"¿Tú también te morirás?": las claves para gestionar el duelo en la infancia

2 min
Proceso de duelo de una niña.
01/11/2026 - 07:01 h
Educadora emocional y directora de La Granja Ability Training Center

Llega noviembre y la festividad de Todos los Santos, y durante unos días hablamos más de los que ya no están llevando flores al cementerio, recordando a los abuelos o contando antiguas historias familiares. Y mientras lo hacemos intentamos gestionar nuestras propias emociones, y si hay niños cerca puede aparecer la pregunta: ¿qué hacemos con el dolor de los niños?

Quizás lo primero es entender que los niños viven la muerte de una manera un poco diferente a nosotros, desde un lugar más natural. Mientras nosotros nos centramos en la ausencia, en todo lo que hemos vivido o en todo lo que ya no viviremos, ellos acostumbran a estar preocupados por cosas mucho más inmediatas: "¿Quién me llevará a la escuela?", "¿Y ahora qué pasará?", "¿Dónde está?", "¿Volverá?", "¿Tú también te morirás?"

Necesitan entender qué cambia en su mundo en aquel momento. Y aquí los adultos tenemos un reto enorme, porque nuestro instinto es protegerlos y evitarles cualquier sufrimiento, y con toda nuestra buena intención queremos sacarlos de allí distrayéndolos, haciéndoles hacer mil actividades o comprándoles cosas. Pero así no les estamos ayudando, ni les ayudamos cuando nos preguntan y cambiamos de conversación, ni cuando escondemos nuestro propio dolor para que no nos vean sufrir.

Pero no siempre se necesita que nos apartemos del dolor, sino que puede hacer falta que nos quedemos un poquito con él. Y cuando un niño pierde a alguien que quiere, su tristeza es suya y le pertenece. Recuerdo a una niña de 6 años que había perdido a su hermanito de uno, y hacía un año que casi no sonreía. Los primeros días del campamento de verano recuerdo hacer de todo para que estuviera feliz y contenta, quería distraerla y que no sufriera ni un segundo, ni con los compañeros ni con la comida ni con nada, quería protegerla hasta el infinito porque consideraba que ya había sufrido bastante. Hasta que me di cuenta de que no tenía derecho a hacerlo, su dolor era suyo, y la primera en aceptarlo debía ser yo, y que solo así podría acompañarla, sostenerla y ayudarla a transitar por él con honestidad. Una vez cambié mi mirada, ella empezó a atreverse a hacer aquellas preguntas que escondía dentro de sí. Las sonrisas llegaron dos semanas después.

Como adultos, tal vez deberíamos preguntarnos: ¿podemos hacerlo? ¿Podemos ver el dolor de nuestros pequeños sin hacerlo desaparecer?

Acompañar el duelo significa hablar de la muerte con naturalidad, utilizando palabras que puedan entender. Significa responder a sus preguntas, también cuando no tenemos todas las respuestas, y permitir que expresen lo que sienten a su manera, porque muchas veces pueden llorar y cinco minutos después ponerse a jugar, preguntar por la persona que ha muerto y al momento siguiente pedir la merienda, o parecer tristes hoy y mañana no. Su duelo no tiene que parecerse necesariamente al nuestro.

Y quizás esta época del año es una buena oportunidad para pensar en ello y recordar juntos a quien ya no está, sin tener que taparlo, y sabiendo que hay emociones que no tenemos que solucionar, solo aprender a atravesar.

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