El faro de Gaudí

La torre de Jesús, una filigrana con más de 60.000 piezas de cerámica únicas

La estructura más alta de la Sagrada Familia es un gran hito de Cerámica Cumella

BarcelonaLa trayectoria de Cerámica Cumella está profundamente marcada por el legado de Antoni Gaudí: Toni Cumella (Granollers, 1951) ha trabajado en las restauraciones del Park Güell, el colegio de las Teresianas y la Casa Batlló. Y desde hace casi veinte años trabaja para la Sagrada Familia: la torre de Jesús, que el papa León XIV inaugura este miércoles, es la última gran hito, compartida con su hijo Guillem, que representa la quinta generación de ceramistas. Juntos, padre e hijo han asumido unos encargos que solo son aptos para expertos muy expertos.

"Como trabajamos en proyectos de arquitectura que son únicos, tenemos muy asumido tener que desarrollar un proceso específico para llegar a la solución, para hacer posible una idea", afirma Toni Cumella. "Cada proyecto tiene una parte de ingenio, de investigación, de resolución, todo ello compartido con la Sagrada Familia, evidentemente. Como no hacemos nunca lo mismo, sabemos convivir con esta incertidumbre de cómo resolveremos un proyecto", añade.

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De la torre de Jesús empezaron a hablar en 2012, cuatro años después de empezar a colaborar con la Junta Constructora de la Sagrada Familia, y tres después de que Guillem Cumella entrara en el taller familiar "a pleno rendimiento", como dice él mismo. "De muy pequeño ya corría por el taller, trabajaba en los veranos. Y cuando estaba en la universidad, pasaba media jornada en la facultad y media en el taller", explica. Así, el trabajo de la torre, que se han repartido entre la cerámica del interior, que ha hecho Toni, y la cruz, de la que se ha hecho cargo Guillem, refleja también su evolución como taller.

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En paralelo a este trabajo han hecho otros, como diversas tiendas de Loewe en Japón y Corea, el pabellón español de la Exposición Universal de Osaka, una intervención en el Museo de Historia Natural de Londres y otra en la sede de la UNED en Madrid. "Hemos tenido la suerte de no trabajar al 100% para la Sagrada Familia, porque si no, ahora tendríamos vértigo", dice Cumella. Actualmente, en el taller son quince personas, el máximo histórico. Y más que de artesanía, a Toni Cumella le gusta más hablar de oficio: "El Modernismo fue posible gracias a unos oficios potentes en el momento, como la forja, la carpintería, la cerámica, el oficio de picapedrero. Y pienso que en un mundo global como el actual los que somos de oficio volvemos a tener un reconocimiento. Para mí el oficio engloba más cosas que la artesanía: tradición, innovación, cultura, autenticidad, la idiosincrasia de un país".

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interminables, de 4.000 líneas, una por cada pieza", recuerda.

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Trabajaron con el arquitecto encargado de la cruz, Maurici Cortés, con quien hicieron las pruebas de color y que les proporcionó los planos para poder producir las piezas. Cuando las tuvieron listas las enviaron a Alemania para que las ensamblaran a la estructura de la cruz. "La cruz era una cuestión de orden, porque hay muchos tipos de piezas diferentes. Íbamos haciéndolas brazo a brazo, fragmento a fragmento...", explica Guillem. "Hacíamos unos excels interminables, de 4.000 líneas, una por cada pieza", recuerda.

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El relevo generacional

Mientras tanto, Toni hacía el trabajo monacal de esmaltar una a una las más de 50.000 piezas triangulares de la piel interior de la torre. "Internamente, nos han ido muy bien, porque como yo estaba muy ocupado esmaltando estos miles de piezas me ha servido para distanciarme un poco del trabajo del día a día y hacer el traspaso generacional con Guillem", dice Toni. Los plazos los ponía Guillem de acuerdo con la Sagrada Familia. "Guillem me explotaba", bromea.

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La medida de las piezas está determinada por la forma paraboloide de la torre. En cada nivel hay el mismo número de piezas; por tanto, en cada nivel son diferentes. "Yo trabajaba con unos rombos donde había unas 940 piezas, y cuando empezaba a esmaltar, no podía parar porque tenía que ir sumando los colores, y el de abajo todavía tenía que estar fresco para que se mezclaran bien y tuvieran un efecto acuarelado. Por eso el conjunto tiene esta riqueza", explica Toni Cumella. El diseño lo hizo el escultor Etsuro Sotoo, y todo ello es una evocación del Big Bang y la historia del firmamento. "La torre empieza de color lila, porque después del Big Bang el primer elemento que hubo es el helio, y el helio es de color lila. En la torre de Jesús hay ciencia y religión", dice.

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Retrospectivamente, el primer trabajo que Cerámica Cumella hizo para la Sagrada Familia fueron unas 25 custodias para la nave. Y también han hecho trencadís para restaurar diferentes partes de la basílica. De ahora en adelante, podría ser que continuaran trabajando en diferentes partes del proyecto, como podría ser la cubierta de la capilla de la Asunta, pero todavía no hay nada cerrado.