Qué bien lo hacen estos chicos de La Ludwig Band
La banda presenta el nuevo disco, 'Pel barri es comenta', en La Mirona de Salt, dentro del Festival Strenes
SaltoApenas cinco meses después del final de la última gira en Barcelona, La Ludwig Band vuelve a subir a los escenarios, ahora en La Mirona Salt, dentro del Festival Strenes, con un nuevo disco bajo el brazo, el fantástico Pel barri es comenta, que acaba de salir del horno. En el debut en directo del nuevo álbum, la banda ha exhibido un muy buen tono, con empuje y exuberancia, cantando canciones nuevas, sí, pero con la sensación compartida de que en este mínimo impás entre un proyecto y el otro no ha cambiado gran cosa.
De hecho, estos meses las canciones viejas se han ido encadenando con los nuevos singles avanzados con cuentagotas y, durante todo este tiempo de creación, el grupo nunca se ha alejado del todo de los focos de los conciertos. Quizá por eso el nuevo disco, que tiene un sentido y una unidad en sí mismo, presenta también una continuidad muy bien hermanada con los temas precedentes. Toca a conciencia las teclas justas para seguir animando sin caer en la autocomplacencia, pero, a la vez, no altera ninguno de los rasgos fundacionales de los orígenes. Quizá sí que es un punto más pop y efectista, pero Quim Carandell, gran poeta de las cosas mundanas, continúa bailando y cantando con la misma cantinela nasal y dylaniana de siempre, ahora sobre desamor y despecho, como antes lo hacía sobre la carnicería de Espolla o las tierras de Cal Coix.
Y en directo, claro, todo ello es una fiesta. En el estreno en La Mirona, la banda ha sonado rodada y especialmente compacta, con un poso musical que siempre camina. La puesta en escena se enriquece con nuevos juegos de luces y los seis músicos, que aún no se han soltado del todo con las coreografías, visten con más pompa que hace un tiempo.
Ahora bien, también hay imperfecciones y pifiadas porque sí, las canciones de La Ludwig en vivo a veces suenan desafinadas o con desajustes de ritmo. Con tartamudeos en los versos y estrofas mudas que el público reproduce de memoria. Con la voz de Carandell tocada, raspada y casi afónica. Pero es que el grupo alt-empordanés también es esencialmente eso: el gesto atónito, casi burlón, de quien se siente querido y hace música con los amigos sin la impostura de tener que contentar a nadie o gustar más de la cuenta.
El concierto en Salt, de casi dos horas de duración, comenzó con los gritos de El teu amor, seguido de la letanía de Rapunzel, las dos con el bombo a contratiempo, muy finas. De inmediato, aparecieron en la palestra temas antiguos como Judes, y Contraban, uno de los hits de La Ludwig Band, que ya sonaban en la última gira. Entonces llegó el grueso del nuevo álbum, alternando canciones movidas que estiran los límites del tempo, poniendo sílabas donde no caben, con otras más líricas y calmadas. On t’has ficat aquesta nit? fue frenética, comenzando con el ukelele al estilo de Guillem Gisbert y un solo de saxo que no está en la versión de estudio; y Creu-me, impresionante. De temas antiguos recuperaron El meu amor se n'ha anat de vacances, Manela, 30 monedes y S’ha mort, esta última con tres voluntarios divertidísimos subiendo a cantar una estrofa cada uno. Y, para la traca final, la ingeniosa Millor amb ell, Enganyar-te arrastrada como un bolero, el estribillo dedicado a Xavier, tècnic de so –que ya es un nuevo mito de la banda– y, al final, la oda del concierto de la Mushka al más puro estilo de Manel.