La tragicomedia de vivir en este mundo, hecha exposición
La Fundación La Caixa expone su colección en el museo Gulbenkian de Lisboa a través de la mirada del artista João Maria Gusmão
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LisboaLa primera obra, directa y desafiante, ya marca el tono de la exposición. Es una gran fotografía de Antoni Muntadas de un anuncio de Titanlux donde se puede leer: "¡Pintar es fácil. Hágalo usted mismo!" Era 1989 y el artista barcelonés, provocadoramente, ya colocaba al pintor artístico al mismo nivel que al pintor industrial para criticar la deriva consumista de la sociedad y plantear un conflicto: ¿qué será del arte, cuando la cultura ensancha sus fronteras hasta la futilidad y la capacidad de reproducción del arte devalúa el valor de la originalidad?
Casi cuarenta años después, el artista y comisario de arte João Maria Gusmão recupera aquella obra y alarga hasta la contemporaneidad su crítica, a través de una cuarentena de obras de la colección de arte contemporáneo de la Fundación La Caixa. La exposición, titulada justamente ¡Pintar es fácil. Hágalo usted mismo!, situada en la galería principal del impresionante Centro de Arte Moderno Gulbenkian de Lisboa, estará abierta hasta el 8 de febrero y por ahora no está previsto que haga gira por los CaixaForum del Estado.
João Maria Gusmão explora "la tragicomedia" contemporánea a través del arte: comedia en apariencia, tragedia en el fondo. "La tragicomedia es divertida, pero al mismo tiempo no hace ninguna gracia", afirma. Porque, aunque el comisario juega a inventarse recetas para que cada visitante se haga sus propias obras de arte en casa –"¿cómo hacer un Antoni Muntadas?", "¿cómo hacer un Gerhard Richter?"–, en el fondo defiende "la reproductibilidad irreproducible de las obras", afirma. La exposición ofrece un entramado "de paradojas, de ambigüedades, de polisemia" para que el espectador se cree su propio relato. "El artista no debe decir a la gente lo que debe pensar, eso es coercitivo y paternalista –dice Gusmão–. El arte es importante, pero no de forma directa; no debe generar debate, sino que debe afectar a la sensibilidad de una forma más trascendente. Si el arte tiene valor es porque está en los márgenes del sentido", opina el artista portugués.
La aceleración de las crisis
Si hace casi cuarenta años la obra de Muntadas quizás pensaba en el impacto que tendrían medios como la televisión y la fotografía en la creatividad y la subjetividad, hoy la expansión de las formas de comunicación, con internet, las redes sociales y la inteligencia artificial, no ha hecho más que acentuar aquellas dudas: el consumismo, la copia, la reproducción masiva, la banalidad. Para Gusmão, "el arte que tiene sentido debe estar por encima de todo esto".
La exposición ofrece una mirada inédita a la extensa colección de la Fundación La Caixa. "¡Es irreconocible!", celebra Nimfa Bisbe, directora del área de cultura. La Fundación tiene cuatro exposiciones activas de sus fondos de arte contemporáneo –que desde los años 80 ha llegado a reunir más de un millar de obras– en Barcelona, Roma, Basilea y Lisboa, y la de Lisboa es probablemente la más singular, porque es fruto de dar carta blanca a un artista.
Las primeras piezas de la muestra ponen en relieve sobre todo los materiales de construcción, la piedra, el plástico y la madera. Están las enormes piedras de granito de Giovanni Anselmo, el hombre de cristal de Belén Uriel, una de las obras características de Ángela de la Cruz que parecen los restos de la lona de un andamio, un arco de cemento de Cristina Iglesias o los dos neumáticos retratados por Christopher Williams. Una de las piezas centrales es la instalación de Damián Ortega Nine types of terrain, que consta de nueve proyectores donde aparecen construcciones de ladrillos que caen por efecto dominó, en un colapso colectivo que puede tener paralelismo con la humanidad.
Las obras también pasan por el arte industrial de Peter Halley y el cine experimental de Michael Snow, que convierte una despedida del trabajo de 30 segundos en una obra de carácter pictórico de casi veinte minutos. Y ofrece una visión fantasmagórica del mundo a través de los grandes cuadros vacíos de Thomas Schütte y de la proyección de color del mismo João Maria Gusmão.
Cuando la muestra se hace más punzante es cuando se adentra en la crítica a la sociedad del consumismo y la lógica corporativa que ya tenía la obra de Muntadas. Es evidente en el cuadro en el que Rogelio López Cuenca ha convertido el logo de Pepsi en "poesía proletaria" o en la obra de Andreas Slominski, en la que una bicicleta acarrea bolsas y bolsas de plástico, como las personas sin hogar cargan la casa a cuestas. La dificultad de acceso a la vivienda, un debate del todo vigente, está presente a través del apartamento creado por Martí Anson con madera en 2002. Y es más extrema que nunca: si hace 25 años un piso de 25 m2 era una crítica social y una reivindicación de la estética humilde, hoy es una realidad en nuestras ciudades gentrificadas que hace aún más patente la crisis. "Las obras precipitan unos sentidos que sus mismos autores no podían haber previsto", afirma el comisario. También está la cortina de 60 m2 de Belén Rodríguez que emula una piscina, Pool, y que hoy es una tela que no cabría extendida en la mayoría de viviendas urbanas.
No hay duda de que João Maria Gusmão tiene una visión pesimista del devenir de la humanidad: "No hay optimismo, no; ni tampoco la posibilidad de que el arte tenga ningún sentido", concluye el comisario.