Festival de Cannes

Adèle Exarchopoulos vuelve a ser la mejor actriz del mundo

La actriz protagoniza el luminoso drama sobre el alcoholismo 'Garance'

17/05/2026

Enviado especial al Festival de CannesAlguien escribió en Twitter –entonces todavía se llamaba así– unas horas después de la primera proyección de La vida de Adèle, en el Festival de Cannes de 2013, que Adèle Exarchopoulos era, simplemente, la mejor actriz del mundo. Y aquella impresión transmitía la joven debutante en aquella torrencial y maravillosa película, Palma de Oro de aquel año, compartida excepcionalmente por el director (Abdellatif Kechiche) y las dos protagonistas, Exarchopoulos y Léa Seydoux.

Las dos actrices vuelven a coincidir este año en la competición oficial: Seydoux, protagonista en Gentle monster y L’inconnu, es una de las presencias más habituales del festival, a menudo en la competición oficial y en los títulos más esperados. Exarchopoulos, en cambio, ha tenido una carrera de perfil más bajo que no ha hecho justicia a la afirmación hiperbólica de aquel tuit de hace trece años, a menudo en films menores donde su talento no acababa de lucir o en producciones independientes que no tenían el reconocimiento que merecían. Ella, mientras tanto, iba haciendo, probando nuevos registros –el cine de acción con Cédric Jimenez, la comedia absurda con Quentin Dupieux– y consolidándose como una gran actriz, quizás no la mejor del mundo, pero sí con una presencia y proximidad muy especial.

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Pero en Garance, el film de Jeanne Herry que se ha presentado este domingo en el festival, Exarchopoulos quizás ha encontrado la película que hará resurgir los elogios y superlativos. Su personaje es también una actriz, de carrera más modesta, apasionada por su trabajo y con un alcoholismo severo pero más o menos funcional. Garance es un animal social, reina de la fiesta con una copa siempre en la mano y una actriz con mucho talento, pero acabar todas las noches borracha y despertar cada mañana con una resaca infernal acaba cobrando un precio.

La película no se reduce a retratar una enfermedad, sino que hace de Garance un personaje rico y complejo al cual vemos equivocarse, crecer, cambiar y aprender a lo largo de los años. Se hace muy difícil no amar a esta chica con tantas ganas de vivir y al mismo tiempo con tanto miedo de una vida sin la muleta del alcohol. Garance, la película, es un pequeño milagro, un film luminoso que aborda el alcoholismo sin condescendencia, que no suaviza la gravedad del tema, pero rehúsa bajar al fango del tremendismo. Y Exarchopoulos vuelve a hacer magia en un papel que perfectamente le podría valer un premio en Cannes.

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Resistencia y martirologio

Jean Moulin fue uno de los líderes de la resistencia francesa a los nazis, y su principal mártir, ya que murió torturado cruelmente por uno de los jefes de la Gestapo, Klaus Barbie, conocido como el Carnicero de Lyon. Un biopic sobre este héroe nacional enterrado en el Panteón de París podría haber caído fácilmente en la mera exaltación heroica o la ilustración wikipédica de los hechos históricos, pero el cineasta húngaro László Nemes lo conduce a un terreno mucho más interesante para construir un retrato sobrio y elegantísimo del personaje de la contención expresiva. La película, titulada Moulin, se centra solo en las últimas semanas de vida de Moulin, cuando retorna a Francia desde el exilio londinense para unir las facciones divididas de la resistencia francesa.

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Un extraordinario Giles Lellouche interpreta a Moulin con una gran economía gestual y las palabras justas. La fotografía sombría de tonos grises expresa de maravilla la atmósfera opresiva de un país ocupado y la sensación permanente de peligro. Pero a partir de la detención y encarcelamiento de Moulin, la película entra en una fase casi bressoniana. A pesar de saber perfectamente lo que ha de pasar, la película consigue mantener la tensión en todo momento, narrando el interrogatorio y las torturas a manos de los nazis con un punto de pudor, sin caer nunca en la pornografía del dolor. Incluso hay momentos de una belleza sublime, y un uso de la música de Offenbach –el famoso fragmento de La barcarola de la ópera Los cuentos de Hoffmann– que ya pertenece para siempre a esta gran película.