Arte

Los ferroviarios bielorussos que sabotearon los trenes rusos hacia Ucrania

Una exposición en la Fundació Antoni Tàpies se adentra en los conflictos entre los países de la antigua Unión Soviética

BarcelonaLas historias más apasionantes a veces empiezan en la puerta de casa, como le pasó a la artista, cineasta y ensayista georgiana Tekla Aslanishvili (Tbilisi, Georgia 1988). Creció en una vivienda que da al depósito de trenes de Tbilisi y la investigación que emprendió sobre la vía ferroviaria que veía cada día la llevó a descubrir cómo los trabajadores ferroviarios de la propia Georgia y de otros países de la zona se ayudan entre ellos por encima de las políticas de sus países, que a menudo están enfrentados. Por eso el documental que expone en la Fundació Antoni Tàpies hasta el 27 de noviembre lleva por título State in a state [Un estado dentro del estado]. “El título proviene de los recuerdos de los trabajadores del ferrocarril veteranos: cuando lo hablamos en Armenia y Georgia nos dijeron que la infraestructura ferroviaria soviética funcionaba mejor que la propia Unión Soviética”, afirma Tekla Aslanishvili. “Tenían autonomía –añade–: sus propios números de teléfono, guarderías, su lenguaje técnico común, y trabajaban más eficientemente. Trabajadores ferroviarios de lugares muy lejanos estaban conectados y la conciencia de ser trabajadores ferroviarios era más fuerte que la conciencia nacional. Tenían una conciencia transnacional”.

Esta solidaridad entre trabajadores ferroviarios ha emergido en diferentes ocasiones en las últimas décadas: cuando Turquía bloqueó a Armenia, los trabajadores turcos dejaron pasar los trenes con alimentos armenios, contraviniendo las órdenes de su propio gobierno. Y ahora está volviendo a pasar con la invasión rusa de Ucrania. “El plan inicial de Putin era tomar Kiev cuanto antes mejor”, afirma uno de los testigos del documental. “Por eso era esencial que las tropas rusas entraran rápidamente por el lado de Bielorrusia –explica–, y en este momento surgió la solidaridad entre los trabajadores ferroviarios”. Los trabajadores tuvieron la idea de organizarse en unidades especiales y pasaron a la acción: para impedir que las tropas rusas avanzaran no había que provocar grandes explosiones, sino sabotear las cajas de señalización, como llegó a la prensa en mayo: “Hay unas pequeñas cajas de señalización que son las mismas en los países postsoviéticos, da igual si es Bielorrusia o Kazajistán: las apagas o las estropeas y el movimiento automático de los trenes se para, y esto retardó el adelanto de las tropas rusas”. “Hace poco me puse en contacto con los trabajadores ferroviarios bielorussos y les pedí que no obedecieran órdenes criminales y que no permitieran que las tropas rusas entraran en Ucrania. Por ahora puedo decir que no hay conexión ferroviaria entre Bielorrusia y Ucrania”, asegura en el documental el jefe de los ferrocarriles ucranianos, Oleksandr Kamixin. La solidaridad también pasa por que los trabajadores se respeten entre ellos y cuiden de la vida de los otros. 

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El eco de la descomposición de la Unión Soviética

El interés de State in a state, que ganó la beca de producción de vídeo que dan la Fundación Han Nefkens y la Fundació Antoni Tàpies, dotada con 15.000 dólares, no se limita a la invasión rusa de Ucrania. También supone una reflexión sobre otras derivadas de la descomposición de la antigua Unión Soviética y los movimientos geopolíticos que todavía ahora se producen entre los países de la zona, a menudo también armados. De entrada, la línea ferroviaria que originó el proyecto no es una cualquiera, sino la que une los campos de petróleo de la capital de Azerbaiyán, Bakú, con Kars, en el nordeste de Turquía, pasando por Georgia. “Esta línea tiene una estrecha conexión con el conflicto que mantienen Azerbaiyán y Armenia por Nagorno-Karabakh”, dice Aslanishvili, que no la pudo filmar. “En respuesta a este conflicto –explica la artista–, Turquía cerró su frontera con Armenia, y después empezaron a construir esta vía. Todos los trenes que vienen de China o de Bakú pasan por delante de mi casa”. 

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La ruta ferroviaria Bakú-Tblisi-Kars

Tekla Aslanishvili quería ir más allá de la cadena de suministro que suponen las vías y quería darle una visión holística. Por eso también entró en contacto con la gente que vive cerca. “Un aspecto importante del proyecto es que aborda la relación entre la guerra y la infraestructura de los transportes, porque esta vía está en medio de la nueva Ruta de la Seda iniciada por China”. Se trata de un proyecto económicamente importante, pero que en el contexto local es terrible: “No se trata de trasladar bienes y conectar personas, sino que es un sabotaje geopolítico. Esta vía es fruto del conflicto de Nagorno-Karabakh y excluye a Armenia de la actividad económica de la región”. "También se usan formas de violencia de baja intensidad contra los armenios que viven en Georgia, como no darles trabajo en el proyecto del ferrocarril”, advierte Aslanishvili. “Para nosotros era importante mostrar cómo puedes usar las infraestructuras de los transportes para sabotear a otros países”, subraya.

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Tekla Aslanishvili nació y se crio en Tbilisi y ahora vive entre esta ciudad y Berlín. Por parte de padre proviene de una familia que se vio obligada a emigrar a Irán en el siglo XVIII, y su padre volvió a Georgia con la familia cuando tenía dieciséis años. Después de Barcelona, State in a state se podrá ver en Singapur y Manila. “Para mí exponer en Asia es importante porque el vídeo habla de la Ruta de la Seda”, concluye.