visible, cuando se quitan de encima el peso de la culpa.
¿Qué aspectos de la vida de tus hijas te preocupan?
— Cómo se relacionan consigo mismas y el mundo y qué aprenden de mí, qué les enseño con lo que hago. Estoy muy pendiente de que estén bien consigo mismas y su cuerpo. Y también de sus relaciones personales. Me preocupa que sientan que tienen que encajar y renunciar a ser ellas mismas, que gasten energía en adaptarse a la belleza hegemónica.
Si fueras un hada con una varita mágica...
— Me gustaría darles la pastillita del "pasa de la opinión de los demás y vive intensamente", pero esta es una actitud que te llega cuando tienes mi edad. Me preocupan las violencias que ya viven y las que vivirán; la capacidad de mutar y perpetuarse del patriarcado. De hecho, uno de los motivos por haber escrito La bassa es para que detecten a los Sergis a días de distancia.
Cuéntame una anécdota.
— Cuando eran pequeñas les dije que no tenía dinero para pagar Netflix en castellano, y que por eso lo teníamos que ver todo en versión original. Y se lo tragaron. Martina tenía 7 años y Jana 5, y cada día veíamos un capítulo de una serie en la que las protagonistas eran niñas de su edad. Al principio les costaba, y tenía que parar el capítulo muchas veces para explicarles qué habían dicho los personajes, pero ahora no pueden ver nada doblado y entienden y hablan un inglés que ya me habría gustado a mí. Cuando se enteraron de que no había una tarifa para la versión original y otra para el doblaje, ya era demasiado tarde.