Miopía: la pandemia que puede afectar a la mitad de la población en 2050

Esta alteración de la visión casi se triplica entre los 8 y los 12 años, según un estudio de la Facultad de Óptica y Optometría de Terrassa de la UPC

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Adolescente haciéndose pruebas en el oftalmólogo.
27/10/2026 - 08:00 h

El exceso de uso de pantallas y pocas horas de sueño y al aire libre, junto con otros factores, como los hereditarios, están convirtiendo la miopía en uno de los defectos refractivos que afectan de una manera más frecuente a los adolescentes y los jóvenes. De hecho, un estudio de la Facultad de Óptica y Optometría de Tarrasa de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) señala que la miopía infantil casi se triplica entre los 8 y los 12 años. El proyecto de investigación Cohorte Infantil de Salud Visual de Tarrasa (CISViT), desarrollado por el grupo de investigación visión, optometría y salud (VOS) de la Universidad Politécnica de Cataluña - BarcelonaTech (UPC), vinculado a la Facultad de Óptica y Optometría de Tarrasa (FOOT), revela unos datos longitudinales inéditos sobre la población infantil del sur de Europa. Iniciado en 2021, el proyecto cuenta actualmente con más de 2.500 participantes.

Los datos recogidos indican que la prevalencia de esta alteración de la visión aumenta con la edad, con un empeoramiento medio anual de la refracción de 0,29 dioptrías hacia la miopía y una clara tendencia a agravarse en la etapa escolar: a los 8-9 años afecta al 12,3% de la población infantil; después de un año de seguimiento, la cifra sube hasta el 17,1%, y al cabo de tres años de seguimiento, la prevalencia aumenta hasta el 28,7%. “La Organización Mundial de la Salud (OMS), asustada por esta enorme prevalencia de la miopía, la ha categorizado como pandemia y todos los profesionales de la visión del mundo estamos trabajando en ello, porque las cifras son muy escandalosas”, expone Laura Guisasola, doctora e investigadora del citado grupo de investigación. Y es que según datos de la OMS, en el año 2050 la miopía puede llegar a afectar a casi el 50% de la población mundial.

Guisasola explica que este estudio se ha hecho entre alumnos de entre 8 y 12 años porque es en esta franja de edad cuando las miopías se comienzan a hacer manifiestas. Mientras los niños van creciendo, también se va desarrollando el tamaño de la longitud axial de su ojo en un proceso llamado de emetropización. Cuando este proceso es normal, los niños que nacen hipermétropes se convierten en niños emétropes, es decir, que no tienen ningún problema de visión. “Pero, a veces, este crecimiento del ojo es desproporcionado respecto a lo que le tocaría, y entonces es cuando encontramos longitudes axiales más largas de lo que sería esperado, con ojos que forman las imágenes por delante de la retina en lugar de hacerlo en la retina. Esto es lo que provoca que el niño sea miope y no vea bien”.

La investigación también ha servido para identificar diferencias significativas en función del género. En el primer caso, evidencia que las niñas con miopía en edades tempranas constituyen un grupo de riesgo debido a una progresión más rápida del crecimiento ocular en comparación con los niños. “Aconsejamos un seguimiento más cercano y más frecuente en las niñas que ya tienen miopía”, apunta Guisasola. Por otro lado, el hecho de que para llevar a cabo este estudio se haya trabajado con escuelas de Terrassa con una destacada población magrebí y latina ha permitido detectar que los niños de etnia no caucásica presentan una longitud axial del ojo de partida mayor. “Hemos visto que estos niños tienen un poco más de prevalencia de miopía, pero después de hacer el seguimiento hemos detectado que a medida que crecen, el desarrollo de la miopía no es más destacable que la de los niños caucásicos: si bien en un primer momento podría haberlo parecido, la evolución posterior hace que no haya diferencias entre estas etnias”, señala Guisasola. En otro ámbito, la investigadora también indica que se han encontrado que los niños de familias más vulnerables, con niveles socioeconómicos más bajos, tienen más prevalencias de miopía. El estudio lo relaciona con el hecho de que estas familias tienen menos capacidad de identificar los problemas de salud, de saber cómo abordarlos y a qué profesionales dirigirse, así como de reconocer los factores de riesgo y los factores protectores para afrontar esta anomalía.

Anticipación y prevención

Habitualmente, la miopía se trabaja cuando emerge, cuando el niño ya no ve bien y necesita gafas, pero es posible anticiparse a su aparición. En este punto, Guisasola expone que si los profesionales de la salud visual, en lugar de trabajar solo la refracción, miden a lo largo de toda la infancia las longitudes axiales, pueden obtener datos que supongan dos años de anticipación antes de que la miopía sea manifiesta. “Para ello hacen falta visitas periódicas a los profesionales para realizar controles, sobre todo en aquellos niños que ya tienen progenitores miopes o que tienen mucha propensión al trabajo con visión cercana”, añade.

La edad de los niños estudiada coincide con el momento más activo del aprendizaje, sobre todo a través de la lectura, pero también hay otros hábitos que pueden favorecer o frenar el desarrollo de la miopía. “Un uso excesivo de dispositivos electrónicos cuando salen de la escuela o los fines de semana constituye un factor de riesgo, pero, por otra parte, estar muchas horas al aire libre y en contacto con el sol es un factor protector, de la misma manera que lo es dormir ocho horas o más, lo cual favorece tener una visión saludable”, explica Guisasola.

A pesar de la importancia de la prevención y de que unas gafas o diferentes tipos de lentes de contacto suelen corregir este defecto refractivo, hay que tener en cuenta que cuando las miopías progresan y superan las 6 dioptrías pueden comportar otros problemas. “En este momento se debe vigilar mucho a nivel patológico, porque la retina puede ser susceptible de sufrir patologías oculares graves”, advierte Guisasola.

Este estudio realizado por la UPC es un estudio longitudinal –realiza seguimiento de la evolución de los niños a lo largo de diferentes cursos académicos– inédito en el sur de Europa. Y tal como apunta Guisasola, a pesar de los datos obtenidos, difiere de lo que sucede actualmente en Asia, donde la prevalencia de la miopía es mucho más alta. Por tanto, la prevención, la anticipación y las revisiones oculares periódicas pueden ser los ingredientes principales para frenar esta nueva pandemia.

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