Susanna Martínez trabajaba en una escuela de l'Escala basada en el método Montessori. Le gustó tanto que, cuando más adelante tuvo que incorporarse a otro claustro, con una manera de trabajar muy diferente, aportaba ideas y actividades que había aprendido entonces. Veía que gustaban, hasta el punto de que una compañera la animó a subirlas a las redes y compartirlas. De ahí nace el perfil de Instagram @propostes.per.infantil, un espacio que Susanna va alimentando con lo que pone en práctica en el aula, con el sencillo objetivo de "hacer tejido y red y ayudarnos entre todos".
Elabora materiales y ofrece la posibilidad de compartirlos por correo electrónico con quien los quiera. "Nosotros siempre tenemos mucho trabajo y buscamos maneras de hacer las cosas diferentes –explica Susanna–. A veces lo tienes que crear tú para encajarlo con las necesidades de tus niños, y vale la pena darlo a conocer".
El confinamiento fue el contexto para que Judit Teixidor creara @emarmestra, también en Instagram. Recuerda reflexionar mucho sobre quién era y qué hacía con su vida: “Necesitaba encontrar mi espacio y crear algo que fuera solo mío", explica Judit. Apostó por explicar su día a día desde la óptica de maestra: quería transmitir qué la movía, qué aprendía y todo aquello que surgía de los niños. En aquel momento compartía ideas y recursos para los compañeros y compañeras del sector, pero ahora es consciente de que entre sus seguidores también hay muchas familias. "Creo que, sin pensarlo mucho, mi contenido se ha ido enfocando hacia padres y madres", dice Judit. Poco a poco, además de los temas relacionados con el mundo educativo, ha ido haciendo divulgación con la intención de llegar a personas más ajenas a su mundo. "Hay mucha desinformación sobre lo que hacemos los maestros dentro de las aulas y nos cuesta mucho exponer honestamente qué vemos y vivimos allí", justifica.
Los seguidores, poco a poco
Susanna tiene apenas 5.500 seguidores, y Judit, 21.000. No son cifras destacables, pero las han conseguido trabajando solas y como una actividad extra de su trabajo. Para Judit, tan importante es una cuenta con 500 seguidores como una con 500.000, "si lo que se expone es coherente y tiene sentido". Defiende que lo que comparte en las redes es "un reflejo" de lo que vive. "Mi perfil es genuino: no está planificado ni es perfecto; en mi cuenta reímos, lloramos y nos enfadamos", destaca Judit como uno de los motivos por los que cree que gusta. En su caso, el crecimiento ha sido "gradual, pausado y nada intencionado", y su perfil ha evolucionado igual que ella, pero ha mantenido la esencia de compartir lo que la conmueve. Propostes.per.infantil, por su parte, va creciendo, pero Susanna no está muy pendiente de ello. Reconoce, eso sí, que cuando publica material al cual ha dedicado muchas horas, sí hace una pequeña llamada para conseguir nuevos seguidores, solo para que se valore su labor.
Judit y Susanna son dos de las maestras que hacen contenido educativo en las redes y pueden llegar a formar parte de lo que se llaman edu-influencers, perfiles que en los últimos años han ido proliferando tanto con la intención de compartir conocimiento y prácticas como de explicar el día a día en las aulas y dar a conocer una profesión tan cercana a las familias como la de docente. Muchos compañeros de profesión, sobre todo en las etapas de infantil y primaria, los utilizan como fuente de inspiración para actualizarse y coger ideas para poner en práctica, un fenómeno que se mira con interés y cierta preocupación desde la Asociación de Maestros Rosa Sensat. Desde esta entidad, hace tiempo que observan el auge de los edu-influencers y lo relacionan con el interés creciente por todo aquello que rodea la educación, tanto entre los profesionales como entre las familias. Ven, pues, el lado positivo de que la educación forme parte de la agenda social, pero también ven algunos riesgos. Por eso, y más allá de esta primera intención de hacer reflexiones pedagógicas y red, la asociación lo considera un fenómeno muy complejo que hay que abordar con cautela.
'Influencers' en secundaria
Aunque las propuestas y actividades para los más pequeños son muy habituales, las redes también se han llenado de contenido y temario de secundaria, en el que los seguidores son, además de las familias y los compañeros de profesión, los propios alumnos, que ya disponen de dispositivos móviles y pueden aprovechar el contenido para entretenerse, aprender e interactuar.
Isa Rubio es profesora de lengua castellana y también empezó a compartir vídeos durante el confinamiento. Al principio solo lo hizo para probar y eligió TikTok, donde estaba el grueso de sus alumnos. Y vio que los vídeos relacionados con la escuela le funcionaban. Al cabo de un par de años empezó a salir ella en pantalla y vio que todavía gustaba más. Primero, compartía anécdotas del centro, después parte del temario, pero el boom real le llegó cuando empezó a hacer vídeos de la selectividad.
Ahora, seis años después de haber empezado, Isa Rubio puede presumir de tener 364.000 seguidores en TikTok y cerca de 30.000 en Instagram, donde empezó mucho más tarde y confía seguir creciendo en un futuro próximo. Su público objetivo son los jóvenes adolescentes de secundaria y bachillerato, aunque sabe que también tiene seguidores universitarios que se han quedado en el perfil después de haberla seguido antes de la selectividad, así como profesionales de la educación a los cuales interesa cómo trabaja. De vez en cuando, dedica algún reel a este grupo, pero mayoritariamente se centra en el alumnado, que la conoce sobre todo por los ejemplos y ejercicios de "pares mínimos", que aparecen en la selectividad y que Isa aprovecha para explicar. Una de las situaciones más satisfactorias que vive a raíz de su experiencia es, precisamente, que algún usuario le agradezca los vídeos porque, gracias a haberlos visto, ha respondido correctamente el ejercicio en el examen.
Un trabajo más
Ni Susanna, ni Judit, ni tampoco Isa han dejado sus trabajos desde que crean contenido en las redes. Tampoco se lo plantean, tengan los seguidores que tengan, porque las tres coinciden en que su profesión es la docente y que las redes son sencillamente un complemento. "Nunca he querido que el perfil se convirtiera en un segundo trabajo", asegura Judit, que es maestra de educación infantil con mención en lengua inglesa. Como es muy exigente consigo misma, dedica muchas horas a preparar todo el contenido que publica y, por eso, no puede publicar ni cada día ni cada semana.
Las tres se preparan ellas mismas el contenido para colgar en la red y gestionan las colaboraciones, que todavía no son económicas. Susanna, de momento, solo colabora con profesionales como ella que le proponen trabajar conjuntamente en material didáctico. Todavía no se ha atrevido a aceptar propuestas de marcas porque eso sería una exigencia y quiere evitarlo; prefiere publicar cuando puede y quiere. Con Judit se han puesto en contacto marcas de productos escolares y literatura, principalmente, y ha empezado a trabajar con ellas, siempre priorizando sus valores. "Mis seguidores saben que no publicitaría nada que no encajara con la mirada que intento transmitir", explica.
Isa también le dedica mucho tiempo. Sube entre dos y tres vídeos al día a TikTok, y parte de su éxito se debe a esta constancia. "Es mucho contenido, mi cabeza trabaja todo el rato", reconoce la profesora. Aunque no hace una planificación minuciosa, dedica entre dos y tres horas a la semana a grabar los vídeos, que después tiene que editar. Puede llegar a dedicar unas diez horas a la semana a @isarubio. "Esto también es un trabajo, pero el mío es dentro del aula y explicar lengua y literatura", añade. De momento, solo ha hecho algunas colaboraciones a cambio de productos, pero tiene clarísimo que, si pudiera vivir de las redes sociales, tampoco lo haría. "Yo soy profesora y hago vídeos, no al revés. Si no fuera docente, de hecho, no podría hacerlos", argumenta Isa.
'Influencers' profesionales
Abrir un perfil para probar y acabar convirtiendo las redes en una fuente de ingresos es lo que le ha pasado a Eva Mateu. Es maestra de educación infantil y primaria y ha trabajado en diversas escuelas de educación viva. Su filosofía es que el maestro solo es un elemento más del aprendizaje de un niño, que es realmente el centro de todo este proceso. La maternidad, sin embargo, le cambió el rumbo "sin querer", porque vio que "acompañar a tu propio hijo es mucho más transformador y complejo que acompañar a los de los demás", y empezó a hacer vídeos para explicar su experiencia. Y ha tenido éxito, porque, en pocos años, ha conseguido cerca de 250.000 seguidores interesados en sus ideas sobre crianza y también en los retazos de vida personal que comparte en sus vídeos.
Eva no descarta poder vivir de las redes y de La Colmena, un nuevo espacio de acompañamiento a la maternidad y la crianza que ha creado "para que ninguna familia se sienta sola" y en el cual vuelca todo lo que ha aprendido con la práctica. Todavía no puede decir que lo haya conseguido, pero sí que lo ve como una posibilidad y, sobre todo, como una vía que le permite conciliar y cuidar de sus dos hijas pequeñas. De hecho, este es uno de los motivos más importantes por los cuales ha dejado de lado el sistema educativo: no entendía que tuviera que dejar a sus hijas para cuidar a los hijos de los demás.
Aunque califica sus proyectos de "pequeños y emergentes", considera que, para que puedan continuar, hay que "hacer las cosas bien". Calcula que dedica entre cuatro y cinco horas al día a ambos proyectos, ya que el contenido audiovisual lo hace ella sola. Trabaja, eso sí, con una agencia que la ayuda a gestionar entrevistas y otras apariciones y también a entender el funcionamiento de este entorno y de las marcas para saber qué dirección debe tomar. Por ejemplo, tiene claro que, para aceptar colaboraciones comerciales, debe compartir sus valores.
Ella misma está sorprendida del vuelo que ha tomado su perfil, @evamatsa_, porque no tiene mucha estrategia a la hora de hacer los reels y estaba convencida de que la maternidad no interesaba a nadie más allá de ella. "Soy activa y tengo curiosidad, y no me imaginaba haciendo contenido sobre maternidad", reconoce.
Las redes, otro mundo
Tener un perfil en las redes sociales no solo expone, sino que genera una serie de situaciones nuevas que las edu-influencers también deben aprender a gestionar, como por ejemplo los comentarios negativos. Isa ha llegado a tener que deshabilitar los comentarios porque, según detalles como la ropa que lleva, el vídeo puede llegar al público incorrecto. Se ha encontrado con gente muy poco empática y sin límites. "La interacción a través de una pantalla hace que haya usuarios que se toman libertades que no se tomarían en directo", dice Judit. A Eva también le ha sorprendido que la gente no diferencie el mundo real del de las redes y, a menudo, se encuentra con personas que la saludan como si se conocieran, aunque ella no las ha visto nunca.
Pero no todo es negativo. Judit, por ejemplo, está contenta de haber podido conocer a otros profesionales y enriquecerse con sus prácticas. "Tenemos al alcance una herramienta muy potente de conexión y divulgación, y me encanta", resume. Eva asegura que le llena de satisfacción haber podido "cambiar la perspectiva" de alguna familia después de ver su contenido. A Isa también le han llegado muestras de "amor y agradecimiento" de otros profesores o alumnos que, con sus reels, han superado exámenes: "Eso no está pagado con dinero".
El peligro de los posts y los reels
En las redes, sobre todo Instagram y TikTok, proliferan los vídeos cortos que muestran recetas mágicas. "La sociedad actual es exageradamente inmediatista y busca soluciones a los problemas de manera rápida", destaca Pau Sobrerroca, secretario de la Associació de Mestres Rosa Sensat. En el terreno de la educación, el peligro es que este contenido sea "más dogmático que reflexivo". Por eso, pide ponerle sentido crítico. "Compartir las prácticas es muy interesante, pero en las redes nos parece todo muy perfecto", añade Sobrerroca, que recalca también que una propuesta aplicada en otro contexto y por otro docente puede no funcionar o presentar ciertos errores.
Desde la Asociación, pues, se defiende que, antes de replicar las ideas vistas en las redes, hay que revisar la práctica y dedicarle tiempo como equipo para comprobar que está alineada con el proyecto, el concepto de niño del centro y los valores de la escuela. "Debemos asegurar el rigor porque, si no, será todo un rompecabezas de piezas externas", valora Sobrerroca.
En Rosa Sensat, además, también les preocupa otra consecuencia de todo este boom: que sustituya la necesidad de compartir experiencias y prácticas de manera presencial. "Cuando no había redes, los maestros inquietos tenían necesidad de encontrarse –dice Sobrerroca–. No podemos caer en el error de dejar de compartir experiencias humanas porque ya lo vemos en vídeo". Por eso, insiste en que, en ningún caso, los edu-influencers pueden sustituir la formación del profesorado ni tampoco la participación en charlas, jornadas y talleres.